A veces me comporto como un individuo jactancioso y egocéntrico que se pavonea abiertamente de siempre hacer solo las cosas que le gustan, muy crítico sobre aquellas personas que van por la vida haciendo lo que les dicen que deben hacer: si cambian de trabajo es porque les ofrecen otra plaza, nunca la buscan; si detestan su fortuna se quejan como si fueran los únicos que la pasan mal en el mundo. Algunos otros dicen que las cosas importantes para ellos son Equis y Ye y nunca los ves haciendo algo sobre eso, lo aparentemente importante para ellos es sobrevivir, ir pasando el día a día pensando en lo “importante” y su labor más relevante está aún por venir.

Las personas que toman un rol pasivo en la vida son un verdadero lastre, son como hormigas que van avanzando por la misma línea una tras otras, incapaces de resolver un problema que no venía en los libros que les dijeron que tenían que leer porque fuera de ser una obra literaria ese libro era un manual, escrito por una persona probablemente igual de mediocre y lastimera que lo escribió por encargo. No hay nada más aburrido que leer un libro sin una sola idea original, sin una aportación, sin creatividad. Aunque de ellos también se aprende, se aprende a seguir al ganado y a ser intransigente, a hacer las cosas por la única y inquebrantable razón de que así te dijeron que hacen. Uno aprende a ser mexicano.

Tal vez detesto tanto a la gente que se comporta así porque yo me paso la vida haciendo exactamente eso. Pero bueno, eso ya lo hablé hace 15 días.

La cuestión que me atañe en este momento es que hay un verdadero problemas de hacer solo lo que me gusta: uno se vuelve flojo, se vuelve irresponsable con lo que no está relacionado a sus gustos y sobre todo, cree que tiene razón para dejarlo de lado. Uno se excusa diciendo que ha establecido sus “prioridades” pero nos guste o no, también hay ciertas pautas con las que uno debe de cumplir para llevarse la vida en paz y que lo dejen estar cómodo.

Cualquiera día de mi vida sirve para ejemplificar esto, porque me da pereza mental buscar alguno en particular elegiré el día de hoy. Desde que despierto ejemplifico esto: me levanto de la cama más a o menos a las 8:15 am, después de haber puesto la alarma del despertador a las 7:30 porque mi hora de entrada a la clínica es a las 9:00. En mi cabeza no existe una verdadera razón para llegar puntual, lo verdaderamente importante es ofrecer una consulta que de valor y resuelva las inquietudes de la persona que la solicita. Como llegué tarde a la clínica obviamente no desayuné y solo me hice de un café o una galleta para llenar el hueco del estómago en lo que es la hora de comer; comer bien no es tan importante como dormir más tiempo y tampoco me hace un mejor psicólogo. Después de haber visto tres o cuatro pacientes hay que entregarles un resultado, lo importante es que la devolución de sus resultados sea lo antes posible de este modo es más reforzante y se comprende la relevancia que tienen estos estudios, pero pasar estos reportes por el proceso de supervisión es tardado y retrasa el proceso de la consulta, por lo que elijo supervisarlos hasta que ya han sido entregados.

Es la hora de la comida y otra vez lo importante no es la comida sino llenar la barriga y en esta ocasión, ahorrar; porque ahorrar es importante, es la única forma de conseguir nuevos libros y leer nuevos libros es lo más importante de todo, no se puede decir que leer libros me haga un mejor psicólogo pero me permiten darle forma a los conceptos que se apretujan en mi cabeza. Abro un par de latas de atún y revuelvo su contenido con unas verduras, tomo unas galletas saladas y dedico un rato a ver un programa estúpido en la televisión, de preferencia uno que ya haya visto, así me consume mucho menos esfuerzo tratar de entender las tramas simplonas y muchas veces ridículas de los programas de hoy; no todos los programas son así, hay unos peores que otros, pero si uno quisiera dedicar recursos cognitivos mientras se entretiene es mejor leer. Luego tomo mi “jueguito” así le llamo a mi nintendo portátil y termino de matar las neuronas que no fueron consumidas por la televisión.

Ya muy entrada la noche me decido a trabajar, porque dormir no es tan relevante como estudiar, leer y hacer reportes. Esto tampoco me hace mejor psicólogo, pero al menos cuando me paro frente a una persona que pide la consulta, un colega o un maestro, parece que tengo una ligera idea de lo que estoy diciendo… y como siempre he dicho, es más importante parecer que SER.

A lo largo de mi día tomé una serie de decisiones basadas en lo que me gusta hacer, pero nunca generé un verdadero hábito sobre algunas cosas presuntamente importantes como la dieta o el ejercicio…

El post de hoy es particularmente largo porque me quedé sin luz en la casa aprovecho lo que me queda de batería para hacer esto en la computadora.

Por último, si ni leer, ni comer, ni estudiar me hacen un mejor psicólogo ¿qué sí lo hace entonces? Probablemente sean solo los Lucky Charms que acostumbro en la mañana.

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