Uno no sabe lo que es vivir totalmente hasta que no ha estado a ambos lados de la navaja. Ahora lo sé. Pero me temo que he estado haciendo todo por evadirlo. Sí, ahora lo sé. Pero me temo que he hecho lo que tenía que hacer para anestesiarlo, al menos a momentos. Uno no sabe lo que es vivir de forma completa hasta que no se ha parado del lado inofensivo y del lado afilado de la hoja haciendo malabares de cuerda floja para no salir amputado. Uno no puede decir que ha terminado de nacer como ser humano hasta que el amor y la desgracia nos han hecho ver a los ojos y bailar con nuestras partes más vulnerables, frágiles, luminosas y escondidas. Uno no puede decir que ha andado estos caminos en su totalidad hasta que no ha sentido en los huesos la alegría y la dicha pero también el dolor y la desesperanza. Y es que ahora lo veo. Uno no sabe lo que es vivir hasta que ha experimentado la risa hasta el llanto y el llanto hasta la sequía. No hasta que se ha sido objeto de devoción y adoración incondicional y también ha sentido el calor del cuchillo a traición en la espalda. No, no lo podemos decir. No hasta que se ha entregado el total y más del corazón de uno mismo y también, después, se ha terminado por no saber amar como se merecían a aquellos que más nos amaron sin saber explicar exactamente cómo. No hasta que uno ha desbordado palabras por los dedos y las ha dejado en versos y coros para después quedarse mudo en los peores momentos posibles, cuando una respuesta era demandada, necesaria, exigida, merecida. No hasta que uno se ha enseñado a ver los más mínimos detalles y también se ha quedado ciego a la incertidumbre del otro. No hasta que uno ha escuchado voces en todos los rincones de la cabeza y ha sido sordo al dolor de quien nos ama. No hasta que hemos jurado jamás infringir las heridas que nos fueron dadas y terminamos lastimando a quien menos se lo merecía. Uno no lo sabe hasta que mendiga migajas y después lo tiene todo sólo para dilapidarlo en incontables errores y silencios. Uno no sabe lo que es vivir hasta que no ha golpeado las paredes y después ha tomado una mano gentil y cariñosa que termina soltando por pura lentitud y cobardía. Uno no sabe lo que es vivir hasta que tiene la cabeza llena de pensamientos pero falla en decir sus sentimientos, hasta que se auto complica lo sencillo que era honesto. Uno no sabe lo que es vivir hasta que no se finge que todo está bien cuando todo está mal. Y es que uno no sabe lo que es estar vivo hasta que se siente el haber perdido un pedazo de uno mismo, hasta que se ha cerrado una habitación en el corazón que está llena de recuerdos de momentos mejores, de momentos felices, que sabes que siempre vas a extrañar pero no puedes recuperar por tu propia culpa. Y es que la culpa es algo que no se irá con una simple disculpa o una sesión de psicoterapia porque ahora yo sé lo que se siente haber perdido a quien te amaba y tu fallaste en amar y proteger. Yo no sabía lo que era estar vivo hasta que me resultó imposible borrar la imagen de tu llanto en el último giro que dio mi cabeza antes de salir por la puerta. Ahora sé lo que es estar de los dos lados de la navaja y desearía no sentirme tan vivo porque después de conocer la forma en que me amabas lo único que me hacía falta era conocer el dolor de perderlo todo por mi absurdo y para mi desgracia aún no existen los relojes que giren a la izquierda ni la forma de arreglar mis destrozos. Pero me temo que he estado haciendo todo por evadirlo y el filo está cortando mi cuerda.

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