…Pero me temo que he estado haciendo todo por evadirlo y el filo está cortando mi cuerda.

Me desperté con la sensación de haber estado caminando sobre una navaja y haber rebanado mi mente. Miré el retrovisor y vi mis ojos hundidos enmarcados en las ojeras cada vez más notorias. Las llaves del coche aún estaban pegadas y seguía teniendo las mismas pertenencias con las que comencé este viaje; las ropas que llevo puestas y una maleta repleta de recuerdos. Últimamente he estado durmiendo la mitad de los acostumbrado y sonado el doble de lo usual. Eventualmente descubrí que no sirve de nada ponerse una máscara si uno tiene ojos en la nuca y oídos en las manos. Fue en ese momento que comencé este viaje a través del desierto y he estado vagando desde entonces. Subí a este pedazo de chatarra esperando que resistiera el camino y tomé algunas canciones viejas que puedan arrojar algo de sabiduría popular. Arranqué esperando poder llegar a mi destino aunque no estaba seguro de que cuál era exactamente. Ahora estoy aquí y enciendo un cigarrillo esperando poder recordar, al menos parcialmente, cómo fue que llegué a este banco de arena al borde al carretera. Lo intento pero no lo logro, no estoy seguro si los recuerdos nunca se fijaron en mi mente o sí la cabeza me está jugando un truco para protegerse a si misma. Mi corazón palpita rápido, las manos me sudan y mi somos desenfocan. La ansiedad está llegando de nuevo. Abro la puerta del auto y reclino un poco mi cabeza entre las rodillas esperando capturar un poco de aire. Enciendo otro cigarrillo y exhalo de forma ruidosa mientras mis manos recorrer mi cabello, más largo de lo normal, como testigo mudo que ha estado observando por mucho tiempo antes de que te percates de que está ahí, sigiloso y atento. Los sonidos están sobrecargados y llevados al extremo…No one knows. Miro mi reloj que avanza hacia la derecha pero tiene números en posición opuesta, pareciera que quieren caminar hacia la izquierda. Cierro la puerta, arrojo la colilla por la ventana y enciendo el motor. Primera velocidad, el pie en el acelerador. Genero olas de arena que quedan suspendida en el aire mientras me alejo. Definitivamente este lugar no es normal, aquí las cosas suceden y se sienten diferentes, espero poder salir de esta madriguera, eventualmente. El camino es recto y de dos carriles, acelero a fondo y frente a mi se extiende una gran línea que llega a colisionar con el horizonte en el cual hay grandes montañas, arena y un poco de vegetación. A mi izquierda la ventana me muestra una postal diurna, el sol brilla y el ambiente es tranquilo y calmado, un paisaje hermoso pero clamado y cálido. Cada vez que mis ojos apuntan hacia allá puede aparecer un espejismo y pareciera que los oasis se suceden delante de mi. Lo más peligroso es cuando la sed es real pero el agua es imaginaria. A mi derecha la ventana enmarca una noche estrellada pero sin luna. Igualmente hermoso pero frío y potencialmente desorientador. Es el lugar perfecto para detenerse a descansar y recordar. Sin embargo, a veces las estrellas más hermosas son aquellas que dejan una estela; marcan el cielo en su viaje pero después desaparecen al ojo. Algunas atraviesan la atmósfera, otras se desintegran. Uno no puede sino extender la mano tratando de acariciar el cielo y derramar una lágrima por perder esa luz. Al parecer mi camino será así hasta nuevo aviso. Un cielo dividido adelante. Hay varias escalas y puntos de referencia pero se debe ser cuidadoso a quien se le plantea una pregunta. Heaven smiles above me. Piso el acelerador a fondo y sigo avanzando. Sujeto el volante con toda la fuerza que tienen mis manos. La saliva desciende por mi garganta. No me queda nada más que volver a encontrarlos en la siguiente parada de este viaje a través del desierto de la mente y el corazón. A veces el surrealismo es la única respuesta a la realidad de lo doloroso y confuso.

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