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Una pareja guatemalteca huye de su país tratando de salvar el pellejo. No puede permanecer en su hogar porque sobre él pesan amenazas de muerte al haber desertado del crimen organizado que le había forzado a trabajar para ellos como matón. Ella lleva a su pequeña hija que apenas y ha aprendido a sostenerse en pie. Al llegar a Tabasco están ya en condiciones físicas, y sobre todo mentales, terribles. Ella ha sido violada en múltiples ocasiones y producto de dichos sucesos cuenta ahora con otra hija más pequeñas que aún no llega al año de edad. Los grupos delictivos que les habían obligado a “trabajar para ellos tienen un brazo suficientemente largo como para llegar a México y les siguen la pista hasta el albergue en el que se encuentran. Llegado el momento tienen que huir nuevamente y dejar incompleto el trámite ante migración que les permitiría buscar protección en México. En el camino deben ver, una vez más, incontables atrocidades que nadie tendría que presenciar en toda una vida. Finalmente llegan al centro del país en dónde, aterrados, buscan la forma de establecerse porque no hay forma de regresar lo andado hacia aquellos que buscan terminar con su vida y tampoco hay poder humano que les haga continuar el camino a los Estados Unidos traumatizados ante la violencia dantesca y sin sentido que han vivido en los últimos años. ¿Qué debemos hacer?

Es momento de hablar sobre el tema. No después, no en un foro, no en una conferencia, no es las escuelas, no en los congresos. Es momento de hablar sobre el tema ahora mismo y aquí mismo, en nuestras familias, con nuestros amigos, en el trabajo, en las calles, en donde nos encontremos. No podemos seguir postergándolo. Hay una realidad; mientras se siguen suscitando discursos de odio en la Europa primer mundista y en los Estados Unidos que solían ser una potencia ay ahora sólo son una desgracia postmoderna en México tenemos apenas pequeños exabruptos en este sentido pero ya un historial de años completos masacrando vidas humanas que se cuentan por ls decenas o centenas de miles. Pocos hacen algo, nadie dice nada. ¿Cómo llegamos a esto?, ¿en qué momento nos consumió la apatía, la incongruencia y las mismas muestras xenófobas de las que tanto nos hemos quejado y de las cuales padecemos los prejuicios generados? Si callamos ante el holocausto del siglo XXI seremos igual de cómplices y condenados por la historia como aquellos que atestiguaron el del siglo XX.

Somos vecinos de un país que no reconoce su papel en la desestabilización de la zona de Centroamérica a lo largo de los 70’s y 80’s, que invierte cientos de millones de dólares para convertir a México en un patio trasero que hace todo el trabajo sucio, que arma gente para compartir a los carteles de la droga pero no hace nada para remediar el hecho de que son el primer consumidor mundial de su producto. Vecinos de un país que ha jugado un gran papel en el éxodo de cientos de miles de almas pero que no concibe extender ningún tipo de tregua o ayuda a aquellos que, es un hecho, ya no buscan trabajo sino que huyen de la violencia desbordada y el caos que impera en sus países con una corrupción endémica, falta de infraestructura, carencia de oportunidades de trabajo, secuestro, extorsión y hostigamiento por parte de las Maras.

