En días pasados volví a ver una película que disfruté mucho en su estreno; Children of Men. La película se estreno hace diez años y narra la historia del futuro dentro de otros diez más, en el 2027. La trama es sencilla; por una causa desconocida el género humano es incapaz de reproducirse más. El mundo ha alcanzado una situación catastrófica en donde además de la epidemia de infertilidad las sociedades se han comenzado a colapsar debido al cambio climático, la pobreza y desigualdad, así como los conflictos internos. Las pocas naciones “desarrolladas” que se han mantenido en pie han adoptado gobiernos y políticas que rememoran el fascismo de los años cuarenta; predican un nacionalismo extremo y ciego, exaltan la llamada “identidad nacional”, han cerrado sus fronteras a las olas de refugiados de países en caso que buscan asilo y les manejan en campos más parecidos a aquellos de concentración de la Alemania nazi mientras una dura propaganda inunda todos los rincones de la urbes incitando a reportar cualquier actividad y persona sospechosa y a las pocas organizaciones opositoras que quedan. Todo esto mientras los ciudadanos ricos viven aislados en una burbuja excéntrica que acapara arte y remembranzas de tiempos pasados en un esfuerzo por ocultar el gris panorama que hay afuera. Mientras esta sociedad distópica se desarrolla el protagonista, por una cantidad de circunstancias, acaba auxiliando a un grupo que ha logrado a la primera mujer embarazada en 18 años; una refugiada africana que todo mundo quiere utilizar como arma política.

No planeo relatar toda la trama ya que es una obra digna de volverse a ver pero si quiero hacer hincapié más que en los personajes y la ficticia pandemia, en el contexto en el que se desenvuelve. Es curioso retomar la cronología de un estreno de hace diez año que relata un futuro  a otros diez de distancia. Es curioso porque revisando los diez años que han transcurrido desde el estreno hemos presenciado un camino terroríficamente cercano al descrito y tenemos aún diez años para terminar de redondear una catástrofe o prevenir la hecatombe.

Quizás no nos percatemos (aunque lo dudo) pero el paralelismo me parece impresionante. Si tomamos la penosa protesta de Donald Trump como punto para hacer la retrospectiva podremos ver una serie de eventos que terminan encadenándose en una misma serie. Tenemos como presidente de uno de los países más poderosos del mundo a una figura egolatra, narcisista, abiertamente ignorante, que desdeña las instituciones y que llegó al poder recogiendo y empoderando una retórica de odio y segregación que le valió comprarlo con Hitler. Su ascenso llevó a sus contrapartes de otras latitudes a envalentonarse y lanzar candidaturas de extrema derecha en lugares como Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Austria, Filipinas, Grecia y un largo etcétera. Todos ellos usan una retórica incendiaria que pone de combustible los flujos migratorios como amenaza al estilo de vida, a la cultura, a la identidad tan indefinida pero a la que tanto se aferran sin reparar en las causas que los llevan a huir de sus países de origen y que no están exentas de su propia intervención. Dichos flujos migratorios han convertido las rutas que usan en fosas comunes repletas de cuerpos de inocentes y los puntos de entrada en lugares militarizados y férreamente resguardados en donde hay una política de expulsión y deportación y se usa a los países puente como trampas y primeros filtros. Hemos visto gobiernos optar por la división y el proteccionismo por sobre la unión y el dialogo. Hemos visto la negación de hechos científicos como como el calentamiento global negados y la propaganda por la instauración de guetos como una nueva política de estado.

En diez años hemos avanzado de forma escalofriante a un futuro que queda cada vez más cerca de la catástrofe y más lejos de la ciencia ficción rosa con sus autos voladores y armas láser. En donde el desarrollo tecnológico se ha visto pausado por un cacería de brujas y una casi absoluta perdida de valores dignos, humanos y fraternos. La pregunta realmente importante es; ¿qué haremos en los diez años restantes para no acabar exactamente en el mismo hoyo que nos planteamos hace 20?

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