MONÓLOGO EN CURSO / (PENSAMIENTO IRRACIONAL Y NO RELACIONADO)

(Te hice una canción güera, a ver si te gusta) Me toma veinticinco minutos quemar doscientas calorías en la bici estática, lo hago más a huevo que de ganas y sin la regularidad requerida para que se me haga hábito, el asiento lastima mis partes íntimas y siempre me representa un problema elegir la música que voy a escuchar, porque, claro, no se puede “hacer ejercicio” sin escuchar música. (Puta madre, ayer había Grosso Modo y no escribí nada) Me toma veinticinco minutos quemar doscientas calorías y aproximadamente treinta segundos tragármelas en forma de una dona, un par de galletas, un chocolate o lo que sea que se me atraviese y tenga suficiente azúcar. Yo no era esta persona. Nunca me había fijado en lo que comía, cuánta azúcar tenía o cuánto me iba a tomar quemarlo. Nunca hasta que subí diez kilos prácticamente de la noche a la mañana y me dejaron de quedar mis pantalones. (El cabello crece, ya lo decidiste, es por una buena causa, tienes que hacer algo) De hecho, me cae muy mal esta persona que se fija en las calorías, escuchando de su madre que el peso no importa, que lo importante es que te sientas bien, bueno, es que no me siento bien con este peso, y a mí si me importa. (Que se case, me vale madres, esa guerra estuvo perdida desde siempre) Además de que bajita la mano, no te preocupes mi amor, los vas a bajar rápido, era culpa de las pastillas, con este doctor vamos a estar mucho mejor. Sí, nuevo doctor, este por lo menos se ganó mi respeto. Una psicóloga que me cae bien y un psiquiatra que se ganó mi respeto. Parece que después de todo sí hay  luz  al final del túnel. (Te tengo que decir algo que está pasando) La vida cambia en un momento, muchas veces dentro del consultorio de un médico. Para bien o para actuar. A final de cuentas mi madre tiene razón, el peso no importa, el cabello crece, mi tía puede usar una peluca si la necesita a razón del cáncer que padece. (¿En qué momento llegó junio?) Cáncer. Otro cáncer, otra vez, otra guerra. Algo me hace pensar que las pastillas que tomo me tienen más o menos permanentemente sedada y no he sido capaz de asimilar la información en la proporción adecuada. Me duele algo entre el estómago y la garganta y estoy segura de que es miedo. Ese maldito bastardo que aparece cuando nos enfrentamos a lo desconocido. ¿Desconocido, el cáncer, estás segura? (Todos los días escribo algo bueno que pasó, es un ejercicio que me ayuda a ser consciente de lo que pasa en mi vida y a ver las cosas de manera positiva) Lamentablemente no. El cáncer llega cuando menos te lo esperas, lo sé. El cáncer es un contrincante misterioso, lo sé. El cáncer mata, lo sé. (¿A qué  vinimos al mundo, si no a ser felices?) Rebotan palabras vacías en mi cabeza. Nada tiene sentido, todo es confuso. Es como las películas cuando aparecen muchas imágenes consecutivas rápidamente, aparentemente no relacionadas pero evidentemente piezas todas de un mismo rompecabezas irresoluble: la vida.

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