Grosso Modo

Revista Grosso Modo

A mi amigo le gusta hablar de futbol — August 3, 2017

A mi amigo le gusta hablar de futbol

Libraries gave us power,

then work came and made us free,

what price now for a shallow piece of dignity?

-Design for life, Manic Street Preachers

Francisco tiene 45 años. Dejó a un hijo y su hogar en su natal El Salvador cuando se fue en busca de una mejor vida. Partió con la esperanza de tener un futuro más esperanzador, es decir, casi cualquier escenario que no fuera el de su país. Llegó a México después de haber viajado cientos de kilómetros y atravesó nuestro país con gran penar pero con la esperanza poblándole la mirada. A medio camino por nuestro territorio llegó a Querétaro preguntándose cuándo terminaría su travesía, cuánto más camino habría que recorrer para poder encontrar un lugar que, con un poco de suerte, pudiera llamar hogar. Dividendo sus esfuerzos entre la infame Bestia y las caminatas diurnas llegó al punto que cambiaría su suerte. Mientras caminaba siguiendo la vía para no perderse llegó a una bifurcación con un mecanismo encargado de desviar el tren a izquierda o derecha con tal suerte que a su paso se activó dejando pie quedó atrapado. Tratando de no quedar inconsciente logró liberarse aunque quedo maltrecho en el lugar hasta que acudieron a él los auxilios médicos. Francisco ingresó al hospital en donde tuvo que enfrentar tres cirugías que terminarían por amputar cuatro dedos de su pie derecho y dejarlo veintiún días en cama. Su ropa vieja, sucia y maltrecha fue tirada a la basura junto a sus zapatos, no tenía un centavo, todo lo que le pertenecía era el cuerpo cicatrizado y testigo de incontables escenas que alojaba la bata del hospital. Fue ahí en donde la psicóloga a cargo de su caso consiguió ponerlo en contacto con las personas que terminaron auxiliando y dándole refugio tras ser dado de alta y no contar con absolutamente nadie en México. Francisco tuvo otra oportunidad; después de ver a la muerte de frente y a la cara, hoy está recuperándose en México, piensa en cómo estará su hijo y si seguirá en su empleo, si tendrá ya una mujer con quien forma una familia, si pensaran en el. Platica con sus nuevos anfitriones y amigos sobre futbol, conoce a los Gallos de Querétaro y a la selección mexicana, le gusta el fútbol español y se emociona cuando habla sobre la doceava Champions del Real Madrid o el Barcelona de Pep Guardiola. Hoy Francisco recuerda su paso por México y su meta original; llegar a los Estados Unidos y trabajar su camino hacia una vida digna, como un anhelo de una vida pasada. El periplo que tuvo que atravesar en nuestro país y la situación actual del vecino del norte le han hecho reconsiderar. Para él, así como otros tantos miles que llegan cada día y que no quieren seguir las penurias pero tampoco quieren regresar a la espiral de violencia de la cual huyeron en un principio, México se ha vuelto cada vez más un destino de llegada y no un punto de paso, cada vez se arraiga más el sueño mexicano de trabajo, vida y dignidad en un país de su mismo idioma y con costumbres similares a las suyas, en donde puedan tener acceso a cosas que jamás hubieran podido en Centroamérica. Hoy Francisco sueña un futuro que inminentemente se convertirá en realidad; un país en donde nuestro vecino, compañero de trabajo, de escuela, esposo, esposa, hijo o amigos pueda ser guatemalteco, salvadoreño, hondureño, cubano o haitiano. Por mi parte, yo no puedo pedir que esa realidad se cristalice o no, porque es un hecho que así sucederá y lo que yo diga no es relevante. Lo que sí puedo aspirar, soñar y trabajar por conseguir es, quizás no un mundo, pero sí una sociedad o una comunidad que logre ver en la migración y en el migrante a un trabajador internacional y no un delincuente, que logre ver riqueza cultural e histórica y no parasitismo, que logre ver esperanza, fuerza, consistencia y dignidad y no una mercancía susceptible de ser comercializada y desechada. En una era donde el odio, la intolerancia, la ignorancia y la xenofobia han comenzado a ganar votos y traer a la superficie pensamientos que creíamos largamente superados es indispensable hacer un ejercicio de introspección y reconocer que, como pocas veces en la historia, tenemos la oportunidad de demostrar que lo contrario, que el amor, la compasión, la dignidad y el humanismo pueden cambiar a un país y pueden vencer a la demagogia y aquellos ciegos de poder. Estamos a tiempo de identificar en nosotros mismos las conductas que tanto reprochamos al extranjero y desterrarlas, demostrar que, por esta ocasión, sí existen diferentes categorías de personas y nosotros podemos ser mejores. Pero sobre todo; podemos reconocer, aprender y amar la sonrisa, la mirada,las manos cansadas, los pies atormentados, los corazones desbordados, la fe ciega, la esperanza reconfortante y la confianza implacable de aquellos que, como ramas a través del concreto, reclaman su derecho a la dignidad, a la justicia, a la humanidad y lo dejan todo en este valle de sufrimiento para poder dar una pizca de la vida que merecen a sus familias. Como país y como ciudadanos cargamos, por cada amputación física y espiritual, una amputación moral en nuestra conciencia. Recordemos que, como dice la canción, “somos idénticos al que llego sin avisar.

Hacer (o padecer) la historia — June 15, 2017

Hacer (o padecer) la historia

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Una pareja guatemalteca huye de su país tratando de salvar el pellejo. No puede permanecer en su hogar porque sobre él pesan amenazas de muerte al haber desertado del crimen organizado que le había forzado a trabajar para ellos como matón. Ella lleva a su pequeña hija que apenas y ha aprendido a sostenerse en pie. Al llegar a Tabasco están ya en condiciones físicas, y sobre todo mentales, terribles. Ella ha sido violada en múltiples ocasiones y producto de dichos sucesos cuenta ahora con otra hija más pequeñas que aún no llega al año de edad. Los grupos delictivos que les habían obligado a “trabajar para ellos tienen un brazo suficientemente largo como para llegar a México y les siguen la pista hasta el albergue en el que se encuentran. Llegado el momento tienen que huir nuevamente y dejar incompleto el trámite ante migración que les permitiría buscar protección en México. En el camino deben ver, una vez más, incontables atrocidades que nadie tendría que presenciar en toda una vida. Finalmente llegan al centro del país en dónde, aterrados, buscan la forma de establecerse porque no hay forma de regresar lo andado hacia aquellos que buscan terminar con su vida y tampoco hay poder humano que les haga continuar el camino a los Estados Unidos traumatizados ante la violencia dantesca y sin sentido que han vivido en los últimos años. ¿Qué debemos hacer?

Es momento de hablar sobre el tema. No después, no en un foro, no en una conferencia, no es las escuelas, no en los congresos. Es momento de hablar sobre el tema ahora mismo y aquí mismo, en nuestras familias, con nuestros amigos, en el trabajo, en las calles, en donde nos encontremos. No podemos seguir postergándolo. Hay una realidad; mientras se siguen suscitando discursos de odio en la Europa primer mundista y en los Estados Unidos que solían ser una potencia ay ahora sólo son una desgracia postmoderna en México tenemos apenas pequeños exabruptos en este sentido pero ya un historial de años completos masacrando vidas humanas que se cuentan por ls decenas o centenas de miles. Pocos hacen algo, nadie dice nada. ¿Cómo llegamos a esto?, ¿en qué momento nos consumió la apatía, la incongruencia y las mismas muestras xenófobas de las que tanto nos hemos quejado y de las cuales padecemos los prejuicios generados? Si callamos ante el holocausto del siglo XXI seremos igual de cómplices y condenados por la historia como aquellos que atestiguaron el del siglo XX.

