¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente  porque la eternidad se nos acaba. -Jaime Sabines

¿Han sentido alguna vez que la eternidad se les acaba, queridos lectores? A mí se me acabó la eternidad. Se me acabaron la paciencia infinita y el amor profundo pero platónico. Así parece, platónico. Ese amor imposible e impasible, que no acaba, que no se consuma, que vuelve pero no se queda, que deja dudas y dolor a su paso, y un sabor agridulce, el mismo de las ilusiones fallidas. La eternidad se acaba cuando se acaban las preguntas, porque las respuestas siguen siendo las mismas, y por demás inútiles. Yo no me quedo con ningún te amo, los dije todos, a gritos, con actos, con miradas, con escapadas, con lo que fuera, lo dije con todo y la culpa y las ganas de no hacerlo, lo dije con la cabeza en alto y también con la mirada baja. Lo dije una y mil veces hasta que se me acabó la voz y se me agotaron las ganas. Lo dije de todas las formas posibles, y él se hizo el sordo esas mil y una veces. Se me acabó la eternidad, porque yo se que sí nos vamos a morir.

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