Grosso Modo

Revista Grosso Modo

Sábado, 4 de junio 19:55 horas — June 10, 2016

Sábado, 4 de junio 19:55 horas

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Tras varios días de no haberme podido sentar a escribir en paz, hoy lo conseguí en un espacio junto al río, de donde se podía ver el océano de un lado y el puente colgante del otro. Caminando hacia ese sitio emergió un olor a brisa marina de aires salados que invadió mi boca, hacía viento y la gente caminaba bien abrigada. Todos parecían haber realizado el trayecto cientos de veces, pero para mi era la primera vez en la que me introducía en una caja metálica guiada por rieles y tirada de cuerdas recorriendo su estructura hasta llegar del otro lado. La sensación era arcaica, ese mismo viaje debe haberse realizado desde hacía varias generaciones antes de mi.

Al bajarme me alejé de ahí lentamente y caminaba junto al río cuando vi a una pareja, una mujer madura y el que parecía ser su padre ya entrado en años. Se distanciaban de mi en dirección contraria, al sureste de donde yo me encontraba mientras charlaban cualquier banalidad.

-Un crucero por el mediterráneo es de lo más barato que te puede encontrar-, le dijo su hija mientras él asentía. “Yo nunca he tomado un crucero y no creo que sea barato” pensé y seguí cavilando al respecto durante un rato.

Los vi alejarse al sureste y todavía podía ver sus espaldas cuando me percaté que también se alejaban de mi por el por el noroeste. La misma pareja se alejaba de mi en dos direcciones contrarias al mismo tiempo porque nadie les había dicho que eso es de un pésimo gusto, no deberías de ser capaz de moverte en dos direcciones al mismo tiempo y menos dándole la espalda al mismo sujeto para que éste enloquezca tratando de descifrar lo que ello significa.

Seguí mi curso y vi a un pescador junto al río, llevaba no una, sino dos cañas de pescar. Estaban una persona y un perro y el uno se dirigía al otro de vez en cuando como tratando de conversar. Consideré apropiado acercarme y preguntarle qué tipo de animal trataba de capturar, además era posible que él entendiera lo que significaban aquellas parejas que recién había visto.

-¡Hola! ¿qué hay para pescar?- le pregunté.

-Parece que nada de este lado del río, joder- gruñó el perro pescador mientras el humano que lo acompañaba se acercaba a olerme y en búsqueda de que le acariciara la barriga.

-Caminando hacía aquí pude ver algunos peces en el río, ¿qué has tras cogerlos?- añadí.

-Si atrapo algo- ladró, – se los doy a mi humano para que los guarde, luego los llevamos a casa donde su hembra los destripa y comemos un banquete por la noche, pescado y caña de cerveza helada- rió.

Cuando nos movemos siempre avanzamos hacia varias direcciones al mismo tiempo, nuestra misma evolución intelectual y espiritual nos hace dirigirnos a dos estadios diferentes, unos prosperan y otros no, pero solo logramos verlo cuando hemos llegado a la meta efímera, eso, si tenemos la suficiente autoconciencia como para ver el camino recorrido, si no, llegamos sin más a un nuevo peldaño sin haber visto claramente el escalón anterior. Cada piso tiene simultáneamente escaleras que llevan a nuevos niveles, siempre hacia arriba, de modo que cuando crecemos vamos del paso uno al dos y así sucesivamente, pero los números no eran sucesivos hasta que no los acomodamos posteriormente en nuestra cabeza, porque en realidad la habitación A tenía puertas y ventanas al mismo tiempo que se dirigían a cuartos marcados con la B, C y D, pero solo avanzar nos da esa perspectiva que es a la vez inútil e incipiente porque cuando nos hallamos en la sala B, esta se ha convertido nuevamente en la A y se han vuelto a abrir las mismas puertas y ventanas que solamente podemos abrir en el orden correcto si vemos a futuro.

-¡Eh! ¡Joder!- escuché que se dirigían a mí -deja de farfullar toda es bobada al perro- exigió el humano del perro pescador. 