Somos vecinos de un país que no reconoce su papel en la desestabilización de la zona de Centroamérica a lo largo de los 70’s y 80’s, que invierte cientos de millones de dólares para convertir a México en un patio trasero que hace todo el trabajo sucio, que arma gente para compartir a los carteles de la droga pero no hace nada para remediar el hecho de que son el primer consumidor mundial de su producto. Vecinos de un país que ha jugado un gran papel en el éxodo de cientos de miles de almas pero que no concibe extender ningún tipo de tregua o ayuda a aquellos que, es un hecho, ya no buscan trabajo sino que huyen de la violencia desbordada y el caos que impera en sus países con una corrupción endémica, falta de infraestructura, carencia de oportunidades de trabajo, secuestro, extorsión y hostigamiento por parte de las Maras.

Nos quejamos hasta el hastío de las injusticias que sufren nuestros connacionales ante el racismo, la xenofobia y la arbitrariedad. Defendemos a capa y espada su derecho a buscar oportunidades en otra tierra porque en la propia se les ha vedado la oportunidad de desarrollar su potencial humano. Asimilamos la idea de que son, en la mayoría de los casos, personas decentes que exportan las mejores manos y mentes que México tiene para ofrecer y que enorgullecen al país por sus aportes y ética de trabajo. Pero, al mismo tiempo, parecemos incapaces de procesar la posibilidad de que nuestros hermanos centroamericanos vivan esta misma realidad. Aplaudimos el aporte mexicano a la cultura americana y a aquellos lugares a donde van a trabajar y nos enorgullecemos de su contribución a la multiculturalidad que hace grande a la humanidad pero nos comportamos peor que los grupos abiertamente racistas de Estados Unidos y Europa, nos brincamos los discursos abiertamente demagógicos y neofascistas que atraen votantes pero saltamos directamente a los crímenes más brutales, a la indignidad más fétida y al silencio más lascerante, cínico y vergonzoso posible. La humanidad atraviesa su peor crisis moral en décadas y nos estamos limitando  ser espectadores pasivos y cómplices por omisión. Alguna vez lo dije; estamos ante el suicidio moral de la humanidad y estamos a punto de apretar el gatillo por nosotros mismos. ¿Es en verdad esto lo que queremos?, ¿es este el mundo y la sociedad que queremos dejarle a nuestros hijos y a todos aquellos que no son el futuro sino el mismo presente de nuestra especie? Debemos asumir la realidad, que ya va mucho más allá de si nos gusta o no, es un hecho establecido. Vivimos una época al estilo Black Mirror en donde estamos presenciando el principio de una nueva era de nacionalismo absurdo, proteccionismo y cierre de fronteras que ya ha comenzado por deportar a los primeros y que terminará por cerrar la entrada a todos los venideros. Las personas que deben atravesar una realidad como la experimentada por esta familia no se van a quedar en sus lugares de origen, es inviable, es absurdo, tampoco podrán , eventualmente, ingresar al vecino del norte. La pregunta que verdaderamente deberíamos estarnos haciendo es ¿en dónde se establecerán?, la respuesta e obvia; México. os guste o no debemos aceptar que en cualquier momento en los próximos 10 años nuestro vecino, amigo, esposo o compañero de trabajo bien podría ser hondureño, guatemalteco, haitiano o cubano.

Este trabajo me ha tenido con los nervios crispados en los últimos días. A veces siento que no puedo más y que quiero renunciar, sé que parece frívolo y sin sentido pero el sólo hecho de pensar en las atrocidades que no yo, sino otros viven, a veces me oprime el pecho, me hace derramar lágrimas y se siente claustrofóbico en mi mente. Me doy cuenta del mundo de diferencia entre saber algo y experimentarlo en carne propia pero no puedo evitar sentir un nudo en la garganta y una piedra de desesperación en mi espalda. pero ¿cuál es la opción?, ¿ignorarlo, pretender que no sucede nada e irme a dormir cómodamente?, no lo creo. Lo único peor que irse a la cama y tener estas cosas en mente es irse a la cama y no poder dormir al saber que estoy rehusando mi responsabilidad. Yo no puedo cambiar la situación a nivel macro que nos ha llevado a estar en esta postura pero si creo, hoy en día, que mi vocación es inspirar, acompañar y transmitir mi experiencia a aquellos que buscan un cambio, a aquellos que, como yo, están sedientos de justicia, de igualdad, de equidad, de humanidad, de paz y de dignidad para todos aquellos a los que les ha sido negado. Y es así que hoy les digo que esto debe hablarse aquí y ahora. Quiero que estas palabras sean un grito de demanda por la dignidad de todos esos olvidados que se han quedado relegados a la consideración de vidas de segunda categoría o prescindibles por los que decidieron vivir en una burbuja confortante. No hay cansancio, temor o amenaza que pueda detener esta sed. Y si estas palabras sirven de algo me gustaría que sirvieran como una invitación a unirse a esta justa indignación por todos aquellos que aún ven en nosotros una opción para formar una familia, una comunidad, un pequeño espacio de seguridad y amor en donde puedan reconstruir sus vidas y enriquecer a la tierra adoptiva. A todos los que buscan unirse; no demoren, porque tenemos trabajo que hacer, esto es una invitación. A todos los que vienen en camino en este tortuoso viaje; son bienvenidos, son queridos, son hermanos. Como alguien mucho más sabio que yo me dijo alguna vez; “si todos somos hijos de Dios, los otros son mis hermanos y son responsabilidad mía”. Si alguien lee estas palabras y más que miedo siente indignación, mi trabajo esta hecho, te invito a unirte y gritar juntos, inspirar juntos.

Dedicado a Mario y su familia.

“Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen.” -Albert Camus

*Todos los nombres y lugares han sido cambiados por seguridad.

Jonás y la ballena — June 1, 2017

Jonás y la ballena

Trespass your torments if you are what you wanna be…

En la biblia Jonás es un profeta que vivió unos 800 años antes de la aparición de Jesús. Se le recuerda por un pasaje bastante conocido entre los feligreses. En aquellos tiempos Jehova hizo un encargo particular a Jonás; debía viajar a Nínive (a unos 800 kilómetros de su pueblo) y advertir a los asirios que sus actos malvados serían castigados si no cesaban. El profeta emprendió el camino para cumplir su misión pero tenía dudas debido a la famosa violencia y crueldad de los asirios. Una vez estando ahí se acobardó y decidió huir lo más lejos posible montándose en un barco de carga. Una vez a bordo y en medio del mar se desató una enorme tormenta que provocó que todos coincidieran en el origen sobrenatural del fenómeno por lo cuál los marineros comenzaron a echar suertes para averiguar quién había hecho enfadar a cuál Dios y así provocado la tormenta. Inevitablemente Jonás admitió que era él el causante por desobedecer a Jehova ante lo cual pidió al resto de la tripulación que le arrojaran por la borda para calmar su furia y así pudieran salvarse. Ante la reticencia inicial de los marineros finalmente Jonás fue arrojado por la borda en dónde pensó encontraría la muerte. Cuando sentía desfallecer percibió una gran sombra que resultó ser una ballena la cual lo engulló y le salvo la vida al permanecer a salvo en su estómago. Después de tres días para meditar lo que había sucedido Jonás fue “vomitado” por la ballena y regreso de inmediato a Nínive para predicar con los asirios sin mostrar nuca más asomo de cobardía.

