La verdad sin edulcorar es que siempre me ha gustado llevar la contrataría, soy testarudo y respondón, también bastante renegón pero, en el fondo, siempre he sido un tipo bastante cuadrado, lineal, estructurado, aferrado a sus certidumbres y costumbres.

He buscado siempre nuevos horizontes pero la rutina me sienta bien. Soy curioso, descubrir nuevas latitudes y nuevas personas, aprendo de todo un poco, doy saltos de fe pero siempre en cada riesgo que he tomado me he empeñado en encontrar y aferrarme, si no es que crearme, un punto de certidumbre, de tranquilidad y de comodidad. Un punto, un algo, un cualquiera en el cual pudiera cerrarme otra vez y que eventualmente hubiera de soltar para aventurarme una vez más por qué hoy me doy cuenta que no existe tal paz sin guerra. Todo Brave New World tiene su porción de distopía y de conformidad.

Y mis manos son como ventosas aunque yo muy bien podría parecerme más aún cangrejo ermitaño que a un pulpo. La comodidad y la practicidad de las conchas me va bien. Soy como esos desgraciados; camino de un lado a otro sin reparo pero siempre cargo a cuestas mi guarida y luego aprieto la tenaza. Como dice la canción que escucho ahora; hay tres hilos que me amarran los dedos de mis extremidades.

Pero en toda historia siempre hay un pero, y esta no es la excepción. Igual que en las relaciones enfermizas, a uno a veces le suceden cosas que le hacen replantearse puntos verdaderamente a importantes, quizás no trascendentales, pero a mí me parece que sí y punto, libro y seguido porque después uno reconecta con su dignidad y sube los escalones de la autoconfianza tan autoayudador como suena. Y entonces uno empieza a preguntarse ¿qué pasaría si?

¿Qué pasaría su corto la codependencia?, ¿qué pasaría si me la empiezo a creer?, ¿que pasaría si comienzo a ver más allá de donde estoy parado ahora mismo?, ¿qué pasaría si busco cómo influir a las personas en vez de cómo recibir un salario cada quince días?, ¿qué pasaría si hago caso del sentimiento que tengo cada vez que acabo un proyecto propio?, ¿qué pasaría si mis alumnos y pacientes me pudieran enseñar más de lo que yo puedo enseñarles a ellos?, ¿qué pasaría si hubiera aprendido lo suficiente como para enseñarle algo a alguien, a cualquiera? Quizás sea hora de averiguarlo.

Sea cómo sea, la parte más importante de todo esto no es averiguar si tendré éxito o no, porque después de todo siempre habrá más opciones y acotamientos que te lleven a los caminos que uno ya ha recorrido. No, lo más importante de todo esto es aprender a creerse capaz del logro y aprender a apreciar las cosas que uno, sin vanidad, es capaz de lograr. Todo cangrejo tiene que, eventualmente, abandonar la concha y hacer de tripas corazón para ser retomado por la ola y su espuma hacia el mar, con sus corrientes y vicisitudes, en busca de una nueva playa en donde pueda, quizás, ya no enconchar sino dejarse llevar, porque siendo honestos; las mismas arenas sirven para los cangrejos pero, replanteando mi entero ejemplo, yo no soy un cangrejo, yo soy alguien que tiene potencial de ser y hacer y eso es a lo que estoy llamado. Así que, confuso, incoherente y contradictorio como soy allá voy, haciendo camino de la única forma que hay que es andándolo(y de paso le pierdo el miedo a los madrazos) que esto es como mi tatuaje, no del gusto de todos, pero mío a fin de cuentas, parte de mi, habitante de mi piel y deseo cristalizado. Tengo la esperanza de que esto lo será también que hacerlo por si mismo ya es logro.

Para no seguir aumentando el suspenso lo mejor es concluir los puntos llanamente; esta es la historia de como he decidido renunciar a las certezas y al trabajo de oficina para aventurarme en mis propias inquietudes profesionales o, como lo pondrían los Kaiser Chiefs:

“I’ll leave the party in style

and not to be carried out.”

Adios.

Advertisements