Están de moda las cartas abiertas. ¿Qué carajos es una carta abierta? ¿Una nueva modalidad del viejo y conocido dicho “te lo digo a ti Juan para que lo escuche Pedro”? ¿O un moderno “que todo México se entere”? Por lo poco que sé, uno escribe una carta abierta para casi cualquier cosa, sin importar lo nimia que sea, esperando que alguien le importe, por eso es abierta, porque al destinatario le vale madres. Aquí está mi carta abierta: una carta abierta para mí misma, a la que no le importa, no sé si la de ayer o la de mañana, pero esa chica de cabello rizado que sonríe como si en eso se le fuera la vida, la que quiere ser mejor y más, siempre, la que no se conforma, la que no se deja, la que resuelve, la que ambiciona ¿dónde estás escuincla? ¿en dónde chingados te has metido tanto tiempo dejándome sola con este intento de no sé qué que pretende ser un adulto y no le salen las cosas? ¿andas por ahí, y te llevaste nuestra felicidad? La felicidad de todas las que habitamos este cuerpo, que está cada vez más cansado y ojeroso, y que parece que ya se olvidó de sí mismo. A ti te lo digo para ver si a alguien le importa. Más te vale que regreses antes de que aquí nos matemos una a la otra. Más te vale que regreses con tus ganas de vivir y tu solidaridad y los pocos amigos que tenías y si quieres traer lo que hayas encontrado en el camino está bien, pero regresa, que ya no nos soportamos. Ella con su pijama, su cobija y sus pastillas y yo con mi pinche genio que no me calienta ni el sol. Nos hace falta tu mirada, esa que brilla, no la mía que es puro odio ni la de esta que cuando no está llorando está a punto de empezar. Tiene los ojos hinchados y la garganta seca y ya no hay pañuelos desechables que le basten. Ya regresa. Regresa y ponnos en nuestro lugar a las dos. Si estas pastillitas rosas son tu medio para volver me las tomo todas, y me encargo de que ella se las tome también. Pero vuelve, no te podemos prometer nada, no nos vamos a ir, vas a tener que vivir con nosotras colgadas de la espalda para siempre, yo con mi irritabilidad y ella con su tristeza, yo con mi desesperanza y ella con su culpa, yo con mi intolerancia y ella con su fatiga, nos vas a tener que aguantar, eso sí, sábetelo muy bien, acéptanos, porque no nos vamos a ir. Si nos quieres, que mejor, tal vez una día vivamos “felices”, o tal vez nunca, pero al menos viviremos, porque si no regresas pronto ya no va a vivir ninguna.

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