Aquí estoy, sentado, escuchando covers de David Bowie en la voz de rockstars actuales que visten camisetas que rezan la leyenda “Give A Damn” mientras pareciera que a mi no pueden importarme menos todas las cosas que, para ser honestos, siguen siendo mi responsabilidad, pero que, siendo realistas, estoy cansado de hacer. Es curioso que nada pueda motivarme tanto como eso que no estoy obligado a a hacer y que pocas personas reconocen porque no depende de ninguna organización ni tarjeta de negocios.

Aquello que de los ciclos que no se cierran se repiten siempre me pareció una aproximación geométrica a la vida muy cuadrada y cerrada pero aquí estoy, más confundido que nunca. Y es curioso porque juraría que yo ya había estado aquí, navegando la incertidumbre con velas izadas y tan seguro de mis crisis que las hice eso; mías. Y me dejaron tan seguro de mi mismo, tan listo para dar consejos, tan experimentado y tan plantado en mi raíces que de repente quise despegar el zapato del suelo y no supe exactamente como hacerlo sin tambalearme.

Hoy pareciera que no soy el único porque muchos repetimos/reciclamos y otros jamás logran avanzar pero las posiciones sí que suelen cambiar. Tendemos manos pero los pies están en lugares muy diferentes y las conciencias hace mucho que dejaron de sentirse culpables. Y es que estoy rodeado de amigos que se están abriendo paso en el mundo a base de tomar riesgos y saltos de fe como los grandes y a mi ya me da un poco de pena volver a escribir de esto en el mismo estilo porque debería yo haber dejado la universidad atrás hace mucho tiempo pero al que no puedo dejar atrás es a mi mismo. Y ese yo mismo tiene decisiones que tomar y un plazo límite si no quiere convertirse en esa persona que tiene muchos proyectos pero nada concreto.

Sí, soy un procrastinador de primera y mi prosa no es la más cultural del idioma español pero a veces es necesario hablar sobre uno mismo y sobre lo que le pasa en orden de encontrar cierta satisfacción, ciertas respuestas, cierto consuelo y un poco de música para los momentos relevantes de la vida. Una disculpa al “equipo de trabajo” pero esto ha llegado a un nivel de absurdo para un servidor que incluso se hace difícil comprender su idioma y sus términos. A veces me da la impresión de que vivimos en grandes castillos de burbujas que siempre están al borde de reventarse por su naturaleza ficticia pero que al mismo tiempo sostienen la vida de millones de personas que ven más allá pero jamás se han asomado más adentro. Y no pienso quedarme a la implosión de una vida de espejismo, competencias, unidades de negocio y habilidades gerenciales.

Estoy seguro que no estoy haciendo mucho sentido con esto para nadie que no sea yo mismo pero aquí estoy, sentado en el mismo sillón, escuchando música de hace diez años con bandas que se suponía deberían estar separadas y enterradas pero que han regresado porque todo apunta a que esto es 2007 otra vez y yo había olvidado lo jodidamente lento que es hablar de uno mismo. Intento ser lo suficientemente hábil para salir bien librado de esto mientras comparto habitaciones con amigos de la universidad una vez más sin resultar ridículo o fallar estrepitosamente en mis intentos de heroísmo como todas esas bandas que “definían tu vida”. Sólo hay una forma de verdaderamente vivir con convicción; ser fiel a tus valores, beber con tu conciencia, caminar con la cara en alto, siempre tener un plan b y, por sobre todas las cosas, armar un buen soundtrack.

I’m an alligator, I’m a mama-papa coming for you

I’m the space invader, I’ll be a rock ‘n’ rollin’ bitch for you

Keep your mouth shut…

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