Desde hace ya algunos años cuando conocí este pasaje llamó poderosamente mi atención, no necesariamente por el contenido bíblico, sino por la moraleja que se deja intuir en el y que le habla a las personas que atraviesan diversos períodos de duda y dificultad. Incluso en la logoterapia hay quien llega a mencionar un “Síndrome de Jonás”, esto es, el miedo no a nuestra parte oscura sino a nuestro total y pleno potencial

Que todos tenemos más o menos atisbos de cobardía, apatía, dudas, incertidumbre y falta de decisión es innegable, pero, eventualmente, podemos darnos cuenta que aquello a lo que más le tememos no son a nuestros propios demonios sino a nuestra parte sana, luminosa, a nuestra mejor versión, a la posibilidad de conquistar esos mismos temores.

Me explico; sabemos que la duda, el temor, la desconfianza y la posible incapacidad que llegamos a sentir hacia nuestra persona es algo que se revela como natural en todos los humanos. Incluso podría decir, desde mi perspectiva, que vivimos en una sociedad que, o se encarga de resaltar esos defectos de carácter para acabar de forjarlos y volverlos definitorios, o nos vende una idea de optimismo, positividad y “desarrollo humano” que depende de una visión idealizada e ingenua de las cosas y que niega, igualmente, los condicionantes y limitantes humanos. Y es entonces que vemos que no sólo no tememos a nuestras propias debilidades, sino que, se han vuelto nuestra zona de confort, porque se han vuelto la normalidad. Y vemos también que estos nuevos sistemas que dicen “empoderar” a las personas no son más que perpetuadores de esta misma zona de confort que hacen creer a los ingenuos que ese pequeño nicho conformado por su grupo son los poseedores de alguna clase de verdad absoluta y, por lo tanto, no es necesario de compartir y, peor aún, trabajar en su refinación.

Hacer lo que estamos llamados a hacer es lo que podemos llamar nuestra misión o propósito más profundo. aquello que le da sentido a nuestra existencia y nos proporciona un lugar en el universo. Convertirnos en lo que queremos y en lo que podemos llegar a ser, desplegar nuestro total potencial es, entonces, nuestro mayor temor. ¿Por qué? porque tiene como requisito inexcusable trabajar arduamente, retar nuestras propias concepciones, cuestionar, desafiar nuestros paradigmas y los de los demás, redefinir lo que somos y quiénes somos, crecer, desarrollar, dejar de asumir que no podemos y empezar a cambiar lo que nos detiene a través de procesos lentos y difíciles, dejamos de preguntarnos por qué y empezamos a preguntarnos para qué. Esto llega a ser nuestra mayor amenaza porque eso implica que ese trabajo que no nos llena pero es estable quizás tiene que irse, o que quizás es momento de tener que tolerar el mal menor en pos del bien mayor, significa que nuestra adicción a un ingreso fijo, a ciertos objetos o a un “estilo de vida” pasa a ser obsoleta y debe rehabilitarse, es la llamada a revisión de nuestras ideas preconcebidas sobre el mundo, es lo imperioso de ser congruente con aquello que predicamos. Es aquel momento en que nuestras excusas y temores en forma de incapacidad física, mental, intelectual o emocional se tienen que ir para dar paso a la idea de que nuestro cuerpo, mente y espíritu llegue a su límite y demuestre que las reglas y normas son meras sugerencias. Mis comodidades y privilegios, mis prejuicios y todas aquellas cosas y personas que me hacen sentir cómodo y confortable tiene que hacerse a un lado y dar paso a quienes aportan pero cuestionan, critican y también apoyan sin consentir la autocomplacencia. Incluso mis enfermedades, falta de energía y esa depresión que me persigue, las sombras de mis demonios personales y todo lo doloroso que no me enseña nada se tiene que largar para no volver. Mi entendimiento y adopción de lo establecido y la aceptación de los demás se tienen que soltar para desafiar, redefinir, reacomodar y reescribir mi visión del mundo y tendré que cambiar mi aceptación social por un encuentro de ideales, valores y propósitos. Todo lo cual se dice fácil pero nos genera pavor a muchos. Por eso, simplemente, es que nuestro mayor miedo en la vida siempre será justo la mejor versión de mi mismo, la idea y la posibilidad de desbloquear mi potencial y llegar a ser todo lo que puedo llegar a ser. ¿por qué? por que ser promedio es jodidamente cómodo.

Pero, ¿no es también la mejor versión posible de toda persona, aquella que no es perfecta pero es perfectible? Me gusta pensarlo así y me gusta creer que me encuentro justo en ese camino. Es por esto que considero este como el momento de llamar a todas las persona que me rodean, conocidos y desconocidos, a romper las cadenas de sus miedos y convertirse en lo que pueden llegar a ser y no en lo que ya son. Tú, tú y tú también, que me conoces o estás leyendo esto, no pienses y no me digas lo que eres, dime lo que puedes llegar a ser. En las visiones de posibilidad radica la esperanza del cambio porque hablar de lo que ya es, es hablar de lo que no puede transformase. A ti te digo; arrojate al mar, déjate engullir por la ballena, pasa el camino que tengas que pasar pero cumple tu misión, imperfecto pero con gran coraje. Si tu propósito es el desarrollo social, la tecnología, la creación de nuevas organizaciones y la generación de riqueza o conocimientos, la salud de las personas, el acompañamiento y empoderamiento de los demás, tender la mano al marginado, alimentar al hambriento, darle voz al que se le ha acallado o simplemente contactar la esencia humana en tu tiempo aquí; yo quiero que lo hagas. Y sólo lo haremos si perdemos el miedo no a fracasar, sino el miedo a triunfar. Conviértete en lo que puedes llegar a ser porque sólo en ese breve instante somos verdaderamente humanos e inmortales a la vez.

En otros 7 años — May 4, 2017

En otros 7 años

El tiempo siempre ha sido uno de mis grandes demonios. Y últimamente el tiempo parece presentarse a si mismo en formas cada vez más grandes. Recién caigo en cuenta de que este año se cumplirán diez años de conocer a mis mejores amigos, a aquellos con los que comencé la universidad y la que, hasta ahora, expandiéndose al día de hoy,  sigo considerando la mejor etapa de mi vida. Diez años de haber llegado a esta ciudad que a veces odié pero otras tantas he amado, inclinándose más por lo último, después de todo hoy en día es mi hogar y me siento a salvo justo cuando entro a ella. Son también, ni más ni menos, siete años desde que este proyecto comenzó. Sí, siete años de escribir para un par de personas en un principio y para, probablemente, ninguna al final. Pero aquí estamos, dos de los tres miembros originales diciendo cosas que quizás caigan en el vacío del mundo pero que, estoy seguro, siempre han sido honestas y con buena parte del corazón en ellas. No puedo decir que el tiempo no siga siendo una de mis mayores obsesiones ni que no me lleve a rozar el absurdo en ocasiones pero, si una cosa he de reconocerle, es que sabe enseñar lecciones como pocos y en esta ocasión no quiero tomar muchos rodeos y simplemente compartir algunas de las cosas que he descubierto en estos años. Muchas veces en base a prueba y error y con más de un descalabro. Pero, eso sí, bien aprendidas.

