El pasado viernes 13 de noviembre ocurrieron una serie de ataques terroristas en París que dejaron 139 muertos y más de 400 heridos, varios de ellos de suma gravedad. Pasadas las 9 de la noche por lo menos 10 personas fueron heridas o muertas tras tres explosiones que se registraron en un bar cercano al Stade de France donde se jugaba un amistoso Francia-Alemania. El presidente Fracois Holande fue evacuado ya que veía el partido junto al ministro de exteriores alemán. Murieron tres atacantes suicidas que detonaron las bombas. Minutos después al manos 80 personas murieron cuando cuatro hombres armados entraron al teatro Le Bataclan durante el concierto de Eagles of Death Metal y abrieron fuego contra el público por hasta quince minutos tomando además 120 rehenes. Alrededor de la media noche la policía entró a recuperar el lugar matando a uno de los atacantes mientras los otros tres detonaron chalecos bomba. Otro grupo de yihadistas tiroteo el restaurante Le Petit Cambodge y el bar Le Carillon. Al mismo tiempo otro hombre atacó a los comensales de la pizzería La Casa Nostra, otro más el bar La Belle Équipe y finalmente uno más hizo explotar la carga explosiva que transportaba sin causar víctimas además de él mismo. La información fluía a cuentagotas y las cifras eran inexactas, al terminar la noche decenas de ciudadanos franceses (y también de otras nacionalidades, incluyendo mexicanos) terminaron muertos o heridos. La capital francesa fue cercada por el ejército, las fronteras cerradas y no quedo nada más que confusión. El denominado Estado Islámico se adjudicó el ataque.

Muchas veces cuando se llega la hora de escribir mi aportación para este espacio empleo algo de tiempo pensando en el tema que abordaré, a veces soy repetitivo, a veces no puedo decidir o no puedo concretar las ideas que intento transmitir, a veces quisiera tener algo más interesante o diferente de que hablar. Pero en otras ocasiones, como esta, preferiría no tener nada que decir y no algo tan importante…pero a este costo.

Algunos dicen que es una idea demasiado romántica o idealista, que las cosas no son tan sencillas y que quizás repetimos demasiado algo que nunca sucederá porque el mundo y la humanidad no funcionan así, porque somos más elementalmente malos y crueles de lo que reconocemos y terminaremos por acabar nuestra propia existencia. Sin embargo, desde lo profundo de mi corazón, hoy y hasta el día en que deje de respirar seguiré creyendo que una fe y un dios justifican morir por una causa noble pero jamás matar por ella pues sería una contradicción en sí mismo. Sigo pensando que estos no son actos de dios sino actos del hombre por los cuales habremos de responder tarde o temprano ante ese mismo dios, pues en el judaísmo, islamismo y cristianismo estamos supuestos a amar al prójimo y velar por el, no a masacrare cuando no comulga con nuestra visión que tiene más de interesada que de ideológica. Sigo creyendo que quienes perpetran estos actos no representan a una etnia, una religión, un país o una comunidad sino que representan solamente la cara de la intolerancia, el extremismo y los intereses mezquinos de algunos. Sigo creyendo que cualquier persona ética, con o sin fe, vencerá al fanatismo, la radicalización y la enfermedad de unos cuantos que buscan aprovechar la separación y las diferencias para construir su vida tomando la de miles de inocentes que caen por sus balas y también por los chalecos oba que les convencen para usar apartándolos de una esperanza de una mejor vida y de una aceptación que aún creo que puede llegar si dejamos de usar el odio como respuesta ante el odio. Despertar para ver este horror me llena de indignación y tristeza, de impotencia y de enojo.

Es precisamente por esto que me gustaría que los focos cambiaran hacia la gente, hacia los pueblos golpeados y abatidos, y no hacia nuestras diferencias, intolerancias y ansias de tener la verdad. El día anterior a que estos ataques sucedieron se registró otro atentado con bomba en Beirut, Líbano, dejando 41 muertos y más de 200 heridos; el peor ataque en más de 25 años. Durante los siguientes días muchos han salido a criticar que los medios internacionales no presten la misma atención que a los ataques en Europa. A los ciudadanos e instituciones mexicanas que han dado muestra de solidaridad con el pueblo francés atacando que muestren empatía ante esta situación ante estas personas, pero no ante lo sucedido en México, las muertes y desapariciones durante la guerra contra el narcotráfico, las desapariciones de los normalistas de Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingan, etc. Recriminan que sean tan “sensibles” ante el dolor de alguien en Francia (ojo insisto en que no sólo murieron franceses) pero no ante los muertos árabes o mexicanos y entonces he visto a tanta gente clamando por estas otra muertes y desapariciones, preguntando qué pasaría si quienes hubieran sido víctimas fueron aquellos que portaban los kalashnikovs, preguntando por qué no nos involucramos más en estos otros temas, argumentando que es que acaso hemos terminado categorizando a la sociedad y los individuos en una especie de castas donde algunas vidas avalen más que otras y entonces algunas son dignas de luto y otras simplemente no son relevantes. Tachan de hipócritas, de clasistas, de elitistas, de malinchistas a todos aquellos que por alguno u otro motivo han decido manifestar empatía ante el pueblo francés. Han puesto el grito en el cielo porque dicen ellos, para la sociedad la vida de un francés vale más que la de un árabe y repudian eso como injusto, como símbolo de la marginalización a la que sometemos a las personas, sociedades, credos y su dolor y tragedias. Durante estos días nos exigen que dejemos a un lado el dolor francés por ser un dolor de una nación que bombardeo Siria (lo cual no creo que resuelva nada y no justifico, pero de nuevo, tampoco creo que soporte el hecho de más odio) y que regresemos los ojos a nuestro país porque de lo contrario somos unos opresores y marginadores, malinchistas y hasta ridículos. Pero todo esto me hace plantearme la siguiente pregunta; ¿acaso exigir que se vean nuestras pérdidas a base de desvalorizar, catalogar y minimizar el dolor de otros (franceses y también mexicanos, musulmanes, etc., que los hubo) no es igual de radical?, ¿en nuestro esfuerzo por evitar la categorizarían de las personas no acabamos relegando al otro a ser ciudadano de segunda categoría sólo por ser víctima en un país de “primer mundo”?

Nada hay que repudie más que los dogmas, radicalizaciones, intolerancias, fanatismos y odios…vengan del lado que vengan. No marginemos, no clasifiquemos, no odiemos, no caigamos en el juego de las verdades absolutas, de las diferencias, de la intolerancia, de la poca aceptación porque de todo esto se vale el caldo de cultivo de los mismos que han truncado las vidas de tantos inocentes alrededor del mundo. Ninguna vida vale ni más ni menos que otra, ninguna muerte merece llorarse más o menos que otra. Toda la humanidad es un pueblo y toda vida merece ser llorada y protegida. Esto es por todos aquellos que han muerto en manos del terror, de la zozobra, de la separación y segregación, de la intolerancia, del odio, del fanatismo. Esto es por Líbano, por Francia, por México. Por todo humano porque no hay acto inhumano, cuando atento contra ti muere también una parte de mí y una parte de la humanidad que no volverá.

“Si Dios hubiese querido, os hubiese reunido en una comunidad única, pero os ha dividido con el fin de probaros en lo que os ha dado. ¡Competid en las buenas obras!”

-Corán

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