Comenzó a llover torrencialmente en cuanto entré a la central de autobuses. Había ido a esa central una y otra vez, de escapada, de paseo, a despedir, a hacer caridad, y esta vez era para irme. Sí, irse, del verbo que significa abandonar un lugar para no volver. No sabía sí el clima y la ciudad se estaban burlando de mí o anunciándome prosperidad.

El mensaje que entendí fue “soy como soy, voluntariosa como tú, y si no te gusta, vete”. Y me fui.

Una vez escuché que “Playa o te adopta, o te aborta”, pero a mí ni una ni otra. Tuvimos una relación inesperada, plana y tediosa, pero irreversible. A veces pienso en los hubieras y se me agota la imaginación. Las cosas son como son, y son así por una razón. Después de muchos altibajos puedo resumir que lo que yo aprendí de ella no lo hubiera aprendido en ningún otro sitio, y lo que ella me quitó no me lo había podido quitar nadie antes.

Gracias Playa, y adiós. Gracias por haberme enseñado humildad y resistencia, y adiós porque quiero algo mejor. Gracias por el agua azul y los cenotes, y adiós porque no aguanto el calor. Gracias por los momentos de soledad y por hacerme entender, y adiós, porque aún necesito aprender más. Gracias por los días soleados y por los días nublados, por las hormigas y por la humedad, gracias por hacerme darme cuenta de que yo tengo un lugar, y no es este. Gracias porque me pusiste donde debía estar, con quien sabe amar y con quien voy a seguir una vida en otro lugar. Gracias Playa por todas las lágrimas que te dejé en el mar, por haberme quitado todo lo que no necesitaba y por haberme dado significado. Gracias por enseñarme que había otros caminos, tal vez en medio de la selva y entre mosquitos, pero otros caminos al fin.

No te voy a decir que te amo, Playa, porque sería mentir, las dos lo sabemos, y tu tampoco tienes que fingir nada, nada nos debemos. Está claro que nunca fuimos la una para la otra y que tu para mí fuiste un escape, y yo para ti sólo una más de los que vienen para no quedarse, porque les das un respiro sofocado del resto de sus vidas, porque los consuelas con alcohol y con sitios paradisiacos que no pueden disfrutar porque están demasiado ocupados tratando de ganarse la vida, yo sólo fui una más que pasó horas frente a un computador tratando de comunicarse con los suyos, que hizo amigos porque los necesitaba, que los va a extrañar, porque fueron bueno y que se va, porque su vida real está en otra parte. Yo para ti sólo fui una más viviendo una aventura.

El aire húmedo y salado y el calor sofocante me despiden. Ni siquiera fui a ver el mar por última vez ni compré una postal ni hice muchas otras cosas que pude hacer y que dejé para después, o para nunca. No sé si nos volvamos a encontrar, eso implicaría que yo fuera hacia ti, porque tú no te vas a mover. En estos momentos tengo mi vista puesta en otros horizontes, no sé si nos volvamos a encontrar porque esta despedida sabe diferente, sabe a pasar la página, sabe a “para siempre”, sabe a que ya no me voy a quejar de ti, porque a pesar de todo te tengo un profundo agradecimiento por lo que me hiciste ser, por lo que me hiciste hacer, y por dejarme ir. Gracias Playa por no adoptarme y no abortarme, porque yo fui libre de venir y de volver una y otra vez y de irme las que fueron necesarias. Gracias Playa, y adiós.

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