Cultívate un poquito — May 19, 2016

Cultívate un poquito

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Hace un año y medio, quizá un poco más, en mi afán de conocer de las cosas importantes del mundo decidí leer algo distinto a lo que siempre había estado acostumbrado. Cultivarme un poco.

Yo soy un fiel creyente de la autodidaccia. Por ejemplo, a veces me gusta usar palabras y luego investigar si son reales o neologismos, pero muchas veces me sorprendo al descubrir que nuestro lenguaje es tan basto que en su inconmensurabilidad cabe casi cualquier esperpento de combinaciones fonológicas. Entonces me dirigí a la librería más cercana y sin el menor temor a ser juzgado por la inquisitiva sabiduría del empleado preparatoriano que me atendía le dije:

-Estoy buscando un libro de historia del arte, algo básico, ¿qué me recomiendas?-

Me mostró un par de libros de texto del tema, tan solo verlos era evidente que fueron escritos como para niños de preescolar solo que con más dibujos, probablemente dictados por algún entusiasta del tema que tenía algún familiar bien posicionado en la renombrada casa editorial. Luego de revisar varios libros me di cuenta que en realidad es normal que los libros de arte tengas muchas ilustraciones, ¡pero cómo iba yo a saber eso de un inicio! Uno está acostumbrado a leer libros con muchas letras y a lo sumo, cuando uno es osado y aventurero, tienen letras en cursiva, cosa que ya no está bien vista entre los académicos de renombre pero se lo suelen permitir a los poetas y novelistas.

-Este es de los mejores-, dijo el empleado, -por supuesto que lo es- dije para mis adentros, obviamente no le puedes creer absolutamente nada a un vendedor ¡Es más! desconfío casi tanto de los vendedores como de los políticos y eso ya es mucho que decir.

Tardé cerca de un año para darme cuenta que la versión de bolsillo de La Historia del Arte de Gombrich, que me ofreció aquel muchacho, sí era una obra maestra del tema. Es un libro verdaderamente fascinante, lo leía casi siempre de camino a la facultad, un capítulo por viaje cuando eran cortos, uno o dos capítulos semanales, porque tenía muchos pendientes y cosas urgentes, pero al cabo de unos 8 meses terminé el libro. No me enorgullezco de que me haya tomado tanto tiempo, pero debo decir que es el primer libro que tomaba en mis manos con  calidez y afecto, como tocando a una chica dulce y delicada que está por abrirse ante mí.

Cuando podía darle más tiempo, me gustaba leerlo dándole su tiempo, tomaba una lámpara y una pequeña lente de aumento para dedicarle un par de minutos a cada una de las ilustraciones compiladas y honorablemente colocadas en este libro. Inspeccionaba cada detalle, cada centímetro y ponía especial atención en la semblanza de la imagen, en aquellos aspectos que Gombrich resaltaba en el texto. Casi puedo imaginarme al minucioso autor debatiendo consigo mismo cuál ilustración debía estar en su libro y cuál no. Leer el epílogo de un libro generalmente no es tan satisfactorio como el de este tomo. Me hizo sentir ahí de frente a él, en su escritorio, diciéndose a sí mismo cosas como, ¿qué artista holandés ejemplifica mejor la pintura de paisajes?

Al terminar el libro decidí que no era suficiente. Pensé en mis opciones, por un lado sería difícil leer otro libro tan agradable como ese, así que decidí emprender una lectura distinta, haría a un lado la teoría e intentaría ir a la práctica. Tomar un curso de artes pláticas por mí mismo, que no me contaran lo que hicieron los grandes maestros, hacer algo propio, convertir la letras en colores y pintar por lo que me venga en gana, sin que tecnicismos como no saber absolutamente nada sobre dibujo y ser menos habilidoso motrizmente que una babosa de mar me impidieran hacerlo.

