Hace ya bastante tiempo que me basta el simple hecho de salir a la calle para contemplar la profunda desigualdad que hay en mi país, en mi estado, en mi ciudad…a unos metros de mi fraccionamiento. Son muchos los artículos también que nos hablan del punto de inflexión que está viviendo la humanidad; nunca jamás la distribución de la riqueza había sido tan inequitativa como lo es hoy en día. Un puñado de personas en el estrato más elevado de la escala socioeconómica acumulan la misma cantidad de bienes que la mitad más pobre de la población mundial. Tres mil quinientos millones de personas y contando. En el mundo hay hombres que acumulan más de sesenta mil millones de dólares coexistiendo con gente que come mierda (literalmente) para no morir de inanición. Mi propio país ha generado a unos de los cinco hombres más ricos del mundo y también a más de cincuenta millones de pobres, más de la mitad de estos viven en lo que aquellos que viven en el papel llaman condiciones de miseria o paupérrimas, se mueren de hambre pues, ¿por qué? porque ganan un dólar o menos al día.

Igual de grave y triste es salir a la calle y hablar con el vecino, con mis compañeros de trabajo, con quien tengo al lado en la mesa, en la fila del supermercado, con el chofer del taxi…con mi familia y amigos. Encender la televisión y escuchar a “los famosos” con salarios inflados, generalmente callados a cualquier tema relevante y carentes de criterio cuando hablan, decir que los pobres necesitan chingarle más (así textual). En fin, no puedo negarlo, es triste y es frustrante escuchar a gente que conozco, e incluso a gente que quiero, decir que la igualdad no sólo es un mito sino algo que debería de evitarse, algo que es peligroso, que es amenazante. ¿Por qué? porque de alguna manera hemos aprendido o nos han enseñado, no estoy seguro, que la riqueza es ilimitada, que de alguna forma nosotros tenemos este “derecho divino” a vivir no en abundancia, sino en exceso, nos creemos intrínsecamente mejores que los demás y en un círculo vicioso evidente tememos a la equidad porque presuponemos que para lograrla tendríamos que renunciar a algo de lo nuestro, cuando por principio esos excesos (repito, no abundancia, es diferente) no deberían haber llegado a nosotros a costa de quitar el pan de la boca de otros.

Contrario a lo que podríamos pensar la riqueza existente en el mundo no es algo infinito. Hay sólo una cantidad finita de riqueza a la cual la humanidad puede acceder y esa riqueza existente ha sido acaparada por un infinitesimal porcentaje de la población dejando desamparada al resto. No pretendo decir que todos deberíamos pasar hambre o renunciar a nuestras posesiones como ascetas pero sí creo que tenemos un par de cosas al revés. Por poner un ejemplo sencillo; educación. Creemos que acceder a la educación superior (al menos en México) es algo natural que todos pueden y deberían disfrutar cuando la realidad es que una centésima parte de la población que accede a la educación primaria podrá llegar hasta la licenciatura (otra vez un dato real) y, desafortunadamente, a muchos esto les hará creerse poseedores de una autoridad moral o pertenecientes a un club que excluye a los demás, es decir, creen que una serie de atributos elitistas que se ha autoimpuesto los hace merecedores de la mejor educación y presuponen que esto a su vez los confirma como parte de este club cuando en realidad alguien más se está quedando sin educación para poder costear su estilo de vida. ¿Qué hacer? No pretendo que alguien responda renunciar a la oportunidad de estudiar, pero sí que se dé cuenta de que lejos de un privilegio, se adquiere una responsabilidad de retribuir a la sociedad con los conocimientos adquiridos. La educación no es una herramienta para excluir, es una herramienta para retribuir. Y así muchos ejemplos más.

Tampoco quiero ser pesado o redundante así que trataré de ponerlo en la forma más sencilla posible; con música. Hace poco escuché una nueva canción de Macklemore llamada White Priviledge. Si bien la particularidad del tema es diferente (las tensiones raciales que aún existen en la sociedad estadounidense) la canción retoma una de las tantas caras de la desigualdad y plantea algo interesante, casi al final, a través de un fragmento de grabación.

“…The thing White people can do is talk to each other, and having those very difficult, very painful conversations with your parents, with your family members. I think one of the critical questions for white people in this society is what are you willing to risk, what are you willing to sacrifice to create a more just society?”

Como país acumulamos también el problema del racismo endémico, la desigualdad social que he estado abordando, la violencia, la violencia de género, las desapariciones forzadas y violaciones de derechos humanos en general. No pretendo tener “la” razón ni todas las respuestas. No puedo cambiar el mundo con un artículo y a través del mismo tampoco puedo imponer mis propios puntos de vista. Pero si creo que podría plantear algunas preguntas que es necesario hacernos:

Retomando; ¿qué estamos dispuestos a sacrificar para crear una sociedad más justa?

¿Anhelo pertenecer a una élite al estudiar o retribuir a la sociedad con esos conocimientos?

¿Cuánto de lo que tengo estoy dispuesto a compartir?

¿Sigo viviendo las estructuras sociales de forma vertical u horizontal?

¿Buscamos acaparar o construir?

¿Soy consciente de la diferencia entre necesidad y deseo?

¿Soy consciente del impacto de mis acciones en otros y en el mundo en general?

¿Cuánto estoy dispuesto a ceder/compartir en favor de otros?

¿Le doy más importancia a las vidas o a las posesiones?

¿Estoy dispuesto a alzar la voz por otros o sólo por mis propios intereses?

¿Mis acciones son moldeadas por mis valores y convicciones o estos por mis fines?

¿Estoy dispuesto a postergar metas personales para participar de metas comunitarias?

¿Reconozco mis orígenes y conozco mi historia?

¿Cómo veo al otro?, ¿un extraño o un hermano?

¿Estoy dispuesto a ser indiferente al sufrimiento del otro?

Más importante; ¿estoy dispuesto a reconocer la dignidad del otro?, ¿estoy dispuesto a pelear con él y por él, no contra él?

¿Estoy dispuesto a involucrarme o sigo pensando que no hay nada por hacer?

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