Este fin de semana no paré. Compartí tiempo de calidad y momento gratos con grandes amigos. Bebimos algunos tragos para celebrar un cumpleaños, fuimos a escalar, comimos en un lugar oaxaqueño, fuimos a una fiesta, desayunamos, fueron un gran par de días. Todo transcurrió sin ningún incidente.

Ese mismo fin de semana se conoció la nota del asesinato de Yosheline Arenas, joven queretana de 19 años de edad. Desapareció el día 11 de diciembre por la mañana, después de aquél día su familia ya no supo más nada de ella. En las siguientes semanas nuestro procurador saldría a decir que se trataba de un caso de ausencia voluntaria.

El 18 de enero se encontró un cuerpo sin vida en la localidad de Saldarriaga. Los medios comenzaron a especular sobre su identidad, diciendo que podría tratarse de Yosheline. Finalmente, ahora, un mes después, tenemos la confirmación definitiva de esto, que ahora es un hecho. Esa joven de 19 años nunca volverá a su hogar.

Se preguntarán; ¿por qué comienzo esto con un resumen de mis pasatiempos de fin de semana? No pretendo ser inconexo o vago y mucho menos insensible. No es una burla a quien ya no podrá hacerlo, no me regocijo en eso, por el contrario. Sin embargo, sí es intencional.

Es intencional porque sirve para demostrar mi punto; por más que nos neguemos a verlo esto es un problema de género, es un problema de salud y de seguridad pública y es un cáncer que consume nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país, que consume las raíces mismas de la sociedad en la cual nos encontramos inmersos. Lo incluyo solamente para hacerte ver que tú y yo, como hombres, nunca hemos temido no regresar a casa, no necesitamos preocuparnos por una violación, no sentimos amenazada nuestra vida, no nos da miedo pasear en la noche o en un lugar solitario, no tenemos que dar explicaciones por nuestra sexualidad y no tenemos que defender nuestra integridad moral incluso cuando se es la víctima.

Yo mismo llegué a dudar que esto fuera una cuestión de género y no generalizada pero después de mi cuenta. Me di cuenta cuando mi novia tiene que considerar comprar un gas pimienta (y yo no sólo lo entiendo sino que lo apoyo). Me di cuenta cuando los funcionarios renegaban de hacer sus obligaciones y parecían empecinados en argumentar que esto era una ausencia voluntaria mandando al carajo la evidencia. Ahora me doy cuenta, como decía, que ni yo ni ninguno de mis amigos hombres siente temor de ser violentado por eso; por ser hombre, no tenemos que cuidar nuestra integridad ni asumirnos víctimas potenciales desde el primer momento que estamos aquí.

En el caso de Yosheline eventualmente se daría a conocer un video en donde se ve como aborda de manera, al parecer, voluntaria un vehículo particular.  Mero pretexto para constatar el nivel de patología que experimenta nuestra sociedad sin siquiera darse cuenta. Expresiones francamente perversas. Ahora parecía que, por el simple hecho de haber abordado el auto, la niña era la culpable de su suerte. Claro, es mujer y joven. Nosotros los hombres podemos hacer alarde de las peripecias de nuestro pene y salir bien librados, porque somos unos chingones, nacidos para ser superiores, somos cazadores, no presas. Pero ella era mujer, seguramente debe de ser una puta como todas las demás mujeres que no tienen vínculo de sangre conmigo, como muchos lo expresaron. Es indudable que ella tuvo la culpa por vestir ropa ceñida, por trabajar en un restaurante, por ir al gimnasio, por andar sola, por subirse con un hombre al coche. Señores, esto es claro, la niña merece haber sido asesinada por subirse a ese auto. Por supuesto, no importa el motivo, el contexto o la necesidad, lo que importa es que una mujer decente no se sube a un coche con un hombre. Tirar piedras y esconder la mano, implicar que se merecía morir por eso no es, a todas luces, un problema de género. De lo contrario hace mucho que la gran mayoría de hombres habríamos muerto. Vayan ustedes a saber si esto no es enfermo. Y una sociedad enferma se conforma de ciudadanos enfermos.

Es de notar también cuál es el mecanismo para que esta sociedad enferma muestre sus síntomas. Porque así como al caso de Yosheline se le dio amplia difusión en medios locales, redes sociales y demás existen cientos de casos en esta ciudad que así como ha surgido se han extinguido en la frugalidad de los medios de hoy en día. ¿Qué pasa con todas esas personas que no tuvieron la oportunidad de ser visibilizadas en los medios?, ¿qué pasa con todas esas personas que pertenecen a los barrios marginados, que vienen de escuelas públicas, que tienen un color de piel diferente, que no tienen los medios para comprarles una voz?, ¿qué pasa con todas esas personas que aún no vuelven a casa pero que, como dijo una amiga, no tienen una conexión con la hermana de mi amiga porque quedan sepultados en la marginalidad con la que también vivían en una sociedad ciega, sorda y muda?, ¿puede ser que hayamos volteado a ver esto que sucedió porque nos hizo recordar que no sólo desaparece el que “seguro andaba en malos pasos” sino también el que me recuerda lo cerca que estoy de esto que puede tocarnos a cualquier?…y entonces reacciono y me doy cuenta de que no se trata de juicios morales (porque yo no tendría relación con alguien que “seguro se lo merecía o se lo busco o andaba con maleantes”), se trata de las mujeres.

Como sociedad no sólo somos ciegos, sordos y mudos, también cínicos por ser capaces de culpar a la madre (si, la mujer del cuadro familiar) por no saber en dónde está su hija a cada momento, por no espiar e invadir su privacidad para saber en dónde está a cada momento, por dejarla trabajar, hacer su vida, ser independiente. Está claro que una mujer no debería acceder a esos lujos, está claro que la familia tiene la culpa y no las personas que como familia y sociedad estamos criando. Si, esos que todo lo pueden porque no son niña, que son unos chingones por promiscuos, que comparten las fotos de la novia desnuda (la puta) en redes, que son cínicos, que menosprecian a la mujer, que se creen superiores, que se divierte ten y tratan a la otra como objeto…todo auspiciado por nosotros. Después de todo son los hombres de la casa, los niños, el príncipe azul que el machismo enraizado en esta sociedad nunca soñó.

¿Qué pasa en una sociedad cuando asesinamos a nuestras mujeres estranguladas, descuartizadas, violadas, degolladas?, ¿qué clase de ser humano estoy formando hoy?, ¿qué clase de persona soy yo cuando tengo enfrente a una mujer, la que ve a otra personas o la que ve a un objeto?

Es necesario salir de nuestro estado de negación y comenzar a asumir que aquí hay un cáncer haciendo metástasis, un odio multiplicándose hacia las mujeres, una crisis en todo México que nos guste o no se hace cada día más grande. Y no quiero quedarme callado por mi madre, por mis primas, por mis tías, por todas mi amigas, mis sobrinas, mi novia, las mujeres que amo y que he amado. No quiero y no puedo. Odiar y atacar a nuestras mujeres es destruir nuestra misma esencia y pilar como sociedad.

Advertisements