Y así es como la vida me engañó para convertirme en adulto. Mostrándome un espejismo de algo que amaba hacer, mostrándome un espejismo de alguien que me amaba, haciéndome creer que yo lo amaba también. Así es como en el espejo se muestra alguien muy diferente de quien creí que sería. No me muestra a una escritora, ni a alguien que habla cuatro idiomas, ni a alguien que se sienta feliz. Así es como la vida me fue absorbiendo para que pensara que trapear y lavar ropa es si no mejor, por lo menos equiparable a vivir seis meses en cada lugar del mundo que se me ocurra. Cree que no me doy cuenta, la muy cabrona, de que me estoy convirtiendo en alguien que no quiero ser. Cree que ganó, la ingenua. Cree que dejé de escribir y de soñar con un mantel color vino y un libro con mi nombre en la portada. Cree que olvidé mi novela. Cree que ya no sueño con los hombres que le dieron vida a Raúl, que ya no hago diálogos en mi cabeza, que ya no quiero ser alguien más grande. Cree que ganó, la pendeja, y que me convirtió en una más, de las que sueñan y luego se les olvida y se conforman y fin. Eso cree. Lo que no sabe es que me pongo a escribir cada vez que se me da la gana, que aunque esté ahogada, atrapada o prisionera, sigo teniendo manos y un teclado y una cabeza y sigo queriendo ser alguien. Lo que no sabe es que yo soy dueña de mi misma, y que no importa a donde me lleve o donde me quiera mantener, no voy a dejarme sola. No sabe que no me voy a dar por vencida, ni a bajar la cabeza, ni a conformarme. No sabe que aunque parezca infeliz pero conforme, un ansía dentro de mí me consume y va a explotar inevitablemente. En cualquier momento.

Ay vida, lanzando curvas los miércoles por la tarde, que astuta te crees. Justo cuando todo parece calmo, cuando parece que las cosas están tomando su curso, cuando uno parece resignarse a ser lo que lo has hecho ser. Lanzas una curva. ¿Cuántas veces necesita alguien regresar para que sepas que es tuyo? ¿Cuántas veces tiene que irse para que entiendas que no lo es? ¿Por qué volver a tomar decisiones que ya había tomado? ¿Por qué volver a escuchar argumentos que ya había refutado? ¿Por qué una apuesta tan baja y yo con tantas ganas de arriesgarme? ¿Por qué él sólo se sienta a observar con todas sus fichas doradas en la mano, sus ojos profundos y su sonrisa cínica, y yo me desnudo para gritar “all in“, como si muriera de ganas de perderlo todo? ¿Por qué? ¿Por qué este espejismo otra vez?

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