¿Qué me ha enseñado el tiempo?

  • Que el tiempo no cura absolutamente nada, sólo uno puede curarse a uno mismo.
  • No existe la felicidad sino los momentos felices. Asegúrate de que nunca los pierdas de vista a causa de una que otra situación desafortunada.
  • Nunca seas tú mismo. Si la pregunta es ¿quién soy? jamás podrás cambiar, pregúntate ¿en qué me estoy/en qué me quiero convertir?. Abre la posibilidad de cambiar y evolucionar.
  • Quien no ha experimentado miedo JAMÁS podrá liderear a otros.
  • La certeza es la droga más adictiva que existe.
  • La persona verdaderamente inteligente trabaja por el bienestar de quienes le rodean porque sabe que esto le traerá, eventualmente, su propio bienestar.
  • Familia y amigos son la misma entidad. No están dados por sangre sino por elección. Asegúrate de escoger sabiamente. Ellos serán tu puente al éxito.
  • Puedes fijarte en los gustos o en los valores de las personas. Puedes ver sus defectos o sacar a relucir sus mejores fortalezas. Tú decides qué enriquece más.
  • Nadie con tres dedos de frente sigue a un título académico, una posición en un organigrama, una cartera o un número de followers, sólo a una visión y un corazón suficientemente apasionado.
  • Vivimos en una época que no ha visto una brújula ética, un líder moral en mucho tiempo. Y estamos hambrientos de ello. Debemos ser nosotros quienes nos revelemos de esta manera y asumamos el compromiso y la solidaridad como valores centrales, debemos asumir el compromiso de defender la dignidad y la igualdad humana. Sólo dándonos cuenta de nuestra interconexión podremos avanzar.
  • En la vida como en el running; no se trata de velocidad sino de resistencia.
  • Tú principal enemigo no son los otros; es esa voz dentro tuyo que dice “no puedo, es demasiado, no estoy listo, no soy suficientemente bueno”, es decir, el sentido común.
  • Si tú no crees en ti mismo nadie más lo va a hacer por ti.
  • Nunca veas para arriba ni para abajo, siempre de frente.
  • Hasta el día en que dejemos este mundo hay que reír, especialmente de nosotros mismos.
  • Abrirte a una persona te vuelve susceptible a ser lastimado. Cerrarte a las personas te vuelve miserable.
  • A veces todo lo que necesita el conocimiento es un poco de fe.
  • La única forma de vivir una vida plena es encontrar un propósito que vaya más allá de nosotros mismos y dejar que nos consuma hasta sus últimas consecuencias.

Quizás en otros siete años o quizás la próxima quincena haya descubierto un poco más sobre la vida.

Hasta entonces.

La Araña — April 20, 2017

La Araña

…todo había sido un espejismo salvo la sensación de desolación y desasosiego con la que inicié. Traté de reincorporarme lentamente en mis pies mientras trataba de procesar que era lo que había pasado. En mi mano izquierda portaba un reloj de pulsera que en realidad era uno de arena a escala. Cuando lo acerqué y enfoqué mis ojos vi que a pesar de la pe quedísima cantidad de arena que había en su interior esta iba de un lado a otro de su cuerpo en forma de ocho de forma extremadamente lenta. No puedo imaginar lo que tomaría que el reloj reincide su ciclo una vez más. Sin embargo; lucía viejo y destartalado y como si miles de ciclos hubieran nacido y perecido en sus entrañas. En ese momento recapitulaba y me daba cuenta que la sensación que había en mis entrañas era como si hubieran pasado eras completas aún cuando estaba seguro que mi espejismo se había manifestado apenas hacia unos segundos. Las plantas que en algún momento parecieron verdes y rebosantes y todos esos cuerpos de agua que seducían mi necesidad de beber con tanta facilidad eran ahora solamente vegetación muerta, hojas en el piso y una sequía que mataría al cactus más tenaz. De entre tal desolación surgió una enorme araña. A pesar de mis aversión a dichos seres hubo algo en mi que me llevo a quedarme inmóvil. No tenía miedo, no percibía una intención en dicha criatura de dañarme, yo era solamente un espectador embelesado por un espectáculo que apenas comenzaba. La araña se quedo quieta por un segundo como admirando el espacio que tenía frente a ella, como Miguel Angel observando un lienzo en blanco o un nuevo bloque de mármol, listo para crear. De pronto la araña solamente asumió una posición extraña y lanzo un primer disparo de seda que surcó el cielo como un cometa y se fijó a una roca alta. Volvió  a hacer lo propio y lanzó otro proyectil suave hacia una de las pocas palmeras que habían sobrevivido. Ante mi mudo espectar la araña continuo haciendo su trabajo y disparo contra todo lo solido que había ahí mismo tejiendo, poco a poco, una red de tremendas dimensiones que se levantaba majestuosa, simétrica y elegante ante mi al tiempo que su creadora se posaba justo en el centro. La red le servía de hogar, de soporte, de impulso, de fuente de provisiones y le daba sentido a su mera existencia ya que le permitía realizar su propósito y usar sus potencialidades. Pero como casi todo en la vida esto no permaneció así mucho tiempo. En menos de lo que puedo narrar este relato el viento vino y las ráfagas soplaron con la intensidad del corazón de un huracán arrasando con todo lo que osaba interponerse en su camino. La telaraña no fue la excepción. Ante el embate del viento y las tormentas de arenas que asimilaban sunámis gigantes de granos cafés la telaraña comenzaba a desistir. Algunos de los enclaves comenzaban a perder adherencia y algunos de sus hilos comenzaban a adelgazar a romperse a pesar de la elasticidad y la fuerza que poseían. En ese momento pensé que la araña comenzaría a disparar hilos de seda nuevamente a toda prisa tratando de compensar las pérdidas que el viento le provocaba pero cuando recuperé el sentido y giré mis ojos hacia ella la araña permanecía inmutable, tranquila en el centro de la hexagonal telaraña, tan tranquila como puede estar uno cuando enfrenta un embate que bien podría matarlo. Me percaté de que en lugar de tratar de salvar las estructuras que, poco a poco, volaban despedazadas por los aires solamente lanzaba mirada a los puntos que había usado como pilares; la palmera, la roca en lo alto, una colina, el mismo sol que había recibido un hilo de seda, una estrella y una estatua de Sísifo. Cuando los vientos se calmaron y yo me di cuenta de que aún estaba avivo y completo aquí de inmediato a la araña para tratar de comprender que era lo que había pasado. No podía comprender su pasividad ante la pérdida de su majestuoso trabajo. Le inquirí enérgicamente -¡¿por qué no protegiste tu red, tu trabajo, tu hogar, tu sentido?!, ella se limitó a responder; -porque la estructura nunca es lo importante, eso se puede reconstruir, lo verdaderamente esencial es aquello en lo que te apoyas, aprende mi lección y se fuerte como una roca, así nunca te quedarás sin hogar.

Frotamientos incidentales — April 6, 2017

Frotamientos incidentales

Desde hace algunos días he estado meditando acerca de un tema que ha estado rondando en mi cabeza. Para ser sincero he tenido bastante dudas acerca de lo conveniente de abordarlo que  no pero, debido a sucesos que explicaré más adelante, he considerado lo más sensato y ético no seguir posponiéndolo y abrir un debate (al menos conmigo mismo) sobre el asunto.

