Después de todo, uno nunca está tan roto. Sólo un poco lloroso y escandaloso en el corazón. Un mucho roto en las agallas, indomables egos y las cosas mundanas: los fracasos, las ausencias, las expectativas resquebrajadas. Pero uno nunca está tan roto ahí adentro, al centro, donde están las cosas del alma.

Esperanza y juego, y viento y alas. Y nubes y retratos que no hemos visto y flores hermosas que van a nacer aquí, donde hoy no Podemos ver nada.

Razones y ruidos, recuerdo y rabia. Y llagas y todo lo que duele y rompe. Y todo lo que sella y sangra.

Estamos como estamos, peor que si estuviéramos bien, mejor que si no estuviéramos más. Y en peligro. Peligro de que nos Secuestre la magia y nos haga pedazos las conjeturas  y a chorros de sabiduría nos recomponga las ganas, y los deseos, y las luces que ya hace tiempo no brillan…

Y en peligro Irreconocible de que lo desconocido y lo incierto nos dibujen nuevos caminos en la cara: el camino a nuevas letras, a nuevas condensaciones de palabras, camino a besos de salvia que no duelen o conversaciones que tocan campañas; campanas que hacen nuevas melodías en nosotros.

O corremos el riesgo de caer en nuevos vértices de la tierra!  En las faldas del mundo, los huesos de viejas eras… en sendas nuevas, necias, Necesarias, que seguras de su lugar en el mundo nos llaman…. Allá donde somos distintos, donde no hay vergüenza, no har rareza: un sitio de transparencia.

No estamos tan rotos porque destruirse todo el tiempo es construirse a la vez…como toda curiosa paradoja.

Seguimos cursos de los que no somos conscientes y estamos en caminos sin nombres… rotos, borrados, sacudidos, cansados… pero aun existiendo mientras nos pensamos y nos conversamos; y nos seducimos con las explicaciones que nos damos. Emigramos de nuevo Indignados, invencibles, derrotados o heridos, pero nos vamos siempre a otro lado.

Mudamos, mutamos, aún siendo los mismos nos transformamos. ..

Ya rotos no nos repetimos ni nos reconstruimos. Rotos y vivos nos inventamos.

Olvidamos que era lo justo y que era lo bello, y lo adecuado y lo sano. Y lavamos la ropa de nuestros significados. Soltamos lo que queremos, porque es también lo que nos hace daño; y las ideas se hacen calambre y los sentimientos espasmo… Y el cuerpo no se soporta a sí mismo aunque esté intacto.

Arrastramos nociones, intuiciones, recato. Guardamos a lo privado las piezas que nos quedan. Ya no las repartimos ni las regalamos; estamos ocupados en esculpir una pieza. Y así vamos serenando, tallando, coloreando materia, entrando en nosotros mismos y abandonando la tierra, y su error y su sordera, y su miseria. Y la sabemos tierra sólo. Y nosotros nos reconocemos arena.

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