Me inscribí en una escuela de artes plásticas y en la reunión inicial deduje que la categoría “adultos” era una mera formalidad, los que estaban ahí sentados junto a mi escuchando sobre el proceso de admisión y enseres de la educación artística, ¡a penas si tenían 17 años y ya se autodenominan adultos! Pero bueno, seguimos atrapados en una especie de paradigma donde la fecha en la que eres expulsado de la matriz hace una diferencia importante socialmente. Este tipo de distinciones según tu edad son un vestigio que acarreamos desde las culturas más antiguas con sus ritos de iniciación, uno pensaría que estamos más distantes de aquellas barbaries y más cerca de una sociedad basada en las características individuales.

 

6to año — May 6, 2016

6to año

Si mal no recuerdo, fue idea mía comenzar a escribir. En ese momento se lo dije a dos de mis mejores amigos en la vida y emprendimos un viaje solo de ida a comenzar a escribir. El proyecto era ambicioso en ese momento y hoy en día parece más un espacio de autoreflexión.

A mi particularmente me requiere ya de un mayor esfuerzo continuar escribiendo, creo que esto se debe a la falta de práctica. A estar embotado leyendo manuales y calificando inventarios, ese tipo de cosas que a veces he desdeñado pero que son necesarias en mi vida cotidiana.

Si me comparo conmigo mismo de hace 6 años, he cambiado bastante. Ahora soy más tonto, más necio, más duro, pero también me encuentro más satisfecho con mi vida. No es que hace 6 años no lo estuviera, pero he aprendido a dejar pasar muchas cosas que me traen dolor y enfocarme en las que disfruto.

Justo hoy he dado un paso importante a cambiar mis viejas costumbres. Acaba de registrarme en el proceso de admisión para un curso de 3 años en artes plásticas. Si lo tomaré o no, es cosa del destino.

convierte-documentos-en-archivos-para-la-computadora — April 8, 2016

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Vamos pues a escribir cada 15 días como es la costumbre, ya sé que no tienes el menor interés en lo que aquí dice, es más, ves esta primer línea y “decides” (si acaso eres tan ingenuo como para pensar que en realidad decides algo por ti mismo) que continuar leyendo no vale tu tiempo. ¿Sabes qué? No me importa, en ningún momento se me cruzó por la mente algo como “voy a escribir pensando en que fulanito de tal me lea”, y eso es porque hago las cosas únicamente porque encuentro gusto en hacerlas. Para mí, que tú leas esto, es tan indiferente como para la comida congelada que tienes en el refrigerador que decidas comertela. Pero ya que ambos estamos compartiendo un momento de nuestras insignificantes vidas, quiero contarte algo que puede resultarte al menos peculiar.

Hace meses me hice de una aparato tan mágico y maravilloso que tiene el poder de pasar a la computadora cualquier documento que le pongas en una bandeja que tiene en la parte superior, lo devora en segundos y lo regurgita dejando una copia directamente en la pantalla de tu equipo y sin necesidad de un cable. En principio me pareció bastante retrograda, la tecnología debería volver las cosas que aparecen en las computadoras objetos reales, al revés parece bastante tonto. Aunque me tardé un tiempo, pronto pude encontrarle una utilidad bastante funcional para mi vida.

Yo estudié psicología y ahora estudio otra cosa igual de absurda que se llama neuropsicología, y resulta que cuando uno estudia eso tiene que sacar miles y miles de copias que se van amontonando en los cajones, en en las repisas, en el piso, en la cama, en el sillón, en las sillas, en tu mochila, en la cocina, en el baño, en todos lados, de repente, las copias parecen ser algo revolucionario, más revolucionario que el internet y que la televisión a color, parece que la forma en que uno se convierte (o involuciona) de humano normal a psicólogo es acumulando montones de copias en todos lados.

Así que ahí estaba yo, reflexionando en mi nuevo y reluciente equipo convierte-documentos-en-archivos-para-la-computadora y mis miles de copias cuando se me ocurrió hacer lo obvio. ¡Exacto! Convertiría todo ese papel en un archivo de computadora que podría revisar cuantas veces quisiera. Podría volver a dormir en una cama en la cual no escuchara el crujido de las hojas que estaban por ahí revolviéndose cada vez que me movía, ahora podría usar todo ese espacio extra en cosas verdaderamente importantes: nada, porque cuando uno no tiene nada se da cuenta de lo poco que necesita esas cosas insignificantes.

