A-516080-1225521818.jpegNo recuerdo cuándo comenzó a gustarme Sabina, aunque sí que recuerdo la primera vez que lo acepté: el profe había preguntado qué tipo de música nos gustaba, y yo lo mencioné al aire, creyendo que nadie escucharía mi voz, pero fue la que más llamó la atención y de inmediato aquel sujeto flaco y cansado se dirigió hacia mí “¿cuál canción?” –Princesa… Ese fue el principio de una larga relación entre un par de Sabinas y yo. Uno más auténtico que el otro, la mar más exitoso y definitivamente más importante en mi vida de lo que jamás nadie hubiera podido imaginar de un sujeto que según mi madre tiene voz “aguardientosa” y según mi padre “se mete más coca que nada”. No me importa, en su música escucho muchas veces las cosas que a mí me gustaría saber decir. El fin de semana pasado lo vi por última vez en concierto. Y digo por última vez porque hay certezas que existen, aunque no nos guste aceptarlas (y otras que aceptamos sin chistar, aunque no existan). La vez pasada canceló el concierto porque lo tuvieron que operar de emergencia, esta vez casi lo vuelve a cancelar porque estando borracho se pegó en un ojo y fue a dar otra vez al hospital. Reposo absoluto fue lo que le recomendó el médico. …pero estando anunciado en el Auditorio Nacional de México nadie puede quedarse acostado en la cama… fueron sus mismas palabras al pararse en el escenario con su traje color uva y sus lentes oscuros. Se mueve un poco más despacio, pero cuenta con la misma pasión sus historias de vida y sus inspiraciones. Se hace acompañar de una serie de sujetos con casi el mismo grado de talento y bellas voces, así que no se le reprocha que de cuando en cuando los deje cantar a ellos y hasta se le agradece su falta de ego. Es simplemente un hombre al que la vida le dio todo el éxito que merecía, no sé si toda la felicidad que necesitaba. Hablando de ídolos, él y yo tenemos al mismo: un paisano mío que murió joven pero  que dejó tras de sí toda la herencia musical necesaria para darle identidad a un pueblo… las amarguras no son amargas cuando las canta Chavela Vargas y las escribe un tal José Alfredo… A mí mis amarguras sí que me las escribió un tal José Alfredo y se abre paso la nostalgia al pensar en que nunca jamás podré verlo ni escuchar su voz en vivo ni tomarme un tequila con él. La misma nostalgia de pensar que Sabina va a morir, seguramente pronto. Si a mí me preguntan, yo volvería a desgañitarme con sus canciones de dolor y desamor, con sus rimas y sonetos y volvería a hipnotizarme en su labia fluida y persuasiva, pero sé que no tendré otra oportunidad. Aproveché cada una que tuve, y le aplaudí de pie, como el maestro que es, como el hombre que escribió las letras más dulces para los momentos más amargos y que puso en palabras casi todo lo que a mí me hace vibrar. Lo peor del amor, es cuando al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos.

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