El pasado 10 de febrero, una joven conocida como Laura N. se arrojó de un puente peatonal sobre la avenida Constituyentes en Querétaro capital. Ante la mirada de algunas personas que se encontraban en el lugar y no pudieron hacer nada la joven mujer murió en el instante.

Sin embargo, la situación se complica aún más debido a los antecedentes de Laura. Hija de Martín Torres, pintor industrial, emigró a Querétaro procedente del Distrito Federal hacía apenas un año debido a oportunidades de empleo para su padre. Ella por su parte aportaba a la economía de su familia vendiendo helados en el centro histórico de la ciudad.

El día 4 de febrero, tras terminar su jornada, un hombre dedicado a vender perfumes en la misma zona que Laura le ofreció a esta un aventón, un “ride”, cosa que ella aceptó debido a que en varias ocasiones coincidían e intercambiaban palabras en sus horarios de trabajo. Una vez dentro del vehículo el hombre le dijo a Laura que irían a tomar unas copas con otros amigos, a lo cual ella se negó, ante esto el hombre le dijo que solamente irían por un refresco y la dejaría en su domicilio, cosa que no sucedió. El agresor enfiló rumbo al antiguo aeropuerto de esta ciudad y en un paraje apartado abusó sexualmente de ella.

Después de lo sucedido, el hombre aún prestó su celular a Laura para que le enviara un mensaje a su padre y fuera a recogerla en la parada del camión, en donde esperó junto a ella. Una vez ahí el agresor se presentó como el novio de Laura y se retiró. A continuación, cuando el hombre ya había huido, Laura contó a su padre lo sucedido.

Martín se dispuso a buscar ayuda en la zona y encontró a unos policías, que tras escuchar el relato se limitaron a decirle que le diera la pastilla del día siguiente y se olvidara de hacer una denuncia ya que en el ministerio público sólo los “traían vuelta y vuelta hasta que se cansan”. Martín y su hija hicieron caso omiso de la “recomendación” de los policías y acudieron a la agencia del ministerio público número IV en donde tuvieron que esperar horas hasta que fueron atendidos por la MP Mónica Galicia Beltrán.

Después de levantar la averiguación previa fueron enviados al Hospital del Niño y la Mujer en donde Laura recibió vacunas y la pastilla del día después. De la misma forma se le dio una cita para atención psicológica el día 7 de febrero. Una vez llegado ese día Laura acudió pero la persona encargada argumentó que dicha cita no se encontraba anotada en agenda por lo cual la reprogramo para el día 17 de febrero. Laura nunca llegó.

El día 11 su padre comenzó a buscarla por hospitales y agencias del ministerio público sin éxito. Cuando salía de una de estas agencias dos oficiales se aproximaron ya que creían haberla encontrado pero al hablar con él sobre su hija se dieron cuenta que se trataba de la persona muerta el día anterior.

Hasta hace unos días, cuando el agresor fue finalmente detenido, don Martín acudía religiosamente a la agencia del ministerio público a preguntar por avances en la averiguación, que eran nulos a pesar de contar con el número celular y placas del agresor. Su historia se desconocía hasta hace unas semanas cuando cobró revuelo de mano de una periodista local y hubo cuestionamientos sobre los avances a las autoridades. En fin, Laura ya no está aquí entre nosotros y Don Martín sigue exclamando que “no hay justicia”. Son vidas que no podremos recuperar.

Me pregunto qué pasaba por la mente y el corazón de Laura cuando decidió tomar su propia vida, no quiero y no puedo imaginármelo. Me pregunto también qué es ahora de Don Martín, sin su hija, con la culpa de haber traído a su familia al lugar en donde todo esto sucedió, me pregunto qué será de esa familia sin su hija, con una tragedia como esta en los hombros.

Me pregunto qué sucederá con nuestras autoridades. Tal vez soy iluso, lo sé, pero en muchos casos, incluido este, no dudo que varios elementos de las corporaciones de seguridad actúen de buena fe y recomienden proceder de la forma que en verdad creen que es mejor para las víctimas. Sin embargo, lo que ellos consideran mejor para las personas es muchas veces, como en el caso de Laura, una revictimización más que la persona tiene que someterse a pasar y eso habla mucho del nivel en el que nos encontramos como sociedad, como instituciones, como procuradores de justicia y, en el nivel más elemental, como seres humanos.

¿Qué tipo de autoridad es la que ostentan estas “autoridades”? porque una mujer recién violada y su padre no son alguien a quien simplemente puedes decirle que desistan porque sólo van a andar “vueltas y vueltas” (es el sentido común y la empatía más elemental además de su responsabilidad civil, laboral e incluso judicial). Porque no sabemos si algo tan “inocente” como el olvido de una anotación en una lista de citas fue lo que detonó que la persona no regresará definitivamente a ese y a ningún otro lugar pero sí sabemos que por profesionalismo y, más aún, no me voy a cansar de insistir, por la más elemental y básica humanidad, empatía, por el mínimo gramo de corazón el hacerlo fue una afrenta, una ofensa y una situación de victimización más para una persona que ya había sufrido un martirio que ninguna persona en este mundo debería de experimentar. Pero vivimos en un mundo y en una comunidad en donde esto fue sólo un error de dedo, un error que se reagenda, y no pasa nada, salvo que en este caso si pasó y lo que pasó fue que se perdió una vida que jamás debió haberse ido así. No me voy a aventurar a decir si la atención psicológica oportuna hubiera cambiado la situación, la verdad es que no lo sé, pero me gustaría pensar era nuestra obligación arropar y proteger a esa persona, funcionarios y sociedad, sin importar lo que pasara después, era nuestro deber protegerla y velar por ella…y le fallamos. No vivimos en un mundo de garantías pero si en uno de oportunidades y cada uno de nosotros tiene la oportunidad y la responsabilidad de tocar vidas que son eso, vidas, humanas, sagradas, no importa si es nuestro trabajo o no, si somos autoridad, vecino o desconocido, las vidas que están en la línea, al límite necesitan las mayores redes de apoyo que se puedan fomentar, y eso es responsabilidad de todos nosotros. Ojalá podamos evitar que esto se repita, ojalá no hubiéramos tenido que llegar a esto para reaccionar, ojalá nunca más nosotros seamos cómplices de etiquetar como víctima a quien ya sufre.

Esto va por Laura, por du padre; Don Martín, por todas esas mujeres violadas que nunca han encontrado justicia, las que han sido convencidas de no denunciar, las que lo han hecho y siguen esperando justicia. Esto es por una vida que jamás debió perderse, esto por todas las vidas que aún podemos salvar.

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