Con el paso del tiempo uno se va deshaciendo de las cosas que no son imprescindibles, de las personas que no son imprescindibles, de los recuerdos que prefirieron ser olvidados. Con las mudanzas uno va dejando atrás lo viejo, lo sucio, lo roto. Uno intenta seguir sólo con lo que es absolutamente necesario para vivir, ese es mi caso, al menos. Fracaso. Siempre. Invariablemente se cuelan en mis maletas cosas que no necesito, estorbitos, recuerdos inútiles, sentimentalismos. Fracaso así también con la música. No recuerdo un momento en mi vida en el que me sintiera satisfecha con mi selección musical, y llega entonces un punto de quiebre en el que lo borro todo, sin marcha atrás. Hoy llegué a ese punto: desinstalé iTunes. A ese grado llegó mi desesperación por no poder ordenar lo que, naturalmente, no tiene orden, pero yo quiero dárselo. Sin embargo hay siempre canciones que regresan, voces que no olvido, canciones que me llegan a los huesos a pesar de los pesares. También hay canciones nuevas, ahora mismo, por ejemplo, escucho un tango. Nunca me había dado por escuchar tango hasta hace un par de días que descubrí que no son todas canciones aburridas, en algunas las mujeres sufren muchísimo por hombres que desaparecieron, y por lo tanto, me sentí inmediatamente atraída al tango. También hay cositas nuevas en mi equipaje, nunca creí, por ejemplo, darle un lugar entre mis prioridades a una bocina o a una lamparita de noche o a un paquete de pastillas de cloro para el baño. Las prioridades cambian. Las personas cambian. Los códigos postales cambian. Los amores cambian. Todo cambia, lo único permanente es el cambio. Sólo los verdaderos amigos sobreviven a estos cambios. Sólo después de muchas maletas me doy cuenta de que no necesito tantas cosas, todas son meras comodidades. Me doy cuenta también de que siempre que tengo que empacar, me pongo a escribir. Siempre que tengo que declarar mi amor, me pongo a escribir. Cuando intento buscar trabajo, me pongo a escribir. Cuando estoy triste, feliz, enojada, me pongo a escribir. Es lo que soy y lo que me hace ser. Es lo que permanece. Es a lo que acudo cuando creo que todo lo demás se acabo, y cuando veo que algo está a punto de empezar.

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