Fue una labor ardua, me tomó mucho más tiempo del que uno podría imaginarse. El aparato de última tecnología que adquirí parecía querer darse por vencido, pero juntos volvimos realidad ese ideal, ahora tenía un archivo en mi computadora que agrupaba todas mis copias, engargolados, notas, cuadernos, apuntes, recetas, tareas, ensayos y exámenes. Tomé un enorme tambo de basura, de esos que aparecen en las películas gringas donde los vagabundos encienden fogatas para calentarse, y lo llené de todos esos papeles. Sentí que estaba libre de papeles cuyo contenido  nunca más iba a volver a revisar, la razón es bastante simple, cuando guardas un documento relativo a las “ciencias” para leerlo en el futuro, sería mejor que lo reemplazaras por otro documento, un artículo nuevo, así tendrías nueva información, algo más reciente en lugar de repasar los mismos textos enclenques que ya leíste. Cosa muy distinta que si lees una novela o un libro clásico, esos siempre son mejores cada vez que los lees y te enseñan cosas importantes para la vida, no como la ciencia, cuando lees de ciencia solo te sirve para saber de ciencia, y ¿por qué alguien preferiría saber de ciencia si nos falta tanto por saber de la vida?

Hice clic derecho en el archivo del documento que acababa de transferir del papel a la máquina y elegí la opción “enviar a la papelera”, luego lo borré definitivamente.

Rolling Stones — March 31, 2016

Rolling Stones

Rollingstones

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Cuando vi frente a mi dibujarse un pentagrama gigante en luces rojas incandescentes supe que me encontraba en el lugar indicado –wuhu–, de frente podía observar decenas de miles de personas abarrotas las unas sobre las otras –wuhu–, de todas ellas salía un ligero pero penetrante sonido gutural que se confundía con el resoplar de una ráfaga de viento –wuhu–. Todos los que estuvimos ahí fuimos testigos de un demonio rojo que entonaba una misma melodía como lo había venido haciendo desde hace muchos años antes de que yo naciera –wuhu–, y luego el calor, un calor que poco a poco se apoderaba del cuerpo y se insertaba en la médula obligándolo a moverse de un lado para otro sin importar si había espacio o no –wuhu–, gente riendo, gente llorando, gente en éxtasis, y un cuarteto junto al demonio en una pantalla construían el campo donde se conjugaban emociones y delirio. –Wuhu–. Hipnotizante. Pensé que se rompería la barrera del tiempo y quedaría atrapado en el wuhu con el demonio por toda la eternidad. Pero terminó.

Pan Pan Pan — March 9, 2016

Pan Pan Pan

Te comparto un página de un pequeño diario que empecé.

Hace apenas unos días quise recopilar algunos de los momentos en los que compartía mi experiencia con mi cultura. Cosas como comer en el mercado, visitar una galería e interactuar con personas de mi entorno se quedan olvidadas en los confines de mi memoria. Por eso quiero darme a la tarea de escribir precisamente de eso en una pequeña libre que tengo aquí a mi lado. Donde en la primer página dejo muy claro su objetivo “¡que estas páginas sirvan de testimonio sobre el encuentro de mi mismo y la cultura!”.

Hace unos días me di a la tarea de cocinar por mi mismo un pan. No quería usar levadura sino dejar fermentar los ingredientes para crear masa madre. Me di cuenta de lo difícil que me resultó esta tarea. En principio porque no pude encontrar una harina que aun contuviera parte de la cáscara del grano que es lo que hace posible este proceso. Lo intenté con harina de trigo integral común y corriente de la venden en el supermercado. La dejé 4 y 5 días para que fermentara, alimentando la masa tal y como había visto que hacían y no conseguí absolutamente nada mas que el aroma agrio que decían se debía obtener.

