Hasta hace no mucho el tema del liderazgo y lo relacionado me parecía algo que se aproximaba mucho más a una moda o a una tendencia en ciertas áreas profesionales que a algo verdaderamente útil y aplicable. Quizás la concepción que solía tener del tema estaba sesgada precisamente porque no había llegado a concebir que un “líder” (así, entrecomillado, porque creo que no necesariamente se dan en esos ecosistemas tampoco) pudiera forjarse fuera de una oficina o de un grupo de gente brainwashed como las que ahora tanto producen las empresas multinivel (y que se acercan más al culto que a un verdadero cambio de actitud sostenido).

Hoy en día la experiencia me ha llevado a aceptar que los líderes y el liderazgo como potencial susceptible de ser desarrollado existe en el mundo pero creo que no es sino hasta que nos topamos uno en acción y que llega a impactar nuestra vida que confiamos en que dicha competencia sí es real y no algo inventado para vender más cursos de autoayuda.

Internarnos en la búsqueda y el desarrollo de estas personalidades termina por romper también el paradigma de los ambientes  en los cuales una persona puede convertirse en líder y desarrollar dicho potencial. Eventualmente nos damos cuenta de que los líderes no necesariamente están en una trasnacional vestido en traje y corbata. Los líderes se encuentran ahí en donde hay organización y voluntad para transformar una realidad.

Los encontramos sí en la organizaciones laborales, en las start ups de los emprendedores y en los ambientes académicos pero también, y muy importante, en los barrios y vecindarios de las comunidades, en las asociaciones civiles y ONG’s que observan y defienden los derechos de las personas y que auditan a los órganos de gobierno, en el salón de clases desde temprana edad, en los equipos deportivos, en las familias y en los grupos de amigos. Y déjenme decirles algo; esos líderes que se encuentran fuera de la formalidad del mundo empresarial son necesarios y son más necesarios que nunca.

No me malentiendan; ni he cambiado los temas sociales por los empresariales ni viceversa, solamente me he dado cuenta de que están mucho más entrelazados de lo que creía y veo que es importante explorarlos y explotarlos porque al final del día son estas personas las que tienen el potencial de cambiar el rumbo de este país, por más trillado que suene. Hemos tenido claro por mucho tiempo que el liderazgo es importante dentro de una organización y para poder desarrollar nuevas empresas que eventualmente generen los empleos y la riqueza de este país, eso no quiere decir que este de más mencionarlo; seguimos necesitando gente (no sólo jóvenes) que estén dispuestos a tomar la batuta y asumir el riesgo para emprender en ideas que nos dejen conocimiento, que creen infraestructura, que irrumpan en la forma de hacer las cosas, que generen puestos de empleo y riqueza pero también bienestar y que hagan su aportación al desarrollo de la sociedad.

Se preguntarán, ¿y cómo se entrelaza eso con los temas sociales que tanto he abordado en este espacio?, sencillo; si un líder es alguien capaz de dirigir esfuerzos, sumar voluntades, generar organización y voluntad para cambiar la realidad y que es capaz de adaptarse a la situación para generar un bien común entonces estamos urgidos de ellos allá en las comunidades más desprotegidas y marginales, en donde la pobreza y la desigualdad hace estragos entre la población, allá en los barrios más peligrosos y violentos en donde el crimen azota a los pobladores y acosa a los jóvenes que no tienen redes de apoyo, allá en el campo en donde la gente tiene que sobrevivir sin las comodidades de los espacios urbanos y sin los apoyos que tanto le gusta a los políticos ofrecer en los tiempos electorales, allá en las vías del tren en donde millones de hermanos migrantes arriesgan su vida en un camino tortuoso de peligros y vejaciones en busca de una vida mejor, allá al lado de nuestros adultos mayores tal frecuentemente olvidados e infravalorados, allá en donde los niños sin hogar necesitan de cariño y esperanza de una vida amorosa, allá en donde las mujeres embarazadas y con miedo están dubitativas sobre su futuro, allá en donde estamos llamados a prevenir el delito y rehabilitar al preso. Estamos sedientes de líderes morales y brújulas éticas que guíen el camino, si logramos conciliar esto nos daremos cuenta de que tan relacionado está el mundo profesional y el mundo social en este país.

Un líder, ahora me queda claro, no puede ser aquel paternalista que llegue en forma mesiánica a resolver los problemas de un grupo de personas y genere dependencia hacia su figura porque mantenga en la mente de la gente que le necesitan para arreglar las cosas, no. Un líder debe de generar un equipo de trabajo que esté dispuesto a ser equitativo y aportar sus talentos para superar el reto, debe de saber posicionarse al frente y también esperar tras bambalinas pero, sobre todo, un líder debe tener sumamente claro que su misión no es “rescatar” desprotegidos sino, por el contrario, detectar y creer en nuevos líderes y desarrollarlos hasta que se incluyan y expandan la causa que les incumba. Solamente así podremos generar un semillero de personas que por primera vez puedan cambiar de verdad eso que tanto nos disgusta de nuestro país y cultivar esas cosas que lo hacen tan valioso.

Las preguntas verdaderamente importantes son; ¿estoy dispuesto a participar de esta cultura?, ¿qué estoy haciendo para ser ese líder que quiero ser? y ¿Cuántas personas estoy inspirando, apoyando y desarrollando?

-Omar Ojeda

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