Desde que comencé a correr, hace ya más de diez años, me di cuenta casi de inmediato que nunca sería el más rápido. Soy demasiado alto y pesado como para poder tener un paso que me permita volar. Honestamente; nunca me interesó ser el primero el cruzar la meta. ¿Por qué? porque nunca he competido contra otro en una carrera o un entrenamiento, la persona a la que persigo siempre he sido yo mismo el día anterior y eso me ha enseñado un par de cosas que me han servido en el resto de mi vida. Mientras salgo de la línea de meta, activo mi cronómetro y comienzo a moverme veo a muchas personas pasarme por los costados. Hombres, mujeres, mayores y menores que yo que dan grandes zancadas y corren pisando el acelerador a fondo mientras yo corro aún más lento de lo usual durante el primer par de kilómetros. Muchos que, como yo, optan por un paso más pausado, se sienten presionados por la cantidad de corredores que les sobrepasan y deciden unirse por inercia. Los miran alejarse frente a ellos, respiran profundo, ponen sus manos en una posición que corte el viento y pisan el acelerador a fondo tratando de alcanzarlos y tener un lugar en la meta junto con los rompedores de récords. Conforme avanzo y llego más allá de la mitad del recorrido suelo ver personas que poco a poco se detienen en las banquetas rodillas flexionadas y manos en los muslos tratando de tomar algo de aire o aquellos que continúan según lo estipulado pero ahora sólo pueden hacerlo caminando porque han acabado con toda su energía, han corrido como caballos desbocados y ahora no les queda aire ni fuerza para poder llegar a la meta aunque sea trotando. Es en ese momento cuando me doy cuenta que en mi aún queda combustible y motivación suficiente para poder alcanzar el objetivo en mente cuando salí de la meta en un principio. ¿A qué voy con todo esto?, es algo muy sencillo pero que no se toma con suficiente importancia en la carrera y en cualquier otra parte de la vida; no se trata de la velocidad, se trata de la resistencia. Algo es cierto, nunca he cruzado primero en ninguna de las carreras en las que he participado pero sí que he podido alcanzar los objetivos que me he propuesto; comenzar en un 5k hasta alcanzar el medio maratón, simple, cierto, pero lo suficientemente importante para mi como para hacerme levantar temprano en las mañanas. A lo largo de mi vida y habiendo conocido las experiencias de éxito y fracaso de muchos otros y las mías propias puedo ver la importancia de aprender una lección tan sencilla. Pasamos, básicamente, por dos etapas; primero, pensar que no podemos cumplir nuestras metas y, segundo, una vez que nos decidimos hacer las cosas lo más rápido y precipitadamente posible para después renunciar a la primera dificultad porque hemos perdido la facultad de resistir los embates, las críticas, los fracasos, de dar una vuelta de tuerca a los problemas porque no es fácil, porque no es rápido, porque vivimos en la era de lo instantáneo y lo automático. Correr me ha enseñado que el primer enemigo al que cualquier persona se enfrenta cuando persigue un objetivo no es la crítica de los demás, las dificultades del medio o los recursos económicos sino su propia voz interna que le dice que no es lo suficientemente bueno, listo, paciente, perseverante o capaz para empezar ese proyecto que le quita el sueño, esa voz que le frena antes siquiera de comenzar y lo aparta no de ganar, sino ya de intentar cualquier cosa remotamente diferente a lo que acostumbra. A la vuelta del esquina, nuestro deseo por conseguir resultados rápidos y fáciles ofuscar la poca o mucha capacidad que podamos tener para establecer objetivos tan pequeños tan grandes como nuestra visión. Cualquier persona en cualquier ámbito que tenga una meta, un anhelo, una visión, un objetivo, una misión debe saber que en el camino habrá cansancio obstáculos dificultades imprevistos fracasos caídas estrepitosas contratiempos inexactitudes y, a pesar de todo esto debe aprender a perseverar, debe aprender a mantener un paso medio pero firme, deberá aprender que los grandes éxitos no resultan de esfuerzos promedios o de fórmulas instantáneas. Los grandes éxitos provienen de grandes secciones de perseverancia y tenacidad, descoger cada día hacer lo correcto y no lo fácil, de batirnos en una pelea sin tregua con nosotros mismos y nuestros miedos, de mantener un paso quizás lento pero siempre constante y firme, de seguir avanzando con determinación, obligar si adversidad, y de saber que los obstáculos pueden romper nuestros planes pero no pueden rompernos a nosotros mismos. Los pies se pueden ampollar y el cansancio puede aparecer pero la persistencia conquista todo. En una época demasiado acostumbrada a lo fácil y rápido pero hambrienta de liderazgos comunitarios, sociales, emprendedores, éticos, humanos es indispensable que aprendamos es para poder crear riqueza, para poder dar voz a quienes no la tienen, para generar igualdad, equidad, justicia, para poder retribuirle nuestra sociedad y nuestra comunidad eso que tanto anhela.470x282_Trail-Running-Team-Vibram_Nicola-Bassi_44181_jpg_banner_1

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