Puedo afirmar, sin lugar a dudas, que El Pensador, escultura de la autoría de Auguste Rodin, es mi obra favorita dentro de este género. Es, para mí, una obra de arte completa, una obra de arte verdadera, con todo lo que ello implica. Trasciende las fronteras del bronce que le da forma, transmite pasión y vida a través de sus contornos, sintetiza la vida de su creador, proyecta todos los sentimientos e ideas que pudieron pasar por la mente del francés cuando se encontraba absorto en su realización, es el pináculo de una vida de genialidad, pero más importante todavía, es capaz de despertar ideas, sensaciones, sentimientos, pasiones y declaraciones en quienes tienen la oportunidad de admirarla, abandona lo estático de su condición y empuja a una revolución en la mente del espectador.

Ahí está, un hombre a las puertas del infierno de Dante, sentado en una roca, desnudo, dejando ver el estadio más cercano a la perfección que el cuerpo puede alcanzar al retar sus propios límites. Se lleva la mano derecha a la barbilla, con el puño cerrado, apoyándose sobre su rodilla, inclinando su cuerpo al frente, con la vista en el horizonte, abstraído en el cosmos que debe ser su cabeza, su mente, sus ideas, su humanidad.

Siempre que le miro me reencuentro con aquello que nos convierte en humanos, con aquello que no compartimos con ningún otro ser viviente en este mundo, con la misma esencia de la vida de los hombres, con el pensamiento y la razón. Su figura me recuerda la que, a mi parecer es la pregunta más importante de todas las que podríamos formularnos; ¿por qué?.

En contraposición a la sencillez de su composición, formular el cuestionamiento ¿por qué?, conforma para mí, no solo parte de la lingüística que da línea a nuestro pensamiento, sino la base de la abstracción que da luz a todo conocimiento, que da forma al hombre mismo. El animal humano se vuelve ser humano gracias a la palabra, y la palabra deja de describir y pasa a crear cuando la mente concibe la pregunta prohibida para muchos, la pregunta que permite imaginar, evolucionar, entender, descubrir, impulsar nuevas eras, vernos a nosotros mismos y a los demás, pareciera que podemos acercarnos a los titanes cuando nos cuestionamos esa complejidad, cuando preguntamos ¿por qué?.

Las características definitorias del ser humano son la capacidad para amar y la razón, la capacidad para cuestionar, cuestionarse a sí mismo, cuestionar a los demás y cuestionar al medio. En cuanto a la última, hemos sido testigos del paulatino deterioro que ha tenido en nuestras sociedades y sistemas educativos actuales la habilidad para el pensamiento crítico, se ha encasillado a aquel que osa preguntar en el papel de un agitador, de un rebelde, de alguien que incita disturbio y desequilibrio, que amenaza el status quo, la moral y buenas costumbres, y quizás tengan razón, pero la genialidad de las mentes más brillantes y el legado que han dejado en este mundo nos enseña que el progreso, la evolución, el cambio, la revolución y, en general, la culminación de la maravilla que es la vida humana, tiende a ir de la mano de la inconformidad.

La cultura, la ciencia, la tecnología, la verdad, si es que es accesible a la conciencia humana, empiezan cuando el niño pequeño pregunta a su madre, a su padre a su hermano o hermana, a su abuelo, a su maestro, a su amigo, a la naturaleza, a Dios el ¿por qué? de las cosas que le rodean y que sus sentidos le capacitan para apreciar. Indaga en el origen de su vida misma y como ésta fue posible, indaga en el sol, la luna, las estrellas, la lluvia, los animales y plantas, el amor, el odio, la tristeza, la amistad, las leyes que rigen este juego llamado planeta tierra, las leyes físicas, las leyes de la existencia, las leyes de su cultura y nación, de su mundo y finalmente culmina en un sentido que justifique la vertiente de esa vida cuyo inicio algún día le intrigo. Así como nuestro hogar tiene puertas y ventanas, nuestra mente puede ser abierta de par en par hilando preguntas sin parar, parecidas al viento que vence la cerradura y el pestillo. Una vez que somos familiares con la sensación que implica el conocimiento, con el poder del saber, ya no hay vuelta atrás, se inicia el viaje y el refinamiento de este prodigio tan abstracto que es la mente, que no puede funcionar sin un laberinto de células y estructuras cerebrales, cada vez menos misteriosas a los ojos humanos y que sin embargo no pueden explicar por si mismas el fenómeno de la conciencia. El todo es más que la suma de las partes, pugnan algunas escuelas psicológicas, y en este caso es lo más cercanos que estamos de definir lo inaudito del pensamiento humano expresado a través de la palabra, de la pregunta, de la idea.

Es para mí síntoma de una sociedad disfuncional la censura del individuo, sea cual sea su edad y condición vital en toda gama de aspectos, y una muestra de sanidad y humanidad todo aquel que, sin importar el tramo de su vida en que se encuentre, pregunta ¿por qué? y despierta a la capacidad de convertir en posible lo imaginable. Es responsabilidad de nuestra sociedad, de nuestra familia, de nuestra escuelas, de nuestros gobernantes, pero sobre todo, de nosotros mismos, hacer espacio a la crítica y a la duda, al saber, a la aceptación y el ejercicio de nuestra condición de seres pensantes, a nuestra condición humana, que finita como es, puede perdurar como el bronce de ese Pensador.

P2q_900

Advertisements