Desistí de usar masa madre y tome la harina integral junto con levadura para utilizar una receta más rápida. Dejé la mezcla reposando toda la noche y en la mañana siguiente encendí el horno y eché dentro todas mis esperanzas de por fin crear algo que fuera, a lo mucho, comestible.

#bread #bake #baking #diy #homemade #delicious #wholegrain #healthyeating

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Lo que salió del horno tiempo más tarde me dejó asombrado. Dicen que fueron los egipcios los que crearon el pan y que este ha alimentado a muchas generación de seres humanos. Una mescolanza de agua y harina que solo ponerla en el fuego un tiempo se vuelve alimento, a mi me parece bastante asombroso y aunque me gustaría describirlo como algo mágico, no lo haría porque tal vez tu sepas el proceso bioquímico que da lugar a la transmutación de estos ingredientes en pan y me harías ver como un ignorante.

El hacer mi primer hogaza de pan me dio cierta sensación de independencia. Fuera de que el sabor todavía dejaba mucho que desear, hice un alimento de algo que en principio de cuentas no lo era (a menos que padezcas pica). No sé que tanto el pan tenga un valor cultural en nuestro pueblo, el pan de pueblo seguro es una tradición pero seguro otros alimentos lo sean aún más, como las tortillas. Pero, al menos a mi me conectó un poco más con el sentirme parte de un ciclo que ha sido olvido ya por mucha gente, estar frente al horno y cocinar algo en casa es una tradición que se pierde cada vez que homologamente estamos frente al anaquel de Bimbo y tomamos una bolsa de pan “tradicional” (que quizás lo único tradicional que aun conserve son los bajos sueldos que seguramente reciben la mayoría que formaron parte del proceso de elaboración).

Hacer una simple hogaza de pan en casa es roconfortante. Sentir el calor del horno es sumamente agradable. Escuchar el crugir del pan cuando lo rompes es delicioso. Me gustaría vivir un poco más como se hacía antes, poner aunque sea un poco de mi por olvidarme de toda la industrialización e intentar hacer las cosas a la antigua. No es una simple melancolía dado que tengo 26 años, es más bien, al forma en la que quiero conectarme con las generaciones anteriores a mi.

Ausente — November 5, 2015

Ausente

Amigos Grossomoderos, especialmente Dani y Omar, lamento mucho haber ausentado tanto de este nuestro blog, ustedes tendrán que disculparme pero hay momentos en mi vida donde siento que la rutina me carcome poco a poco queIMG_1855 de rato se vuelve tan sofocante que apenas y uno lo puede resistir. Seguro que saben de lo que hablo.

Les quiero platicar un poco sobre mi viaje a La Paz. Fue algo muy distinto y definitivamente me recordó aquel viaje a Argentina que ya tenía tan olvidado. Fui a presentan un trabajo sobre el deterioro cognitivo en un adulto mayor al VI Congreso Iberoamericano de Psicogerontología. Conocí gente muy interesante y me encontré con un par de personas que me reconocieron por escribirIMG_1824 en mi blog. Definitivamente cuando empecé a escribir ahí nunca pensé que me fuera a hacer de amigos a través de esa web. Pero así lo ha sido.

El primer día fui al museo de etnografía y folklore donde encontré estos lindos gorritos hechos con las tecnicas y tejidos tradicionales de Bolivia. Era muy agradable pasearse por esos pasillos, el museo era bastante pequeño pero muy atractivo. Ocurrió un incidente: a las 12 del día me pidieron que dejara el museo porque era hora de almorzar e ¡iban a cerrar! Me sentí en cualquier localidad pequeña donde aun conservan ese tipo de costumbres, personas que regresan a comer a sus casas con sus familias. Por supuesto la invitación quedó abierta para volver a las 3 de la tarde, tras el almuerzo.

