Te comparto un página de un pequeño diario que empecé.

Hace apenas unos días quise recopilar algunos de los momentos en los que compartía mi experiencia con mi cultura. Cosas como comer en el mercado, visitar una galería e interactuar con personas de mi entorno se quedan olvidadas en los confines de mi memoria. Por eso quiero darme a la tarea de escribir precisamente de eso en una pequeña libre que tengo aquí a mi lado. Donde en la primer página dejo muy claro su objetivo “¡que estas páginas sirvan de testimonio sobre el encuentro de mi mismo y la cultura!”.

Hace unos días me di a la tarea de cocinar por mi mismo un pan. No quería usar levadura sino dejar fermentar los ingredientes para crear masa madre. Me di cuenta de lo difícil que me resultó esta tarea. En principio porque no pude encontrar una harina que aun contuviera parte de la cáscara del grano que es lo que hace posible este proceso. Lo intenté con harina de trigo integral común y corriente de la venden en el supermercado. La dejé 4 y 5 días para que fermentara, alimentando la masa tal y como había visto que hacían y no conseguí absolutamente nada mas que el aroma agrio que decían se debía obtener.

Desistí de usar masa madre y tome la harina integral junto con levadura para utilizar una receta más rápida. Dejé la mezcla reposando toda la noche y en la mañana siguiente encendí el horno y eché dentro todas mis esperanzas de por fin crear algo que fuera, a lo mucho, comestible.

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Lo que salió del horno tiempo más tarde me dejó asombrado. Dicen que fueron los egipcios los que crearon el pan y que este ha alimentado a muchas generación de seres humanos. Una mescolanza de agua y harina que solo ponerla en el fuego un tiempo se vuelve alimento, a mi me parece bastante asombroso y aunque me gustaría describirlo como algo mágico, no lo haría porque tal vez tu sepas el proceso bioquímico que da lugar a la transmutación de estos ingredientes en pan y me harías ver como un ignorante.

El hacer mi primer hogaza de pan me dio cierta sensación de independencia. Fuera de que el sabor todavía dejaba mucho que desear, hice un alimento de algo que en principio de cuentas no lo era (a menos que padezcas pica). No sé que tanto el pan tenga un valor cultural en nuestro pueblo, el pan de pueblo seguro es una tradición pero seguro otros alimentos lo sean aún más, como las tortillas. Pero, al menos a mi me conectó un poco más con el sentirme parte de un ciclo que ha sido olvido ya por mucha gente, estar frente al horno y cocinar algo en casa es una tradición que se pierde cada vez que homologamente estamos frente al anaquel de Bimbo y tomamos una bolsa de pan “tradicional” (que quizás lo único tradicional que aun conserve son los bajos sueldos que seguramente reciben la mayoría que formaron parte del proceso de elaboración).

Hacer una simple hogaza de pan en casa es roconfortante. Sentir el calor del horno es sumamente agradable. Escuchar el crugir del pan cuando lo rompes es delicioso. Me gustaría vivir un poco más como se hacía antes, poner aunque sea un poco de mi por olvidarme de toda la industrialización e intentar hacer las cosas a la antigua. No es una simple melancolía dado que tengo 26 años, es más bien, al forma en la que quiero conectarme con las generaciones anteriores a mi.

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