Estas fechas suelen ponerme nostálgico y loco por las listas, no tanto como melancólico. Son las fechas en donde dada mi naturaleza obsesiva y clasificatoria suelo hacer un recuento del año, que no de los daños, o, al menos, es lo que casi siempre espero. En mi mente tiene lugar una cena de año nuevo a la cual asisten variopintos personajes, todos ellos son yo mismo y, al igual que en las familias reales, mi familia de proyecciones, modelos, experiencias y destajos psíquicos no siempre se llevan bien entre ellos. No todos me caen bien a mi mismo para ser honesto. Me siento a presidir la mesa y veo a todos a los ojos, los hay orgullosos, prejuiciosos, vanidosos, con arrepentimientos, dubitativos, con lamentaciones y deudas pendientes con ellos mismos. Es difícil manejarlos a todos, operan como durmientes que aguardan su turno para manifestarse de cuando en cuando en el transcurso de un año o quizás de una vida. Los hay quienes hacen su aparición incluso con obsequios; traen culpas, traen incertidumbres, desaciertos y frustraciones. Llegan como se van; sin avisar. Toman la mesa por sorpresa y quieren que me olvide de quien soy, de las cosas en las que creo, quieren que me crea incapaz de conseguir aquello por lo que debo luchar, quieren que anhele más de lo humanamente posible y lo justamente necesario, quieren convencerme de que soy eso que no soy y de volverme aquello de lo que intento alejarme, quieren hacerme creer que la integridad y la felicidad solamente existen en libros románticos. Tremendos hijos de puta ellos. Pero si hay algo cierto es que ellos forman parte de mi y están ahí para, al menos, enseñarme una regla elemental; nuestras pasiones y desaciertos, nuestras frustraciones, temores y deudas no nos moldean, nos moldean nuestros actos y la convicción de tratar de ser siempre lo que podemos llegar a ser y no sólo lo que somos. En los doce lugares en la mesa además del mío hay más individuos, no todos son pequeños desgraciados tratando de reventar esta fiesta. Están también los que tiene su propia personalidad, su carácter, ríspidos tal vez, pero con voluntad definitivamente. Buscan nuevos horizontes, sueñan, tratan de crear, de responder, de seguir, de no desfallecer, de ser solidarios, de amar. No siempre lo logran, claro, pero siempre están dispuestos a intentar, han sido golpeados y vapuleados pero han resistido y están sentados aquí esta noche…creo que eso debe decir algo sobre su sanidad. No es fácil ser rey, no es fácil presidir a todos estos bastardos. Alguna vez escuché esa historia de los dos lobos dentro de nosotros y de como ganaría aquel al cual alimentáramos. Hoy ya no creo eso, hoy veo esta mesa y catorce manos bajando del cielo listas para tomar la mía y me doy cuenta que no es tanto renegar de nosotros mismos y nuestros componentes como lo es aceptarlos y enfocarlos. Hoy termina un año más repleto de errores, fracasos y dudas, pero lleno de pasión y esperanzas. Comiencen la cena si se atreven pequeños desgraciados.

Advertisements