IMG_1817Con el museo cerrado me dirigí a la catedral en la Plaza Murillo. Me resulta verdaderamente familiar todo estos ambientes, después de todo, compartimos mucho con nuestros hermanos latinos con respecto a nuestra historia. A veces pareciera que somos harina de un mismo costal. Su catedral tenía muchos vitrales muy llamativos, el principal, detrás del altar del padre, parece representar hasta abajo a la población Boliviana después de la conquista e incluso después de su independencia, atrás se ve un edificio que supongo es la catedral creo que representando la fe del pueblo. En el centro del viatral la virgen con cristo bebé y muchos ángeles, finalmente, en la cima a JesuIMG_1903cristo.

Sin embargo, hubo una situación que llamó mi atención. Creo que nunca había visto una iglesia tan maltratada por su pueblo. Resulta que a varias cuadras de ahí se encontraba un templo que me pareció abandonado hasta que preguntamos a los locales. Resulta que siguen celebrando la misa cada 8 días durante los domingos. Sin embargo había varios rayones que sin lugar a duda dejan ver el descontendo y el repudio de algunos por esos rituales. En esta foto que les comparto se puede ver el mensaje “Relogion = Sheet”.

En fin, este viaje fue muy interesante, luego les platicaré más al respecto. Les mando un abrazo.

Perdón por la tardanza — September 11, 2015

Perdón por la tardanza

Perdón por la tardanza. Ahora mismo me reporto contigo que me lees. Quiero contarte acerca de mis relaciones pasadas, en total he tenido dos novias importantes, la primer novia no la considero relevante porque ni duró mucho tiempo, ni hubo un verdadero vínculo.

La primera de ellas se llama “Equis” y yo ni si quiera estaba seguro de querer ser su novio, todo pasó por influencia de amigos en común. Aunque finalmente tomé la iniciativa y así pasaron 3 años. En ese tiempo quise terminar la relación en un par de ocasiones y “equis” no me dejó, me pidió intentarlo una y otra vez. Pérdida de tiempo para ella y para mí. Al final estuvo saliendo con alguien más y todo se desquebrajó, yo me volví un homúnculo lleno de resentimiento porque en mi cabeza yo siempre he dado todo de mí en las relaciones. Y eso no basta, nunca ha sido suficiente que uno de todo se sí para estar bien, porque queda la otra persona y faltan un cúmulo de circunstancias que deben alinearse: tiempos, espacios, amigos, familia, opiniones.

La segunda novia se llama “Ye”. Cuando comencé esa relación yo ya había dado mucho de mi mismo, tal vez eso me hizo empezar agotado y personalmente me desgastó. Con “Ye” probablemente lloré como nunca había llorado en toda mi vida, porque siempre me recordaba “la palabra melancolía” y era algo fascinante. Tengo grandes recuerdos de “Ye” pero el que me ha quedado más marcado fue cuando me despedí de nuestra relación… si no me falla la memoria fue un par de meses antes de terminar. La vi por el espejo retrovisor de mi camioneta. Se despidió de mi sin decire nada.

Así, desde entonces no había tenido ninguna “novia” oficial. Aunque la verdad quise a un par de mujeres de esta forma romántica, solo que me daba miedo admitirlo. Ahora estoy en una nueva relación, ya veremos cómo sale.

Soñé que iba a morir — August 27, 2015

Soñé que iba a morir

Recién desperté y durante toda la noche estuve angustiado, soñé que iba a morir. No pasaba mucho por mi cabeza y las circunstancias no son relevantes. Basta decir que alguien más intentó quitarme la vida y yo no pude deterlo. Miestras sucedía y esperaba que lo inevitable tomara su curso aparecían las personas más importantes de mi vida, o eso quiero creer: mi madre, mi padre, mis dos hermanos y dos de mis sobrinas. Nadie más. La familia es la única que me acompañaba porque nos guste o no, es la únicca que es incondicional, está ahí porque es parte tuyo, como tus pies y brazos. Seguiré desentrañando este sueño.

