– Piensen en una historia de amor- pidió la profesora.

-Romeo y Julieta- fue la primera respuesta.

-Muy bien, ¿de que se trata?-

-Es sobre dos jóvenes que se enamoran y no me acuerdo los detalles peor al final mueren.

Los estudiantes de español como lengua extranjera de nivel elemental no se caracterizan por su elocuencia.

-Exacto David, gracias. ¿Alguien más?-

-Titanic-

-¿Y cómo termina Titanic?

-Hay un chico pobre y una chica rica y después de pasar mucho tiempo juntos en un barco, la vida y la muerte los separan: ella sobrevive y él muere ahogado-.

-Gracias Mike-. ¿Otra?

-El Conde de Montecristo- esta respuesta era original, por lo menos-.

-¿Qué pasa en esa historia?

-Mercedes pierde a su verdadero amor, se casa con otro, rico pero a quien no ama y que al final se suicida, quedando sola y pobre. Trágico.

 

Los estudiantes se dieron cuenta de por dónde iba la cosa…

 

-¿Alguien más?-

-Todas terminan mal-, dijo una joven chica cuya cara de sorpresa expresaba más que sus palabras.

-Todas terminan mal-, repitió la profesora. Vamos a escribir un final para esta historia, quiero saber que pasó con Alex, Rosa, Beatriz y el doctor Urquijo. En pretérito indefinido, obviamente, utilicen todos los recursos que aprendieron en la lección. Las instrucciones fueron claras, y los resultados de la tarea tan variados y creativos como podrían ser, desde que a Alex se lo comió un tiburón en su luna de miel con Beatriz hasta que todos vivieron felices para siempre -en casos contados-. El final es lo de menos en el ejercicio, ya que el propósito es practicar el pretérito y la satisfacción de la profesora al ver que sus pupilos aprendieron algo y además se proyectan en sus historias: nunca falta la solterona que busca un final de Disney, o la feminazi que hace que las chicas sean independientes y a los hombres les vaya mal. O el anciano que intenta darles a todos una gran lección de vida. El ejercicio siempre es divertido e interesante, pensó la profesora, aseverando una vez más que su parte favorita es cuando los estudiantes se dan cuenta: las grandes historias de amor no tienen un final feliz. Algo dentro de ella se remueve mientras se lo repite: las grandes historias de amor no tienen un final feliz. ¿Será eso? ¿Será ese simple argumento Shakespeareano el que hizo que, por romántica, renunciara a una gran historia de amor en pos de la tranquilidad y el buen juicio? ¿Será que todos los grandes amores se deben someter a la tragedia con tal de llegar a la posteridad? ¿Será que la gente común ama de formas comunes, mientras que los complicados aman de formas complicadas, e imposibles?

 

Por supuesto que las grandes historias de amor no siempre son de amor: son de pasión, de traición, de locura, de mentiras, de amistad, de inconvenientes, de caminos cruzados y caminos separados, de dolor, de despecho, de tortura, de escritura, de tristeza, de abismos interminables, de espirales autodestructivas, de escuchar la misma canción una y otra vez esperando una nota distinta, las grandes historias de amor son de todo, menos de amor.

Advertisements