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Entre mi constante devenir y todos mis exabruptos, incongruencias, dudas y críticas sobre la religión una parte de mi siempre regresó y se sintió confortada por aquello que nos dice que amemos al prójimo como Jesús nos ha amado a nosotros, hacer el bien sin mirar a quién vamos. Sin embargo, siempre creí que habría que adicionarle una segunda oración complementaria en donde aclararemos que el prójimo no sólo es aquel que se encuentra dentro de nuestros parámetros religiosos, de género, sociales, culturales, económicos, ideológicos y raciales. No. Tenemos una tendencia a olvidar que si todos somos hijos de Dios (cualquier dios) eso significa que aquel que está a mi lado y al cual desconozco o incluso temo es también, por deducción, mi hermano. ¿No deberíamos tener alguna mínima consideración hacia él/ella)? Decía antes que el problema con la concepción judeocristiana de prójimo radica, quizás, en la implícita asignación de este estatus solamente a aquellos que caen dentro de mi radar ideológico/moral; aquellos que comparten mis puntos de vista y mi fe en un único dios. Asumo que si los demás no creen en este dios o escapan al estilo de vida que yo apruebo como correcto aún cuando ellos se identifiquen con la fe o con la institución no serán, entonces, merecedores de esas gracias divinas que me llevarían a mi a verlos como hermanos y, por lo tanto, a comportarme fraternalmente e involucrarme en sus vidas. Esto va más allá y se pueden ver diferencias claras en el estatus socioeconómico e, incluso, étnico de un creyente, llevándonos a una así llamada fraternidad que se presenta como una simple asociación y compadrazgo elitista meramente disfrazado de comparsa pseudo espiritual y altruista. Y así siguen creciendo las profundas divisiones y desigualdades no sólo económicas sino sociales en las que nos movemos en este entramado de categorías sociales que nos gusta creer podemos escalar pero no para desarrollo humano sino meramente como trepadores sociales de espejismos de superioridad. Ya sé que tengo la terrible costumbre de dar introducciones y explicaciones demasiado largas cuando quiero abordar puntos sumamente concretos pero; ¿cuál es el motivo de que hable de estoy hoy y aquí? Sencillo. Me siento horrorizado por las noticias que, supongo, muchos otros han visto en los últimos días. Los sucesos que acontecen en la ciudad siria de Alepo desde comienzo de la semana, me parece, rebasan el entendimiento humano y la más elemental noción de respeto por la vida de un pueblo que ya ha sufrido y derramado más sangre de lo que cualquiera debería jamás. Y mi queja, por más banal que pudiera parecer desde mi posición, me parece que es válida y va en dos sentidos; la intolerable tranquilidad y postura estática de gobiernos que pudiendo hacer algo no lo han hecho aún, por intereses económicos, políticos o del tipo que sean o porque simplemente no son capaces de visibilidad un botín suficientemente valioso como para intervenir (como si la vida humana no fuera suficiente motivo). Estamos tan ciegos en este juego de buscar héroes y villanos, “inocentes” y “victimarios” que somos incapaces de ver que tales sutilezas moralistas (que no éticas) son solamente una gruesa capa de sinsentido ante aquello que siempre permanecerá inalterable y que es bastión para guardar la esperanza de un mundo donde pueda existir, aunque sea, un poco de justicia; la dignidad inalienable e inherente de la vida humana, de toda vida humana. Es aun más patético los estúpidos llamados a no sentir empatía por la situación a manos de mis propios connacionales que siguen llamando a estas expresiones una muestra de un supuesto malinchismo ético o activismo malinchista, ella misma dinámica pues con la que comenzaba en un principio, suponer que si aquellos que están insertos en el mismo contexto que yo apoyan una causa extranjera, una situación fuera de nuestro contexto nacional o cualquier cosa que no ataña directamente a los mexicanos (sin intuir que esto va más allá de nacionalidades y nos llama a la acción como especie) están, automáticamente, desconectándose del contexto local e ignorando los problemas de su propio país, como si no pudiéramos interesarnos, tomar partido o actuar en más de un sentido, como si su plegaria de estar relegando a ciudadanos de segunda categoría a los mexicanos por no “darles voz” ante una supuesta preferencia por los extranjeros no fuera un absurdo y un sin sentido que contradice de la forma más cruel, burda y estúpida a su ciego intento de no cerrar los ojos ante las tragedias y ser ciudadanos activos en la sociedad. Una desgracia si me lo preguntan a mi. Una vez superadas estas dos premisas desviadas ojalá podamos volver a lo que realmente importa; la tragedia que se está sucediendo en el mismo momento en que escribo esto. Si aquellos que tienen poder y aquellos que luchan por dar una voz al pueblo pretenden ignorar las voces de los que sufren y no cederán una mínima parte de poder a aquellos que sólo quieren libertad seamos entonces nosotros quienes tomemos medidas al respecto y hagamos una diferencia. No seamos espectadores de algo que, desgraciadamente, parece acercarse cada vez al escenario de todas aquellas masacres y horrores de guerra tras los cuales siempre decimos “nunca más”. No otra vez por favor.

Para aquellos que estén horrorizados por la situación y quieran aportar algo a las personas que están en campo tratando de asistir a la población civil pueden entrar al siguiente link y ayudar a financiar a los “Cascos Blancos”, grupo civil que ha permanecido en Alepo y se da a la tarea de ayudar a aquellos atrapados en el asedio una vía de salida de la ciudad.

https://www.avaaz.org/es/white_helmets_loc/?fpla

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