La raíz del asunto se encuentra en un grupo de watts app al cual pertenezco desde hace ya algún tiempo. En este espacio, hace algunas semanas, comienzan a compartirse videos de contenido sexual de algunas personas (desconocidas para los integrantes), todas ella mujeres, incluyendo además, junto a los videos, en algunos casos, fotografías de sus perfiles de Facebook revelando nombres, fotografías y lugares de origen. En cada ocasión esto se hizo recurriendo a memes y a la manera de un simple “chiste”. No es momento para tomar una postura puritana así que reconozco que diré directamente que miré los videos y no dije una palabra por algunas semanas aún cuando, lejos de sentir una excitación sexual, no podía sacudirme la idea de que algo en todo esto estaba inherentemente mal. Sentía que me había puesto a mi mismo en una posición voyeurista que no había sido deseada y no podía evitar la sensación de estar invadiendo la privacidad de alguien sin siquiera habérmelo propuesto. No podía evitar percatarme de que ahora sabía el nombre y detalles de las vidas de personas que nunca había visto y que, además, tenía una mirada directa a la parte más intima de sus relaciones sociales. No podía dejar de percibir un tufo humillatorio algo velado en la forma en que se presentaban esos archivos. Cuando finalmente llegó el momento de reconocer estas sensaciones decidí abrirlo en dicho grupo y expresar el desacuerdo. La respuesta me sorprendió. Pasó de un simple “pues no los veas” a una burla por no “saber reconocer” que eran simples “videos pornográficos” (cuando era más que obvio por las características del material que no era así) a una nueva burla por la idea expresada y las palabras utilizadas, en cada caso sin lograr siquiera que se contemplara por un minuto la validez del argumento. Pareciera que no se pudo hacer porque no hablábamos de personas sino de objetos, de algo lejano, de algo intangible, de algo que está en el anonimato del internet y que, por ende, asumimos que es algo ficticio o atrapado en un limbo, pero definitivamente no personas. Sobra decir que nada ha cambiado.

Digo que la respuesta me sorprendió no porque no la hubiera presenciado antes (desafortunadamente) sino porque en este caso no era una nota periodística, un comentario en alguna red social o un acto de alguien que no tuviera nada que ver conmigo pero sí dichos y hechos de personas que me gusta pensar conozco bien, que considero amigos y tengo en un concepto diferente. No quiero hacer un ataque, sobrereaccionar o cubrirme de un manto de puritanismo que difícilmente me queda pero sí me veo obligado a contrastar lo que sucedió y las reacciones que observé con hechos que se presentaron después y que me llevaron a decantarme por escribir esto. ¿Por qué? porque lo considero un síntoma de una enfermedad que cada vez menos aparece en los otros y cada vez más se esparce entre los nosotros.

El primer suceso fue leer la resolución de un juez en el caso de Daphne Fernández y los llamados “Porkys”. Diego Cruz, implicado en la violación a esta joven y que hace poco fue extraditado desde España obtuvo un amparo de mano del juez federal Anuar González Hemadi quien explica en su resolución que: “…si bien es cierto que Daphne Fernández, que tenía 17 años en ese momento, declaró que el imputado, junto a sus amigos, le “tocó los senos, le metían sus manos debajo de la falda y [Cruz] le introdujo sus dedos por debajo del calzón y se los introdujo en la vagina”, no observa una intención “lasciva” ni que Cruz tuviera la intención de “copular”. Por ello concluye que no considera lo sucedido como un acto sexual, sino un “roce o frotamiento incidental”. Puesto de otra manera; cualquier puede tocar a una menor de edad y salir impune si no se tiene la “intención de copular”, cualquiera puede introducir los dedos en la vagina de tu novia, hermana, tía, madre, hija, nieta, sobrina o amiga además de llevársela a la fuerza y caminar libre si no se observa una “intención lasciva” o no hay “placer” en la contraparte. Porque a eso se reduce el cuerpo de la mujer; a un instrumento de placer que, si no lo brinda, permanece en la categoría de decoración, no sujeto a derechos ni responsabilidades legales y humanas.

Casi al mismo tiempo, pero esta vez en Oaxaca, fallece Jennifer Antonio Carrillo de un infarto después de estar hospitalizada más de un mes por presentar quemaduras en más del 70% de su cuerpo luego de que su pareja le roció gasolina y la prendió en fuego. Dejó a un hijo de 3 años y su atacante sigue prófugo. También y apenas hace una semana, un BMW transita la avenida Reforma a casi 200 km/hr. y termina estrellándose contra un poste y partido en dos. Como resultado dos hombres y dos mujeres fallecieron de forma brutal mientras el conductor (en estado de ebriedad y bajo el influjo de drogas) sobrevivió y se encuentra en el reclusorio norte esperando audiencia frente a la acusación de homicidio imprudencial. En cualquiera de las diversas notas periodísticas que se difundieron al respecto se pueden leer comentarios acerca de como las dos mujeres que viajaban en al auto eran, seguramente, “mujerzuelas”, porque no podía ser que hubieran salido con hombres, de madrugada, bebiendo alcohol y viajando en el mismo auto estando casadas o viviendo en casa de sus padres, mejor dicho, sin ser putas.

Esa es la realidad de nuestro sociedad y el ideario que hemos ido construyendo. Uno en donde mis alumnas me piden consejos de pareja por novios que las han golpeado, que las obligan a “ganarse su confianza” haciendo que bloqueen contactos de redes sociales o dejen de hablar con otros amigos hombres mientras ellos realizan humillaciones públicas frecuentando a otras mujeres o, en el peor de los casos, divulgando material como el que relaté al principio de todo esto dejándolas en estados depresivos francamente graves que desembocan an autoagresiones y riesgos serios a su integridad. Esta es una realidad en la que he tenido la experiencia de tener dos ex parejas que sufrieron intentos de violación; una a manos de su jefe en ese momento y otra siendo drogada por sus propios amigos y compañeros de servicio social. ¿De verdad no nos damos cuenta de que toda conducta tiene una puerta de entrada?, ¿de verdad somos tan ciegos como para considerar que la vida virtual de una persona no deja registro, no afecta, que no representa a un humano de carne y hueso?, ¿de verdad creemos que podemos hacer esto y seguir siendo congruentes con las mujeres en nuestra vida?, ¿de verdad creemos que compartir esto es una simple broma en la que nadie sale herido?, ¿es acaso que todos somos parte de este problema que está dejando un mundo más inseguro, más inequitativo y más brutal para las mujeres sin darnos cuenta o, pero aún, conscientemente? No lo sé, pero lo que si tengo seguro es que no quiero ser parte de esto, no quiero perpetuar esto, no quiero ser participe de un mundo que no sólo rebaja, somete y humilla a una mujer sino que, francamente, la somete a una realidad brutal que mutila y asesina. No quiero tener manos manchadas de sangre porque una cultura que minimiza estas expresiones es una cultura que educa verdugos, no hombre, objetos, no mujeres. La próxima vez que tengan en sus manos este tipo de material les pido que reconsideren y se planteen no a una madre, hija, hermana o pareja, sino a un ser humano. Porque hay una parte en mi que sigue creyendo que deberíamos de comportarnos decentemente solamente por el hecho de ser seres humanos. Quizás se esté volviendo anticuado en esta época.