Nos quejamos hasta el hastío de las injusticias que sufren nuestros connacionales ante el racismo, la xenofobia y la arbitrariedad. Defendemos a capa y espada su derecho a buscar oportunidades en otra tierra porque en la propia se les ha vedado la oportunidad de desarrollar su potencial humano. Asimilamos la idea de que son, en la mayoría de los casos, personas decentes que exportan las mejores manos y mentes que México tiene para ofrecer y que enorgullecen al país por sus aportes y ética de trabajo. Pero, al mismo tiempo, parecemos incapaces de procesar la posibilidad de que nuestros hermanos centroamericanos vivan esta misma realidad. Aplaudimos el aporte mexicano a la cultura americana y a aquellos lugares a donde van a trabajar y nos enorgullecemos de su contribución a la multiculturalidad que hace grande a la humanidad pero nos comportamos peor que los grupos abiertamente racistas de Estados Unidos y Europa, nos brincamos los discursos abiertamente demagógicos y neofascistas que atraen votantes pero saltamos directamente a los crímenes más brutales, a la indignidad más fétida y al silencio más lascerante, cínico y vergonzoso posible. La humanidad atraviesa su peor crisis moral en décadas y nos estamos limitando  ser espectadores pasivos y cómplices por omisión. Alguna vez lo dije; estamos ante el suicidio moral de la humanidad y estamos a punto de apretar el gatillo por nosotros mismos. ¿Es en verdad esto lo que queremos?, ¿es este el mundo y la sociedad que queremos dejarle a nuestros hijos y a todos aquellos que no son el futuro sino el mismo presente de nuestra especie? Debemos asumir la realidad, que ya va mucho más allá de si nos gusta o no, es un hecho establecido. Vivimos una época al estilo Black Mirror en donde estamos presenciando el principio de una nueva era de nacionalismo absurdo, proteccionismo y cierre de fronteras que ya ha comenzado por deportar a los primeros y que terminará por cerrar la entrada a todos los venideros. Las personas que deben atravesar una realidad como la experimentada por esta familia no se van a quedar en sus lugares de origen, es inviable, es absurdo, tampoco podrán , eventualmente, ingresar al vecino del norte. La pregunta que verdaderamente deberíamos estarnos haciendo es ¿en dónde se establecerán?, la respuesta e obvia; México. os guste o no debemos aceptar que en cualquier momento en los próximos 10 años nuestro vecino, amigo, esposo o compañero de trabajo bien podría ser hondureño, guatemalteco, haitiano o cubano.

Este trabajo me ha tenido con los nervios crispados en los últimos días. A veces siento que no puedo más y que quiero renunciar, sé que parece frívolo y sin sentido pero el sólo hecho de pensar en las atrocidades que no yo, sino otros viven, a veces me oprime el pecho, me hace derramar lágrimas y se siente claustrofóbico en mi mente. Me doy cuenta del mundo de diferencia entre saber algo y experimentarlo en carne propia pero no puedo evitar sentir un nudo en la garganta y una piedra de desesperación en mi espalda. pero ¿cuál es la opción?, ¿ignorarlo, pretender que no sucede nada e irme a dormir cómodamente?, no lo creo. Lo único peor que irse a la cama y tener estas cosas en mente es irse a la cama y no poder dormir al saber que estoy rehusando mi responsabilidad. Yo no puedo cambiar la situación a nivel macro que nos ha llevado a estar en esta postura pero si creo, hoy en día, que mi vocación es inspirar, acompañar y transmitir mi experiencia a aquellos que buscan un cambio, a aquellos que, como yo, están sedientos de justicia, de igualdad, de equidad, de humanidad, de paz y de dignidad para todos aquellos a los que les ha sido negado. Y es así que hoy les digo que esto debe hablarse aquí y ahora. Quiero que estas palabras sean un grito de demanda por la dignidad de todos esos olvidados que se han quedado relegados a la consideración de vidas de segunda categoría o prescindibles por los que decidieron vivir en una burbuja confortante. No hay cansancio, temor o amenaza que pueda detener esta sed. Y si estas palabras sirven de algo me gustaría que sirvieran como una invitación a unirse a esta justa indignación por todos aquellos que aún ven en nosotros una opción para formar una familia, una comunidad, un pequeño espacio de seguridad y amor en donde puedan reconstruir sus vidas y enriquecer a la tierra adoptiva. A todos los que buscan unirse; no demoren, porque tenemos trabajo que hacer, esto es una invitación. A todos los que vienen en camino en este tortuoso viaje; son bienvenidos, son queridos, son hermanos. Como alguien mucho más sabio que yo me dijo alguna vez; “si todos somos hijos de Dios, los otros son mis hermanos y son responsabilidad mía”. Si alguien lee estas palabras y más que miedo siente indignación, mi trabajo esta hecho, te invito a unirte y gritar juntos, inspirar juntos.

Dedicado a Mario y su familia.

“Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen.” -Albert Camus

*Todos los nombres y lugares han sido cambiados por seguridad.

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