La madrugada del pasado domingo ocurrió una tragedia en Orlando, Florida. Un hombre de 29 años llamado Omar Mateen arribó al club gay Pulse con un rifle AR-15 y abrió fuego contra los presentes matando a 49 personas e hiriendo a otras 53. En momentos posteriores dicha persona murió abatido por la policía que llegó al lugar para auxiliar a las víctimas. Según algunas versiones el hombre solía asistir al club y según algunos otros, durante una llamada al 911, él mismo juró lealtad al Estado Islámico. Lo único cierto es que un hombre que ha sido descrito como “desequilibrado” por su círculo cercano volvió a tener todas las facilidades para acceder a un rifle de asalto y masacrar inocentes.

Mi opinión respecto al tema de las armas es clara; me parece que raya en lo absurdo que organizaciones como la NRA achaquen estos problemas a la “corrección política” de Obama respecto a lo que ellos llaman “radicalismo islámico”, me parece inverosímil que más gente muera en tiroteos masivos que en guerras porque se insiste en dar todas las facilidades para acceder a un arma en cualquier supermercado y exista resistencia a siquiera retomar el debate ya no de los motivos sino de las soluciones al problema.

Sin embargo, mi intención no es abordar el tema armamentístico sino dos puntos de fondo; la homofobia y racismo que sigue imperando así como algo que podríamos llamar la “categorización” de la tragedia.

Constantemente me digo a mi mismo que debería de buscar temas nuevos sobre los cuales escribir pero, a riesgo de sonar sumamente pedante, constato que no hemos avanzado en cuestiones tan elementales. Recuerdo que fue en el segundo número de esta revista (que va ya por su sexto año) cuando hablaba del racismo imperante de forma más o menos implícita en la sociedad y el lenguaje de México. Nos consideramos un pueblo cálido y receptivo, amable con todos y sumamente “amigueros”, a excepción, claro, de aquellos a quienes consideramos diferentes/inferiores/indeseables. Es una desgracia seguir viendo, escuchando y leyendo comentarios y opiniones sobre cuanto se “merecían” estas personas lo que les sucedió, ¿por qué? porque el simple hecho de ser homosexual es y negros.

Hace ya un tiempo que he tratado de deshacerme de un vicio que tenía en exceso; la revisión de los comentarios de la gente en las notas periodísticas. Tristemente suele ser una radiografía de lo que nosotros com sociedad pensamos y, por lo tanto, de lo que somos, porque con estas expresiones y estas ideas delineamos síntomas que nos hacen ver el profundo desprecio, ignorancia ay odio que todavía mucha gente alberga hacia el diferente, hacia el otro, hacia ese que no alcanza a entrar en mi círculo de conocidos, no importa si soy rico pobre, capitalino, provinciano, la ignorancia es un cáncer que hace metástasis en la sociedad mexicana y que amenaza con matar la porción de humanidad que nos queda. Preocupante es también que mostremos ser un pueblo que aún está a años luz de basar su conversación en la evidencia, la ciencia y la razón, somos aún un pueblo de bilis, de impulsividad, de sin sentidos emitidos al calor del momento y que no ha llegado a madurar lo suficiente como para cuestionarse sus propios prejuicios cuando se encuentra con argumentos que apuntan en la dirección opuesta (sobre todo en el tema de la homosexualidad), seguimos creyendo que pensar o creer algo nos hace tener razón, una desgracia para el pensamiento crítico. Pero desgraciadamente lo más preocupante es, como en muchos casos de ignorancia, no que alguien emita tales juicios, sino la cantidad de gente que los endosa.

Finalmente, como mencionaba, me sigue preocupando sobremanera esa desafortunada “categorización”, esa clasificación de la tragedia en valida/invalida, legitima/ilegítima. Como si la vida humana fuera susceptible de ser puesta en peldaños, como si pudiéramos tomar a los fallecidos en actos atroces y decirles: “tú eres un muerto de primera clase, a ti te vamos a llorar y nos vamos a indignar, tú…tú no, tú no deberías estar siendo lamentado”. ¿A qué me refiero concretamente? a este racismo y clasismo inverso que se da cuando decidimos que una tragedia como la de Orlando no debería de ser lamentada por los mexicanos por que algo muy similar ocurrió en Veracruz y nadie dio nada pero…¿en realidad funciona sí? En primera hablamos de una nota nacional que, sin embargo, se difundió principalmente a través de internet y no por los medios tradicionales que son de donde toman la información la mayoría de la población, por más que esto contravenga ideas revolucionarias de sofá les recuerdo que la mayoría de mexicanos no tiene acceso a esa maravillosa herramienta del internet y no, las televisoras no suelen publicar masacres como esa. Creo yo que estamos, por principio de cuentas, pasando por alto un sesgo muy grande en cuanto a las fuentes de las cuales tomamos la información asumiendo que todos podemos acceder a las mismas herramientas cuando en un país de contrastes como este no podemos asumir tal cosa y deberíamos de enfocarnos más a generar criterio que ha juzgar a aquel que no conoce una noticia local. He visto el mismo fenómeno muchas veces y me parece preocupante; es la misma historia que los atentados de París y Líbano, criticamos la empatía que puede suscitar un evento porque consideramos que eclipsa o que de alguna forma invalida al otro. Seamos francos; a nivel inconsciente e implícito decimos que una vida vale más que otra. Es un mecanismo curioso; hablamos en defensa de la igualdad, de los desprotegidos, de aquellos que no tiene voz y han sido excluidos, marginalizados, nos rasgamos las vestiduras porque nadie toma en cuenta las vidas del mal llamado “tercer mundo” pero, un momento, ¿no estamos nosotros haciendo lo mismo hacia aquellos a quienes vemos ricos, rubios y primer mundista?, ¿no es esto una muestra evidente de clasismo hacia personas en situaciones más privilegiadas? Porque que quede claro, podrán ser ricos y primer mundistas y el adjetivo que queramos, pero, ¿desde cuando la nacionalidad comenzó a importar par lamentar la pérdida de vidas humanas?, ¿no es eso lo que demandamos de ellos, que volteen a ver la tragedia ajena?, ¡dónde queda nuestra congruencia? Aquellos que reclaman volteemos a ver la tragedia nacional en detrimento de lo que sucede en otras partes del mundo están perdiendo de vista algo muy importante, la vida humana tiene el mismo valor y dignidad en cualquier situación. Que muchas veces somos candil de la calle y obscuridad de nuestra casa, sí, es cierto, pero esto no ayuda, sólo muestra una vez más como aún perdura en el patio trasero de nuestra mente ese gusanillo que nos lleva a caer en la tentación de creer que la vida humana tiene diferentes valores y que existen ciudadanos de primera y segunda clase.

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