Muchos de los estudiantes de las clases de español como lengua extranjera que imparto son gente que tiene tiempo para tomarlas y dinero para pagarlas: jubilados. La gran mayoría gente amable y jovial que está cumpliendo alguna meta, se está preparando para viajar, está satisfaciendo algún capricho o simplemente tiene demasiado tiempo libre. Uno de estos simpáticos viejitos me pidió la semana pasada un ejemplo del pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo: “Mi padre hubiera querido que yo estudiara medicina”, respondí sin titubear, porque estábamos hablando del tema. Él río y me preguntó si era verdad, sí, sí era, y no tuve reparo en admitirlo, reímos juntos y la clase continuó sin mayor complicación. Esta semana el mismo hombre respondió la llamada desde su casa de veraneo en Florida y me mostró acto seguido el panorama que veía desde su ventana: un cielo claro, un mar azul y una playa de arena blanca y fina. Charlamos sobre las actividades que hace mientras está allí: las mismas que cuando está en Ohio. ¿El mar es frío? -pregunté curiosa. “No lo sé, la verdad es que nunca entro al mar”, ¿por qué?, no me gusta, realmente no me gustan las actividades relacionadas con la playa, y tampoco el sol. ¿De verdad? ¿Por qué tienes una casa en la playa entonces? “Para hacer feliz a mi esposa”. Reí sabiendo que hablaba en serio. “Es una estrategia –continuó- mi esposa tiene muchos amigos aquí y ella sale a jugar tenis, a correr, a jugar Mah Jong, a la playa, y yo tengo tiempo para hacer las cosas que a mí me gustan, como tocar la guitarra y aprender español, y así los dos somos felices”. “Es interesante cuántas cosas hacemos por hacer felices a otras personas, ¿verdad?” fue mi flamante respuesta, no sin un dejo de nostalgia en la voz, “sí” dijo él con un dejo de ironía en la suya. Los dos guardamos un momento de silencio que dio cabida a un suspiro de cada lado de la pantalla, y continué la clase. La conversación se me quedó grabada en la cabeza.

Es interesante cuántas cosas hacemos por hacer felices a otras personas. En la crisis que tuvo lugar esta semana me vi acompañada de mi hermano, el pobre sin deberla ni temerla tuvo que acercarme servilletas para enjugar mis lágrimas y abrazarme tímido: me confesé, toda la historia completa con sus sucios y tristes detalles. Me dijo más de lo que podría esperarse, me dijo que yo sólo tenía que ocuparme de mí misma (y de mis perros), y tiene razón. No es que no lo supiera desde antes, es sólo que hay cosas que se tienen que escuchar de muchas formas distintas y de muchas personas distintas para que tengan sentido. Los que quieran comprar casas en la playa para mantener entretenidas a sus esposas y qResultado de imagen para mah jongue así no los molesten, que lo hagan. Yo sólo tengo que ocuparme de mí, y de mis perros.

Nota: no sé qué es el Mah Jong, mi estudiante no supo explicarlo y las imágenes presentan un montón de signos orientales que no tengo el menor interés en comprender. Las reglas parecen imposibles: más o menos como la vida misma.

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