El relato de Sergio Camarena — August 13, 2015

El relato de Sergio Camarena

PAN

El doctor Sergio Camarena se había retirado prontamente del ejercicio de su profesión, desde hacía más de 10 años había dejado de ver clientes en su consultorio y prácticamente había abandonado su hábito de lectura al que tan profundamente se había consagrado. Solo unos pocos allegados tenían ya en mente que él había sido un doctor reconocido por sus colegas y cotizado por sus pacientes. Nunca fue muy acaudalado pero vivía cómodamente, sin embargo, ahora tenía que mantenerse con gustos más austeros y los lujos, como cambiar su viejo automóvil, eran una cosa que no podía costearse. Ello no parecía importarle sobremanera.

Su nuevo oficio como panadero parecía satisfacerlo grandemente, al menos, era lo suficientemente agotador como para distraerlo de toda situación desagradable que engendrara el mundo y su sociedad. La panadería la aprendió en un curso que tomó hacía poco más de 30 años cuando estudiaba en la preparatoria, no se trataba de una actividad forzada, pero en algún momento escucho de esta “capacitación para el trabajo”, como ellos lo llamaban, y decidió inscribirse principalmente para no estar de ocioso. Durante los 6 meses que duró la enseñanza en panadería aprendió las cosas básicas que nunca pensó que fuera a utilizar realmente.

Sin embargo, la parte favorita del trabajo seguía siendo aquella donde se relacionaba con las demás personas, recibir a los clientes en su local y hacerles una pequeña sugerencia o, si se trataba de un comprador recurrente, preguntarle qué le había parecido su compra anterior, como en general se esmeraba mucho en su proceso y conseguía materia prima de buena calidad, los comentarios solían ser bastante positivos. Sus clientes en realidad caían poco en cuenta sobre el sabor de los productos del doctor Camarena, les parecían sabrosos, dado que volvían, pero tampoco eran extraordinarios, si hubieran colocado otra panadería más cerca de sus casas probablemente irían a ella y olvidarían por completo la del doctor.

Todos sus clientes ignoraban que el señor panadero había sido doctor y si su local no se llamara “Panadería de Sergio” probablemente tampoco habrían sabido su nombre. Pero algunos viejos hábitos se mantenían a pesar del paso de los años. Ocasionalmente entraba al local alguna persona que parecía examinar detenidamente el pan antes de añadirlo a su bandeja metálica y después de tomarse su tiempo lo tomaba con las tenazas y lo agregaba a su colección de piezas delicadamente seleccionadas, a este tipo de cliente se les acercaba para ofrecerles una taza de café en la barra que usaba de mostrador. Ahí había colocado varios bancos altos pues más de alguno decidía bebérselo ahí mismo. Muchos parecían disfrutar el olor del pan recién horneado con una taza de café mientras el doctor les hacía algunas preguntas para hacerlos sentir cómodos o les ofrecía el periódico, mismo que les cobraba por separado.

Este método había resultado tan exitoso que había tenido que ampliar un poco más su local colocando un par de mesas y sillas para recibir más clientes, ocasionalmente se ocupaban pero cuando esto pasaba y la situación lo ameritaba, iniciaba alguna charla amena. El doctor tenía cierta capacidad para saber cuándo era adecuado conversar con alguien y cuándo no. En una ocasión una señora acompañada de su hija pequeña, después de hacer su compra, tomó asiento y cuando el doctor se acercó con una bebida caliente para ofrecérsela ella negó haberla ordenado.

–Es una cortesía, se ve que quieres hacer algo de tiempo para ir a donde te dirijas– le dijo con una sonrisa de complicidad.

Así se enteró de algunos problemas familiares de esa señora, al parecer tenía otro hijo que estaba en drogas y su esposo ayudaba poco con la situación. Se sentía muy acongojada y la niña que llevaba consigo lo resentía también. A causa de ellos se encontraba bastante deprimida y muy ansiosa. Este tipo de problemas no eran raros dada la zona en que se encontraban, pero escucharlos de viva voz nunca resulta agradable. Se dio cuenta que Sergio, el panadero, era inútil en esa situación y se quedó con la duda de si Sergio, el doctor, hubiera podido ofrecer una verdadera ayuda.