En semanas pasadas se publicó una fotografía que mostraba a agentes de policía en Promenade des Anglais, Niza, en Francia, junto a una mujer que era instruida a despojarse de su burkini, traje de baño muy usado por mujeres musulmanas que deja expuesto solamente pies y manos. Esto se dio después de que quince poblados del país galo declaran la prenda como ilegal después de los temores por más ataques terroristas como el del camión que irrumpió el día de la Bastilla precisamente en esta localidad.

Si bien el Consejo del Estado francés, la mayor autoridad administrativa del país, anuló el decreto por considerar que los alcaldes sólo pueden restringir libertades fundamentales en caso de “riesgo probado” al orden público se han reportado multas en diferentes localidades por portar dicho atuendo o simplemente el velo característico. Y esto llama la atención porque abre un antecedente en la jurisprudencia al mismo tiempo que genera una polémica sobre el significado de dicha acción. ¿Es este el camino correcto para prevenir más acciones terroristas como las que ha sufrido el país el último par de años?

De entrada creo que la respuesta más directa es un simple no. Pero toma argumentos explicarlo y más, si como en este caso, se cruza con otro tema urgente hoy en día como lo son los derechos de las mujeres. Expliquémoslo. ¿Qué sentido tiene aplicar esta medida? el argumento principal para su defensa es, desde luego, la supuesta prevención de posibles ataques terroristas cuyos perpetradores pudieran usar la prenda para esconder materiales o armas además de la defensa del “laicismo” francés, el tinte ideológico pues. La lógica no nos permite sostener esto; ¿no sería necesario entonces prohibir en los balnearios franceses estar vestido con ropas casuales, trajes de buzo o cualquier otra indumentaria que permita ocultar objetos?, ¿qué pasaría si un sacerdote o un rabino acudieran a la playa con sus vestimentas religiosas, se les obligaría a ir de “civil” también? Es claro que existen muchas más formas de perpetrar un ataque terrorista que con un burkini lo cual nos hace dudar de la efectividad de la medida como prevención. Si seguimos la lógica del laicismo deberíamos entonces ser conscientes de que un estado laico aplica a todos los credos y no solamente al islam, hacerlo de otra manera implicaría, más allá de un estado separado de las diferentes religiones, un estado que discrimina y persigue una fe en particular. y ¿por qué es una mala idea hacer tal cosa?, sencillo, porque ayudamos a los grupos radicales a cumplir su cometido justo de la forma en que esperan que lo hagamos.

En el ciclo del terrorismo que ejercen grupos como el autodenominado Estado Islámico o DAESH el atentado busca generar un estado de pánico en la población afectada que lleve a esa sociedad a la polarización. Mientras que gobiernos, medios de comunicación y ciudadanos culpan a la religión islámica y a los musulmanes en general como culpables de los actos terroristas los crímenes de odio y expresiones xenófobas llevan a la comunidad afectada a una marginalización aún mayor de la que ya de por si viven, generando sujetos vulnerables, resentidos y fácilmente sugestionables por la propaganda de los reclutadores extremistas comenzando el ciclo otra vez. Puesto de forma más corta. Insistir en apuntar el dedo y castigar a una religión y una población por los actos de un grupo en particular lejos de ayudar genera justo el tipo de rechazo del cual se valen tales grupos para sumar militantes a sus filas. Mientras no exista tolerancia, aceptación e inclusión en nuestras sociedades no podremos combatir la amenaza del terrorismo de forma efectiva. La mejor vacuna ante la radicalización es crear caminos para la aceptación y fortalecer el tejido social de la diversidad en nuestras comunidades y barrios.

Ahora, si a esto sumamos que la medida en cuestión recae particularmente sobre las mujeres, no podemos evitar sino resaltar lo inapropiado que resulta en una época que pareciera atestiguar un retroceso en las garantías individuales y un aumento en la violencia hacia ellas, más aun cuando se ha probado la ineficacia de tales medidas desde la óptica de seguridad pública. No se puede más que tachar de absurda una medida que afecta las creencias, la libertad de credo y de conciencia de las mujeres mientras carece de una contraparte que aborde el equivalente masculino, ¿o es que solamente las mujeres cometen actos terroristas?, ¿acaso el laicismo solamente alcanza a las mujeres y los hombres tienen derecho a violarlo?, y sobre todo; ¿es el estado laico un concepto opuesto o incluso superior a la libertad de credo, la libertad de conciencia para vestir que tienen las personas de verdad puede oponerse al laicismo y al estado francés?

Supongo que hoy en día una de las peores cosas que pueden pasarte es formar parte de más de un grupo vulnerable, no solamente ser musulmana sino también mujer. Doble prejuicio, sobre estigma, doble dificultad para vivir libremente. Y si quizás aun quedan voces que minimizan la problemática les preguntaría esto; ¿es valido, para prevenir el terrorismo, despojar a un grupo de personas de sus derechos fundamentales?, si la respuesta es sí, quizás provengas de una situación en la que nunca has tenido que pelear por acceder a un derecho que otros tienen y dan por sentado, al tiempo que te lo niegan a ti por la perpetuada creencia de que tu naturaleza es estar subyugado a otro más “capaz”, más “apto”.

Como elocuentemente resumió una persona que comparaba la imagen en Francia con otra de 1925 en la que un policía mide el largo del traje de baño de otra mujer la pregunta sigue siendo: ¿cuando será posible para las mujeres vestir lo que se les de su gana?

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