Desde semanas antes de que terminara el 2016 yo ya le oraba a todos los santos que conozco para que se acabara de una buena vez. Con el ocasional pensamiento mágico que a veces se inmiscuye me gustaba pensar que el 2017 sería (ahora sí) una pizarra en banco que quizás nos ayudara a enmendar el rumbo del país y tal vez hasta de nosotros mismos con ayuda de nuestro buenos propósitos. Sin embargo, ya es 2017 mis amigos y aquí estamos; con una gasolina 20% más cara, un dólar que sigue volando inalcanzable, un salario mínimo de 80 pesotes, un país al borde del colapso social, el miedo recorriendo las calles, la sociedad cada vez más polarizada, las desigualdades cada vez más agudas y un presidente que actúa rápido y con firmeza para proteger a la nación…cuando regresa de jugar golf en sus vacaciones.

Ante las reacciones en cadena por le aumento en el precio de los hidrocarburos los mexicanos volvimos a tomar las calles, volvimos a marchar y a protestar seguidos de una estrategia de miedo colectivo de libro de texto clásica del otrora priismo de los 60’s y 70’s pero esta vez con un pin que decía “Somos el nuevo PRI” y “Mover a México”. Mañas cada vez más identificables por la prensa, la tecnología y la ciudadanía actuales que, al menos en cierto sectores, ya no son tan embaucabas como lo fueron otras generaciones. Pero que van a saber los políticos de policial y sociología. 

Viendo así las cosas, nuestro máximo representante, el emperador y excelencia Enrique Peña, ese con familia humilde y centrada salió a defendernos. Salió, sí, de la burbuja en la que viven desde hace años y que se parece más a la corte de Luis XVI y María Antonieta que a la Residencia Oficial (de la corrupción según Google Maps) de un país tercermundista con 60 millones de pobres que sigue teniendo delirios de desarrollo. Y salió para hablar como lo hace un líder. Proclamo un grandilocuente discurso en donde se defiende su sabia y siempre bien informada y mejor intencionada decisión, con tal seguridad que, después del regaño a los ignorantes que tiene por pueblo, hasta nos espetó un ahora famoso “Aquí yo les pregunto; ¿qué hubieran hecho ustedes?” y un (otro) plan de acción para ayudar a la economía familiar (de esos que siempre funcionan, igual que el presentado después de Ayotzinapa).

No sé ustedes, pero en mi humildad e ignorancia cobijada por el manto protector de lord Peña me atrevo a pensar en las siguiente respuestas: que tal si bajaremos el salario a toda la clase política, desde los regidores y burócratas hasta los diputados, senadores, gobernadores y presidente de la república. Quizás podríamos ahorrarnos también los mil millones de pesos que cuesta el nuevo edificio del INE y, ya de paso, evitar comprar un iPhone 7 de veinte mil pesos a cada uno de sus consejeros que, pobrecitos perciben solo salarios de siete cifras cuando los ingratos miserables de los mexicanos pueden ahora comprar ya hasta una tercera parte de la canasta básica con su salario mínimo. Propondría también que nuestras eminencias de la justicia, jueces y magistrados, pierdan sus bonos de miles de pesos mensuales para gasolina y se suban al metro en consonancia con esta nueva vida verde que se nos propone. Y ya entrados en lluvias de ideas; ¿qué tal que regresamos a la idea del servicio público como privilegio y no como mina de oro y le quitamos la pensión vitalicia a los expresidentes?, y pum wey, nos ahorramos unos cuantos cientos de millones de pesos para mantener exiliados y viudas, total, yo estoy seguro que con la gratitud de su pueblo cuando caminen libres y sin guaruras por las calles del país bastará para pagarles sus sacrificios pr la nación. Y como soñar no cuesta nada (todavía), a riesgo de parecer un radical y extremista, propondría un alto a los bonos navideños de legisladores, usar los remanentes del presupuesto en programas sociales y no en alfombras y flotillas de coches nuevos, y, si los reyes magos todavía no van muy lejos y les alcanza la reserva para regresar a México les pediría que, ya de paso, arrestaran y encerraran a todos los Moreira, Duarte, Padrés y compañía y reembolsaran los miles de millones desfalcados a las arcas públicas. Ya como bonus quizás hubiera vendido las casas blancas, las casas de Malinalco y le hubiera pagado a Videgaray apoyo de transporte en lo que aprende y después renegociado su salario según aptitudes, pero ese soy yo.

