Perdón por la tardanza. Ahora mismo me reporto contigo que me lees. Quiero contarte acerca de mis relaciones pasadas, en total he tenido dos novias importantes, la primer novia no la considero relevante porque ni duró mucho tiempo, ni hubo un verdadero vínculo.

La primera de ellas se llama “Equis” y yo ni si quiera estaba seguro de querer ser su novio, todo pasó por influencia de amigos en común. Aunque finalmente tomé la iniciativa y así pasaron 3 años. En ese tiempo quise terminar la relación en un par de ocasiones y “equis” no me dejó, me pidió intentarlo una y otra vez. Pérdida de tiempo para ella y para mí. Al final estuvo saliendo con alguien más y todo se desquebrajó, yo me volví un homúnculo lleno de resentimiento porque en mi cabeza yo siempre he dado todo de mí en las relaciones. Y eso no basta, nunca ha sido suficiente que uno de todo se sí para estar bien, porque queda la otra persona y faltan un cúmulo de circunstancias que deben alinearse: tiempos, espacios, amigos, familia, opiniones.

La segunda novia se llama “Ye”. Cuando comencé esa relación yo ya había dado mucho de mi mismo, tal vez eso me hizo empezar agotado y personalmente me desgastó. Con “Ye” probablemente lloré como nunca había llorado en toda mi vida, porque siempre me recordaba “la palabra melancolía” y era algo fascinante. Tengo grandes recuerdos de “Ye” pero el que me ha quedado más marcado fue cuando me despedí de nuestra relación… si no me falla la memoria fue un par de meses antes de terminar. La vi por el espejo retrovisor de mi camioneta. Se despidió de mi sin decire nada.

Así, desde entonces no había tenido ninguna “novia” oficial. Aunque la verdad quise a un par de mujeres de esta forma romántica, solo que me daba miedo admitirlo. Ahora estoy en una nueva relación, ya veremos cómo sale.

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