El tiempo siempre ha sido uno de mis grandes demonios. Y últimamente el tiempo parece presentarse a si mismo en formas cada vez más grandes. Recién caigo en cuenta de que este año se cumplirán diez años de conocer a mis mejores amigos, a aquellos con los que comencé la universidad y la que, hasta ahora, expandiéndose al día de hoy,  sigo considerando la mejor etapa de mi vida. Diez años de haber llegado a esta ciudad que a veces odié pero otras tantas he amado, inclinándose más por lo último, después de todo hoy en día es mi hogar y me siento a salvo justo cuando entro a ella. Son también, ni más ni menos, siete años desde que este proyecto comenzó. Sí, siete años de escribir para un par de personas en un principio y para, probablemente, ninguna al final. Pero aquí estamos, dos de los tres miembros originales diciendo cosas que quizás caigan en el vacío del mundo pero que, estoy seguro, siempre han sido honestas y con buena parte del corazón en ellas. No puedo decir que el tiempo no siga siendo una de mis mayores obsesiones ni que no me lleve a rozar el absurdo en ocasiones pero, si una cosa he de reconocerle, es que sabe enseñar lecciones como pocos y en esta ocasión no quiero tomar muchos rodeos y simplemente compartir algunas de las cosas que he descubierto en estos años. Muchas veces en base a prueba y error y con más de un descalabro. Pero, eso sí, bien aprendidas.

¿Qué me ha enseñado el tiempo?

  • Que el tiempo no cura absolutamente nada, sólo uno puede curarse a uno mismo.
  • No existe la felicidad sino los momentos felices. Asegúrate de que nunca los pierdas de vista a causa de una que otra situación desafortunada.
  • Nunca seas tú mismo. Si la pregunta es ¿quién soy? jamás podrás cambiar, pregúntate ¿en qué me estoy/en qué me quiero convertir?. Abre la posibilidad de cambiar y evolucionar.
  • Quien no ha experimentado miedo JAMÁS podrá liderear a otros.
  • La certeza es la droga más adictiva que existe.
  • La persona verdaderamente inteligente trabaja por el bienestar de quienes le rodean porque sabe que esto le traerá, eventualmente, su propio bienestar.
  • Familia y amigos son la misma entidad. No están dados por sangre sino por elección. Asegúrate de escoger sabiamente. Ellos serán tu puente al éxito.
  • Puedes fijarte en los gustos o en los valores de las personas. Puedes ver sus defectos o sacar a relucir sus mejores fortalezas. Tú decides qué enriquece más.
  • Nadie con tres dedos de frente sigue a un título académico, una posición en un organigrama, una cartera o un número de followers, sólo a una visión y un corazón suficientemente apasionado.
  • Vivimos en una época que no ha visto una brújula ética, un líder moral en mucho tiempo. Y estamos hambrientos de ello. Debemos ser nosotros quienes nos revelemos de esta manera y asumamos el compromiso y la solidaridad como valores centrales, debemos asumir el compromiso de defender la dignidad y la igualdad humana. Sólo dándonos cuenta de nuestra interconexión podremos avanzar.
  • En la vida como en el running; no se trata de velocidad sino de resistencia.
  • Tú principal enemigo no son los otros; es esa voz dentro tuyo que dice “no puedo, es demasiado, no estoy listo, no soy suficientemente bueno”, es decir, el sentido común.
  • Si tú no crees en ti mismo nadie más lo va a hacer por ti.
  • Nunca veas para arriba ni para abajo, siempre de frente.
  • Hasta el día en que dejemos este mundo hay que reír, especialmente de nosotros mismos.
  • Abrirte a una persona te vuelve susceptible a ser lastimado. Cerrarte a las personas te vuelve miserable.
  • A veces todo lo que necesita el conocimiento es un poco de fe.
  • La única forma de vivir una vida plena es encontrar un propósito que vaya más allá de nosotros mismos y dejar que nos consuma hasta sus últimas consecuencias.

Quizás en otros siete años o quizás la próxima quincena haya descubierto un poco más sobre la vida.

Hasta entonces.

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