La Sirena — March 23, 2017

La Sirena

Cuando reparé me di cuenta que no sabía cómo había llegado a este desierto. A este lugar surrealista y olvidado de Dios en donde nada obedeces leyes de la física o cualquier tipo de ley para estos efectos. Sólo sabía que todo este tiempo habían sido días pero parecían años al mismo tiempo y esos mismos días habían transcurrido con relativa tranquilidad en el camino. El sol estaba alto y pegaba directamente en el techo e mi auto haciendo que todo pareciera un gigante horno de aluminio, montañas, arena y desasosiego. Nunca reparé en la ausencia de agua y comida cuando empecé este viaje y ahora moriría por un poco de agua descendiendo por mi garganta de la misma forma que el sudor corría por mi frente y caía en mis ojos. Por un breve momento en mi mente quise derrapar y estrellarme contra alguna roca pero al pestañear me di cuenta que fue sólo soñar despierto. Manejando en línea recta y a toda velocidad con las mismas dunas y montañas en el horizonte de pronto me pareció ver algo que nunca antes había visto en este lugar y que no estaba del todo seguro que fuera real considerando las circunstancias; a la distancia en el hemisferio izquierdo de esta gran nada se erigía lo que parecía ser un oasis. Mis ojos no daban crédito a lo que veían y tras apartarse del camino regresaron a enfocarse al frente sólo para alcanzar, por milímetros, a esquivar a una vaca negra parada junto en el medio de la enorme línea de asfalto. Mi corazón se estremeció y mis manos se aferraron al volante con todas sus fuerzas mientras lo giraban a toda velocidad para evitar una muerte absurda. No vi toda mi vida pasar frente a mis ojos, sólo quedaron dibujadas dos líneas paralelas de neumáticos tras de mi y toneladas de arena flotando en el aire al descarrilar. Cuando recobré la lucidez y voltee para ver al animal que casi causa mi muerte no pude encontrar nada pero al otro lado el presunto oasis seguía resplandeciendo con el reflejo de los rayos del sol en un espejo de agua que parecía cristalino y refrescante. Medité por medio segundo y decidí ponerme en marcha hacia el lugar, aceleré mientras una parte de mi se sentía temerosa de no saber qué es lo que podría encontrar. Como precaución inconsciente apagué la radio y entré en estado de alerta mientras mantenía los ojos bien abiertos en caso de que cualquier signo de peligro se asomara y amenazara. Al irme acercando cada vez más comencé a percibir en el ambiente una voz que cantaba desde la distancia. Era una voz femenina de notas peculiares que podría pertenecer a cualquier, se sentía como si pudiera conocerla y al mismo tiempo me daba cuenta que nunca antes la había escuchado. Algo en mi sentía que debía girar en 180º y regresar por donde había venido pero de alguna manera esa voz me hacía querer averiguar desde donde emanaba y qué era lo que decía. Era como si pudiera escuchar las palabras, saber que las conocía pero no entenderlas al completo. Era un enigma sonoro de frecuencia y tono distintivo. Una melodía dulce y un puzzle lingüístico. Decidí seguir y de repente el suelo cambio de arena dorada a un verde esmeralda representado en plantas que cubrían todo el lugar. Aparqué el auto y descendí. Un pequeño mundo de palmeras, enredaderas, flores y lavanda se atendía frente a mi mientras se escuchaba el sonido del agua caer en algún lugar cercano. Me descalcé y pude sentir el tacto de la naturaleza con mis pies, el ambiente era fresco y húmedo, me refrescaba y sentía una ligera brisa en la cara. Conforme avancé pude eventualmente llegar al espejo de agua que había a visto anteriormente. El reflejo del sol en el líquido me cegó momentáneamente, aparté la vista y cubrí mis ojos sólo para encontrar un hermoso oasis de color turquesa, era diferente a todo lo que hubiera visto antes y al mismo tiempo exactamente igual a todo lo que pudiera esperar de semejante lugar. Me arrodillé dichoso de encontrar finalmente un poco de agua y gatee hasta llegar a la orilla en donde junte mis manos para beber un sorbo de aquello y sentí la gloria del cielo en la garganta. Me sentí experimentar cada gota y cada pequeño sabor en mi paladar pero enseguida no pude evitar ceder a la tentación y a mi naturaleza y quise acaparar toda esa agua y bebérmela en un trago. En medio de éxtasis apenas pude percatarme de que el sonido que en un principio había escuchado había desaparecido hacia minutos y justo ahora reaparecía; dulce y melodioso. Me sentí Ulises y me levanté para encontrar la fuente de los cantos. Después de rodear la capa de líquido que me había salvado encontré una pequeña y pacífica cascada y debajo de su velo una gran roca en la cual yacía algo o alguien a quien mis ojos no daban crédito. Me froté los globos oculares pero la imagen persistía; se trataba de una sirena como aquella de todos los mitos, descansando plácidamente en la roca mientras mojaba su cabello con el agua de la caída. Su torso era humano pero debajo de la cintura era una criatura marina. Mientras pasaba sus dedos entre su cabello cantaba una canción que no lograba entender del todo pero que era igualmente hermosa. La tensión en mis puños se desvaneció y me quedé petrificado escuchando, era como si me hubiera hechizado y no pudiera resistir el magnetismo que me hacía parecer un satélite en su órbita. Algo en mi sentía temor sólo para ser casi instantáneamente tranquilizado por la voz y el reflejo del sol en su piel y sus ojos. Entré en el cuerpo de agua y mojé mis pies, aunque quise no pude acercarme más, parecía estar paralizado. La sirena se percató de mi presencia y nadó hasta mi, se perdió de mi vista por unos segundo y su cuerpo apareció nuevamente frente a mi saliendo del agua. Me miró fijamente y pasó su mano por mi rostro. Yo caí de rodillas. Ella no habló simplemente siguió musitando su ininteligible canción que mostraba un tesitura de voz que jamás había escuchado en ningún otro lado. Antes de percatarme de que la tenía entre sus manos ella tomó una jarra tallada en bronce y decorada con la historia de mi vida y la llenó del agua cristalina de ese manantial venido a oasis al tiempo que la vertió en mi boca. Acepté gustoso los tragos y sacié mi sed. Cada trago de agua se sentía como un pedazo de vida que mi garganta y mi cuerpo absorbían con deseos de ser inmortal y de no terminar ese momento nunca. Cuando sacié mi sed levanté la mirada y quise mirar el bello rostro de la sirena, contemplando cada línea en su piel y la forma en que su cabello se volvía tornasol. Obedeciendo a mis instintos bajé la mirada y pude ver su pecho, no había nada cubriéndolo más que su cabello posado sobre sus pechos. Entre ellos una gran cicatriz que podría jurar atestiguaba un transplante de corazón. Cuando pude incorporarme de dicha imagen intenté tocar los contornos de su rostro pero al primer tacto de mis dedos ella apartó mi mano y sólo me permitió continuar admirándola. Al segundo intento de querer tocar su mejilla ella apartó mi mano por segunda vez y sólo hizo un ademan con su dedo para indicarme que guardara silencio. Tomó de nuevo su jarra y me dio de beber pero algo cambió; esta ocasión ya no era agua refrescante y pura lo que descendía por mi garganta sino un amargo licor que quemaba mi esófago. Intenté apartarme pero me sujetó con su mano por el cuello y me obligó a finalizar el contenido. Ebrio y desorientado tuve arcadas y cuando por fin pude reincorporarme mi vista se levantó y la sirena se había ido junto con la totalidad del oasis. Todo era arena, rocas y naturaleza muerta nuevamente. Mi garganta aún quemaba por el elixir que me vi obligado a beber y mi cabeza se sentía como si hubiera sido golpeada por un mazo hasta que el brazo que lo balanceaba se cansó de hacerlo. Mi auto estaba a unos metros de mi y parecía haber estado abandonado durante años. Me sentía desfallecer y, tirado en la arena, por un momento me pareció ver buitres sobrehilando lo que pronto podría ser mi cadaver…todo había sido un espejismo salvo la sensación de desolación y desasosiego con la que inicié.

