Grosso Modo cumplió otro año antes de que pudiéramos darnos cuenta. Recuerdo cómo nació. Íbamos bajando las escaleras en casa de la tolu, y a Chris se le ocurrió, como tantas otras ocurrencias, que debíamos hacer una revista. No sé si fue el ocio compartido, las ganas de opinar o una afortunada combinación de ambas, pero desde entonces tres amigos escribimos un jueves sí y otro no casi cualquier cosa que queramos y la publicamos juntos. La primera edición la imprimimos y la repartimos en Juriquilla hace cuatro años, pronto nos dimos cuenta de que no podíamos costear las copias y que nos limitaba demasiado la extensión, por lo que pasó de formato papel -el que le entendió, le entendió- a formato digital; un año después hicimos una fiestota con alfombra roja y todo y hasta le dimos una nueva imagen, en el tiempo en el que las fiestas se hacían por cualquier pretexto y cualquier proyecto era bueno para evitar atender las clases de relleno, no creí decir esto tan pronto, pero veo esos días con nostalgia; después a Chris se le ocurrió que debía ser un blog, lo hicimos; después que debíamos hacer un boletín, lo hicimos; varias veces ha sugerido que debemos hacer un videochat… no cedemos: aún nos queda algo de pudor y de cordura y somos perfectamente conscientes de que tal vez el noventa y nueve por ciento de los miembros de la lista de envío en chimpmail nos tienen marcados como spam: y no nos importa. Ese uno por ciento que recibe con gusto nuestros desvaríos y que comparte -o por lo menos lee- nuestras opiniones, es suficiente para seguir emitiéndolas, y aunque así no fuera, yo siempre me repito que la idea inicial fue expresarnos, y mientras sigamos teniendo cosas que decir vamos a seguir juntando nuestras ideas, aunque sea virtualmente, y propagándolas discreta pero constantemente. Empezamos este quinto año de publicaciones lejos físicamente, ocupados -unos más que otros- con proyectos de vida que hace cuatro años nos hubieran hecho brindar en la mesa de casa de Ale por la pura incertidumbre. Veo cuatro años hacía atrás y pienso en baldosas amarillas, en jueves caguameros, en izquierdismo, en intelectualidades abstractas, en guerras y en opiniones políticas, en rupturas amorosas, en el doctor cuyo nombre no recuerdo y en Murakami, en la línea que separa el arte y la locura, en la narración de los pasos que tuvimos que dar para llegar a donde estamos hoy, en los agradecimientos a los amigos, a los enemigos, en el tipo que nos pidió de malos modos que dejáramos de enviarle basura, en los nuevos likes de gente que no conocemos, en los comentarios amables de nuestros amigos más cercanos, en la fiesta de aniversario, en la noche en que se nos ocurrió hacer un número erótico, en las aportaciones de los valientes que han puesto su granito de arena a esta montaña de opinión, pienso en la revista y en lo que vivíamos mientras este proyecto nacía y crecía, pienso en lo amargada que estaba y sigo estando, en mi eterna inconformidad y en los trastornos cuyos criterios me sé de memoria y creo cumplir a cabalidad; pienso en Omar, en las canciones que ha escrito con el corazón roto o enamorado, en sus opiniones siempre fuertes y siempre concretas, en que no tiene pelos en la lengua; pienso en Chris, en su terquedad, en todo lo que aportó a mi vida y me hizo crecer y explotar mi paciencia al máximo, en su centro de día para adultos mayores y en mi asiento en primera fila viéndolo cumplir su sueño; pienso en Ale, que siempre ha tenido un oído  atento y una palabra inteligente, en que me pude hacer amiga de ella y de sus amigos y eso hizo llevadera mi existencia y en que -sin importar la competencia que tuvo lugar en facebook la semana pasada en donde Chris se autoproclamo el mejor rumi en el día oficial del rumi (1 de mayo)- para mi ella es la mejor rumi; pienso en Marianita, y en nuestras largas charlas existenciales, cómo las extraño; cómo los extraño a todos amigos, y cómo me siento afortunada de tenerlos en mi vida y orgullosa de estar en la suya, pienso en Julián, en Fito, en David, en Neto, en Marco, en Janeth, en Ana, en Andrea, en Majo, en Lore, en Vane, en Jessy, en Miriam, pienso en los nombres que se me puedan estar olvidando, pienso en Montoya, en el ultimate drinking championship y en la forma cómo aplicamos el método científico a la monumental bienvenida de psicología, pienso en todas las veces que he renegado de lo que soy y en lo mucho o poco que he hecho para cambiarlo. Pienso en que, en cualquier caso, mi último refugio ha sido escribir, en que lo he hecho por mucho tiempo y en que lo seguiré haciendo no matter what, y en lo afortunada que soy de compartir con mis amigos nuestras ideas, pienso en que los extraño amigos, mucho y en que me gustaría haber tenido mejores habilidades sociales para poder relacionarme con el mundo de una forma más fácil y menos ansiosa para mí, pero no las tuve, así que gracias por haber sido lo que fueron, ustedes mismos, y por aceptarme, escucharme y leerme como lo que soy, aunque a veces eso sea confuso.

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