-¿Qué te hace pensar que no son ataques de ansiedad?- la serenidad en su voz me molesta, ¿cómo puede mostrarse tan imperturbable ante todo el sufrimiento que presencia? ¿cómo puede mantener la calma?

-No siento que me voy a morir, ni me duran menos de diez minutos- respondí tajante y segura de mí misma.

-Eso es un ataque de pánico-.

-No sólo me hizo sentir estúpida, sino acorralada: sí son ataques de ansiedad. Acéptalo: son ataques de ansiedad, no son “arranques”, ni “nervios”, ni “llanto incontrolable”, son ataques. Cuando uno lo dice así, con todas sus letras, un peso se quita de la cabeza y se va al estómago. Lo que te pasa tiene nombre, tiene apellido, no vive sólo en tu cabeza, y difícilmente se va a ir. La psicóloga puede pararse de cabeza, y cree que funciona, pero yo sólo le digo lo que creo que quiere escuchar, y a veces funciona. No hago la tarea ¿a quién quiero engañar? El remedio me hace sentir peor que la enfermedad: ni de loca voy a llenar mi casa de postits para mí misma o de altares para todos aquellos que me han dejado alguna herida. Bueno, qué digo, si sí estoy loca y aún así no lo hago. Sin embargo estoy mejorando ¿por qué?

Las drogas lo mitigan, por supuesto, y más con el ajustillo -intencional o accidental- que hizo el psiquiatra. Hasta  he llegado a sentir que no tengo porque pasar todo el día dormida. He sentido ganas de quitarme la pijama, de salir a pasear con mi perra, de cocinar, de ver a mis amigos. Me estoy empezando a sentir capaz de hacer algunas cosas, de ir al parque los fines de semana y de enfrentar el futuro. Estoy buscando actividades para distraerme, teniendo tiempo o no teniéndolo, porque no quiero voltear a verme a mí misma y darme cuenta de que el corte de cabello no funcionó, que no cambió nada en mí, más que un par de centímetros y un motivo más de frustración. No me quiero ver a mí misma porque ya no me reconozco, tengo la vista nublada por las drogas y el juicio trastornado por todas las opiniones que escucho, profesionales y no, de lo que debo y no hacer: mi madre: ¿cuándo vas a dejar de temblar?; el psiquiatra: no dejes el medicamento y no tomes tanto té, no sabemos qué te puede hacer; la psicóloga: debes dejar el medicamento lo antes posible; el naturista: come verduras, toma té y evita el café y el chocolate; el médico: te tienes que operar; mi novio: todo está mejorando, vas a estar bien… ¡Pum!

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