El chamán — March 9, 2017

El chamán

He estado en el camino por varias semanas. Miro el tablero y la señal de la reserva de combustible está encendida. Mi auto no va a resistir por muchos kilómetros más. Decido orillarme y bajar. Me recargo en el techo y enciendo un cigarrillo, después de un par de caladas comienzo a caminar buscando algún sendero que quizás haya sido recorrido anteriormente por alguien más. A cada paso que doy mis zapatos levantan arena como si fueran olas microscópicas que viajan en este océano de nada que se encuentra frente a mi. Tomo mi billetera del bolsillo trasero derecho donde siempre está y la abro frente a mi..nada, ni un sólo billete o moneda. Los últimos días mi dinero se ha ido como agua por el grifo. No queda otra opción, deberé seguir caminando al menos por un rato más. Es curioso, el atardecer está frente a mi pero se superpone con la noche de forma intermitente como si en cuestión de minutos los días se alternaran de forma caprichosa y con un sentido del tiempo surreal. El calor y el frío hacen lo propio y diferir el lugar en donde estoy se vuelve más complicado. Después de recorrer algo que no sé si fueron algunos metros o algunos kilómetros mis ojos logran enfocar una misteriosa luz a lo lejos, como dibujando un sólo naciente en el horizonte. No tengo idea de que se trata así que decido dirigirme hacia ello. A cada paso que doy pareciera que la distancia se agranda más, la luz pareciera permanecer estática a pesar de que el dolor de mis pies me dice que todo lo que he recorrido ha sido real y no sólo un producto de mi imaginación o una alucinación que indique algo peor. He andado por horas y me siento desfallecer, no soporto mis pies y la respiración me falta, el pecho me oprime y siento que no puedo respirar. Me desvanezco y caigo en la arena como quien es ejecutado por un francotirador escondido en las sombras. Mis labios están resecos y me encuentro sediento. Con las pocas fuerzas que me quedan enderezo mi eje y me siento poniendo mi cabeza entre las rodillas. Trato de respirar profundo y limpio el sudor que escurre entre mis pestañas y sobre mis ojos. Desamarro las agujetas de mis zapatos y los retiro de mis pies. Mis calcetines están llenos de agujeros y húmedos en parte por el sudor y en parte por la sangre. Los retiro poco a poco de mis pies tratando de minimizar el dolor por la piel que se ha quedado adhería a ellos en medio del encierro, la humedad y las llagas. Una vez que mis pies están descubiertos veo dos miembros moreteados, llenos de sangre y ampollas, con un dolor imposible de ignorar y temblando ante la idea de dar siquiera un paso más. Los veo y pareciera que estigmas surgen de entre ellos. Cierro los ojos y trato de evadir la idea del dolor pero a través de mis párpados una luz dorada resplandece como oro frente a mi. Uso mi mano para hacer sombra y trato de abrir mis ojos. No sé explicar muy bien lo que vi delante de mi. En medio de lo que parece ser un sol a escala con un brillo equiparable al astro rey está un ser indescriptible. Sentado en posición de loto y flotando a un metro sobre el suelo posee cuerpo de humano en una túnica de monje y cabeza de lobo con una aura dorada y púrpura que le rodea. Sus ojos esteparios están clavados en los míos y no pronuncia ni una sola palabra. Solamente veo su hombro descubierto y su mano derecha levantada. No comprendo que está pasando pero de inmediato me doy cuenta que aquella luz que divisaba en el horizonte era su aura. Sin saber muy bien cómo me incorporo y le pregunto su nombre; no me responde, pregunto qué es y me responde -soy un chamán-, pregunto qué quiere y dirigiéndose a mi dice -que tú tengas las respuestas a las siguientes preguntas-. Él nota la confusión en mi mirada y sin perder su postura levitante me dice que he querido leer la Carta de Esculapio sin haber siquiera aprendido a cicatrizar una herida en mi mismo. En su mano derecha aparece una daga y sin mediar palabra realiza un corte rápido y certero en su palma izquierda del cual de inmediato brota una cascada de sangre. Él no se inmuta. Me muestra su palma lacerada y con un dedo que tiene garra por uña señala el corte al tiempo que me dice; “el dolor de las heridas es inevitable, es sano, es terapéutico y útil, nos dice que algo está mal y llama nuestra atención era remediarlo y ponerle un vendaje. No temas nunca experimentar dolor porque es tan natural como la vida misma, es inherente a esta. Eventualmente toda herida cicatriza si se le deja respirar y se le limpia adecuadamente. No luches por arrancar tus costras, no quites el vendaje antes de tiempo, no temas desinfectar y cauterizar, no temas gritar al hacerlo. Y sobre todos las cosas no caigas en la vanidad de pensar que una cicatriz (que definitivamente quedará) es un símbolo de fealdad o una marca indeseable porque es bien sabido que las cicatrices deforman el tejido sobre el cual se formaron pero también marcan una lucha más ganada, una guerra pasada y un soldado que sobrevivió al combate y aún se mantiene en pie. No dudes que una cicatriz cambiará tu aspecto y tu mente, no dudes que dolerá y que sanará, no dudes que será un símbolo de tu lucha en la vida y te hará digno de respeto y crecimiento, será tu trofeo. Es sabido”. No supe como pero, de un momento a otro, yo también me encontraba flotando en el aire. El chamán movió su mano en el aire como dibujando un cuadricula y de inmediato mi cuerpo comenzó a desintegrarse en varias partes como si se tratara de un rompecabezas aunque no experimenté ningún dolor y mi consciencia seguía plena, como si de alguna manera me viera a mi mismo pasando por ese proceso desde afuero de mi corporalidad. Ese hombre con cabeza de lobo y túnica de monje observó cada una de las piezas que integraban mi “yo” detenidamente sin emitir ninguna palabra, como si estuviera meditando en el rincón más profundo de su alma la esencia y la forma de cada parte. Pasado un tiempo que no estoy seguro si fueron cinco minutos o diez años, asintió como si hubiera encontrado las palabras que buscaba y de pronto todo mi cuerpo se volvía a integrar en un todo. Abrí los ojos y el chamán había desaparecido. Yo continuaba en el desierto pero me encontraba en medio de la noche más estrellada que hubiera visto jamás. Me recargué en el techo de mi auto y tomé aire de la misma forma en que un buzo se va elevando para no despresurizarce. Subí y giré la llave, el depósito de combustible estaba lleno. Yo estaba ligero pero no vacío. Bajé el cristal del conductor y me puse en marcha de nuevo a lo largo el camino. Tengo mucho que recorrer.

Un viaje a través del desierto — February 23, 2017

Un viaje a través del desierto

…Pero me temo que he estado haciendo todo por evadirlo y el filo está cortando mi cuerda.