Sin embargo, conmovido como estoy por los esfuerzos de nuestro líder supremo, soy consciente y también estoy dispuesto a poner de mi parte. Y los invito a todos a unirse para hacer de esto algo significativo. Lo que yo haría sería decirles a todos ustedes que dejemos de una vez y por todas la división y la polarización de nosotros mismos como mexicanos. Mientras sigamos pensando que el gasolinazo es un hecho que sólo afecta a los que tienen automóvil y que yo por usar bicicleta o transporte público no me voy a ver afectado seguiremos dispersos en una diaspora de diferentes realidades que nunca se entrelazan entre si (además de demostrar una franca ignorancia sobre nociones económicas básica por no decir falta de sentido común). Debemos dejar atrás el pleito de secundaria en donde seguimos resolviendo el conflicto y zanjando nuestra filiación en base a si somos “fresas”o “nacos” y las acciones que vienen en consecuencia, mientras no nos demos cuenta que la situación nos afecta a todos por igual y que, si bien nuestras realidades o necesidades pueden ser diferentes, todos en diferente medida sufrimos las malas decisiones y perdemos capacidad de maniobra para ver por le bienestar de nuestras familias. Invito a todos a informarse sobre lo que sucede, a leer la gran cantidad de información que ha surgido en diversos medios reconocidos y con respaldo científico para evitar achacar a un movimiento social los famosos saqueos que, cosa curiosa, son lo más odiado por todo mundo hoy cuando hace apenas nueve doce días el odio era hacia las acciones tomadas por el gobierno, tenemos casi 50 años sabiendo qué son y cómo actúan los grupos de choque como para seguir achacando esto a los “nacos” y a los “revoltosos”, esos que siempre salen a marchar y hacer desmadre cuando el emperador toma una decisión que es perjudicial, claro, perjudicial porque quién les manda tener consciencia y ganar poco. Si me preguntan creo que deberíamos dejar de buscar la solución a esto en las clásicas figuras de la política dado que ya no podemos extraer de esas filas algún personaje incorrupto y también hacer de lado a la rancia esfera intelectual del mundo de hoy en día en donde las izquierdas se han vuelto un grupo de sujetos con demasiados conocimientos técnicos y especializados como para poder articular dos palabras que le hagan un poco de sentido a la persona de a pie que tiene que ocuparse de sobrevivir, aderezadas además con ese halo de superioridad e inteligencia nonplusultra que nosotros mortales, desde luego, no podemos entender. Necesitamos elegir un liderazgo moral, un liderazgo ciudadano que sea capaz de ayudarnos a articular un movimiento unificado que luche desde una misma visón y varios frentes por el cambio que queremos hacer. Debemos despertar nuestra conciencia y la de aquellos que nos rodean y darnos cuenta que todo acto es un acto político hoy en día y que es, justamente, esa participación en los movimientos sociales y los conatos de organización civil los que me empoderan. ¿De dónde surgirá dicho líder?, ¿qué dice la profecía?, de nosotros mismos, de cada uno de nosotros que decida involucrarse, participar, de cada uno de los que decidan que les interesa la política y que quieren dejar de ser pasivos. Confío en que la resistencia civil organizada, dirigida y canalizada en liderazgos comunitarios, civiles, participativos podrá no correr un sprint pero si que puede ganar una maratón.

Hasta aquí mi propuesta señor presidente, eso hubiera hecho yo. Pero quien sabe; quizás usted jam´s lo hará y quizás nosotros terminaremos diciendo hacerlo. Aquí no nos absuelve la historia, nos absuelve el pueblo y estamos recuperando la memoria.

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