Ése era el dilema, hasta que “no ser” dejó de ser una opción. Para mí, el dilema es más bien “¿qué ser?”. “Yo creo que a este mundo vinimos a ser felices”. La felicidad, como casi todas las cosas importantes, es un constructo. Algo que inventamos en ausencia de una mejor palabra o de un mejor concepto. Una suma cuyas partes son menores que el todo. “Yo creo que a este mundo vinimos a ser felices”. Como si ser felices fuera algo que todos los que vinimos a este mundo debemos y podemos lograr. Como si la felicidad fuera algo duradero, como si fuera algo tangible, como si fuera, incluso, algo real. “Yo creo que a este mundo vinimos a ser felices”. No dejo de escuchar esas palabras en mi mente mientras me informan que se complicó la operación, que la tuvieron que trasladar, que todos están llorando, que su estado es “delicado”. Unas horas y muchos kilómetros después me enteró de que se estaba muriendo. “Yo creo que a este mundo vinimos a ser felices”.  Lamentablemente, nadie nos enseña a ser felices. Nos enseñan a ser inteligentes, a ser trabajadores, a ser exitosos, a ser vanidosos, envidiosos, quejumbrosos, fríos, secos, solidarios, lo que sea, pero no felices. A ser felices tenemos que aferrarnos, como se aferró ella a un respirador y a la vida misma. A ser felices tenemos que empecinarnos, como me empeciné yo en volver a volar para estar con los míos, con quienes sentí que debía estar. A ser felices tenemos que entregarnos, como quiero entregarme y simplemente no puedo. ¿Será, de verdad, que todos podemos ser felices? ¿No habremos algunos incapacitados para serlo? ¿No habremos algunos simplemente no dotados de esa posibilidad? “Yo creo que a este mundo vinimos a ser felices”. Sus palabras vuelven a resonar en mi mente. Las palabras que sólo el amor de alguien como una madre puede emitir. Y me doy cuenta de que, a ser feliz, tengo también que someterme, y dejar de luchar por ser siempre mejor, siempre la mejor versión de mi misma, y aceptar que siendo feliz, podría tal vez convertirme en esa versión. Simplemente ser.

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