Me desperté con la sensación de haber estado caminando sobre una navaja y haber rebanado mi mente. Miré el retrovisor y vi mis ojos hundidos enmarcados en las ojeras cada vez más notorias. Las llaves del coche aún estaban pegadas y seguía teniendo las mismas pertenencias con las que comencé este viaje; las ropas que llevo puestas y una maleta repleta de recuerdos. Últimamente he estado durmiendo la mitad de los acostumbrado y sonado el doble de lo usual. Eventualmente descubrí que no sirve de nada ponerse una máscara si uno tiene ojos en la nuca y oídos en las manos. Fue en ese momento que comencé este viaje a través del desierto y he estado vagando desde entonces. Subí a este pedazo de chatarra esperando que resistiera el camino y tomé algunas canciones viejas que puedan arrojar algo de sabiduría popular. Arranqué esperando poder llegar a mi destino aunque no estaba seguro de que cuál era exactamente. Ahora estoy aquí y enciendo un cigarrillo esperando poder recordar, al menos parcialmente, cómo fue que llegué a este banco de arena al borde al carretera. Lo intento pero no lo logro, no estoy seguro si los recuerdos nunca se fijaron en mi mente o sí la cabeza me está jugando un truco para protegerse a si misma. Mi corazón palpita rápido, las manos me sudan y mi somos desenfocan. La ansiedad está llegando de nuevo. Abro la puerta del auto y reclino un poco mi cabeza entre las rodillas esperando capturar un poco de aire. Enciendo otro cigarrillo y exhalo de forma ruidosa mientras mis manos recorrer mi cabello, más largo de lo normal, como testigo mudo que ha estado observando por mucho tiempo antes de que te percates de que está ahí, sigiloso y atento. Los sonidos están sobrecargados y llevados al extremo…No one knows. Miro mi reloj que avanza hacia la derecha pero tiene números en posición opuesta, pareciera que quieren caminar hacia la izquierda. Cierro la puerta, arrojo la colilla por la ventana y enciendo el motor. Primera velocidad, el pie en el acelerador. Genero olas de arena que quedan suspendida en el aire mientras me alejo. Definitivamente este lugar no es normal, aquí las cosas suceden y se sienten diferentes, espero poder salir de esta madriguera, eventualmente. El camino es recto y de dos carriles, acelero a fondo y frente a mi se extiende una gran línea que llega a colisionar con el horizonte en el cual hay grandes montañas, arena y un poco de vegetación. A mi izquierda la ventana me muestra una postal diurna, el sol brilla y el ambiente es tranquilo y calmado, un paisaje hermoso pero clamado y cálido. Cada vez que mis ojos apuntan hacia allá puede aparecer un espejismo y pareciera que los oasis se suceden delante de mi. Lo más peligroso es cuando la sed es real pero el agua es imaginaria. A mi derecha la ventana enmarca una noche estrellada pero sin luna. Igualmente hermoso pero frío y potencialmente desorientador. Es el lugar perfecto para detenerse a descansar y recordar. Sin embargo, a veces las estrellas más hermosas son aquellas que dejan una estela; marcan el cielo en su viaje pero después desaparecen al ojo. Algunas atraviesan la atmósfera, otras se desintegran. Uno no puede sino extender la mano tratando de acariciar el cielo y derramar una lágrima por perder esa luz. Al parecer mi camino será así hasta nuevo aviso. Un cielo dividido adelante. Hay varias escalas y puntos de referencia pero se debe ser cuidadoso a quien se le plantea una pregunta. Heaven smiles above me. Piso el acelerador a fondo y sigo avanzando. Sujeto el volante con toda la fuerza que tienen mis manos. La saliva desciende por mi garganta. No me queda nada más que volver a encontrarlos en la siguiente parada de este viaje a través del desierto de la mente y el corazón. A veces el surrealismo es la única respuesta a la realidad de lo doloroso y confuso.

A ambos lados de la navaja — February 9, 2017

A ambos lados de la navaja

Uno no sabe lo que es vivir totalmente hasta que no ha estado a ambos lados de la navaja. Ahora lo sé. Pero me temo que he estado haciendo todo por evadirlo. Sí, ahora lo sé. Pero me temo que he hecho lo que tenía que hacer para anestesiarlo, al menos a momentos. Uno no sabe lo que es vivir de forma completa hasta que no se ha parado del lado inofensivo y del lado afilado de la hoja haciendo malabares de cuerda floja para no salir amputado. Uno no puede decir que ha terminado de nacer como ser humano hasta que el amor y la desgracia nos han hecho ver a los ojos y bailar con nuestras partes más vulnerables, frágiles, luminosas y escondidas. Uno no puede decir que ha andado estos caminos en su totalidad hasta que no ha sentido en los huesos la alegría y la dicha pero también el dolor y la desesperanza. Y es que ahora lo veo. Uno no sabe lo que es vivir hasta que ha experimentado la risa hasta el llanto y el llanto hasta la sequía. No hasta que se ha sido objeto de devoción y adoración incondicional y también ha sentido el calor del cuchillo a traición en la espalda. No, no lo podemos decir. No hasta que se ha entregado el total y más del corazón de uno mismo y también, después, se ha terminado por no saber amar como se merecían a aquellos que más nos amaron sin saber explicar exactamente cómo. No hasta que uno ha desbordado palabras por los dedos y las ha dejado en versos y coros para después quedarse mudo en los peores momentos posibles, cuando una respuesta era demandada, necesaria, exigida, merecida. No hasta que uno se ha enseñado a ver los más mínimos detalles y también se ha quedado ciego a la incertidumbre del otro. No hasta que uno ha escuchado voces en todos los rincones de la cabeza y ha sido sordo al dolor de quien nos ama. No hasta que hemos jurado jamás infringir las heridas que nos fueron dadas y terminamos lastimando a quien menos se lo merecía. Uno no lo sabe hasta que mendiga migajas y después lo tiene todo sólo para dilapidarlo en incontables errores y silencios. Uno no sabe lo que es vivir hasta que no ha golpeado las paredes y después ha tomado una mano gentil y cariñosa que termina soltando por pura lentitud y cobardía. Uno no sabe lo que es vivir hasta que tiene la cabeza llena de pensamientos pero falla en decir sus sentimientos, hasta que se auto complica lo sencillo que era honesto. Uno no sabe lo que es vivir hasta que no se finge que todo está bien cuando todo está mal. Y es que uno no sabe lo que es estar vivo hasta que se siente el haber perdido un pedazo de uno mismo, hasta que se ha cerrado una habitación en el corazón que está llena de recuerdos de momentos mejores, de momentos felices, que sabes que siempre vas a extrañar pero no puedes recuperar por tu propia culpa. Y es que la culpa es algo que no se irá con una simple disculpa o una sesión de psicoterapia porque ahora yo sé lo que se siente haber perdido a quien te amaba y tu fallaste en amar y proteger. Yo no sabía lo que era estar vivo hasta que me resultó imposible borrar la imagen de tu llanto en el último giro que dio mi cabeza antes de salir por la puerta. Ahora sé lo que es estar de los dos lados de la navaja y desearía no sentirme tan vivo porque después de conocer la forma en que me amabas lo único que me hacía falta era conocer el dolor de perderlo todo por mi absurdo y para mi desgracia aún no existen los relojes que giren a la izquierda ni la forma de arreglar mis destrozos. Pero me temo que he estado haciendo todo por evadirlo y el filo está cortando mi cuerda.