¿De qué sirve continuar estudiando y “preparándome” si no puedo ni siquiera escribir un centenar de palabras originales cada 15 días para postear en este blog?

Cada persona con la que me voy topando y me interesa resulta ser bastante complicada, tiene sus propias motivaciones y ambiciones, aunque estas sean explícitas u ocultas para lo demás, eso no importa, lo importante es que las tenga. Cuando analizamos a una persona en su carácter individual es un laberinto sumamente complejo, pero cuando las vemos en un conjunto resultan ser bastante tediosas, aburridas y poco imaginativas.

Uno busca de entre toda la gente, la real y la imaginaria, a sus propios héroes, sus ídolos a los cuales seguir, a aquellos que considera creativos, elocuentes, que resuelven, que reparan, en una palabra buscamos a alguien que sea capaz de “crear”. ¿De crear qué? Lo que sea, lo que estemos buscando en ese momento. Yo busco gente capaz de crear y que me enseñe a innovar… tristemente les comparto que esa gente no existe: ni en la universidad (ni siquiera en la que es la más reconocida de nuestro país) he encontrado a alguien que me enseñe cómo crear e innovar, cómo se genera algo distinto, algo que te llene y satisfaga. Porque al final, para eso uno busca avanzar, para encontrar algo con lo que se encuentre plenamente satisfecho, ¡algo suyo! No importa que sea grande o pequeño, bonito o feo, mediocre o excelso, basta con que sea de uno, con que te pertenezca y nadie más en el universo lo haya podido hacer porque te refleja a ti mismo, refleja quién eres y entonces se dotan, creación y creador, de significado.

La educación formal no te enseña a crear sino a pensar tal como piensa el que te instruye, es decir, del mismo modo en que pensaron los que precedieron el culto de la enseñanza y sus antecesores antes que ellos. Si cualquier actor del círculo de la educación piensa distinto está loco o es estúpido, ya sea el instructor (prefiero decir ahora instructor y no “maestro” para no ensuciar este término) o el instruido (porque decirnos “alumnos” ya es mucho que decir), si tienen un interés genuino por la otra persona siempre serán mal vistos y juzgados, esto queda explícito en frases como “a mi me pagan igual si los alumnos aprenden o no” o “ellos hacen como que me enseñan y yo hago como que estudio”.

Hoy quiero demostrarme a mi mismo que soy capaz de crear una sola idea original y me siento igual de mediocre que la mayoría de a los que juzgo como incompetentes por no lograrlo; tal vez yo sea el peor de todos porque aunque lo deseo no lo logro, mi cabeza está tan llena de basura inservible que los pensamientos genuinos que tuve en alguna época (por ejemplo, de niño durante la primaria) ahora se han vuelto fútiles.

Nunca he hecho nada original en toda mi vida. Las cosas que digo son de los libros que leí, las actividades que hago son de películas que vi, mi trabajo no es mas que la replica de trabajos que otros han hecho antes que yo y a lo sumo replico con mi toque personal. Hay días en los que esto es suficiente, de niño incluso pensaba que yo no era protagonista de mi vida, creía en el destino y a veces pensaba que mi lugar en la vida sería algo así como ser instructor de alguien, que sería instructor de otro individuo, que instruiría a un tercero, que sí sería capaz de crear algo nuevo. Este tipo de pensamientos me tranquilizaban porque me alejaban de toda responsabilidad real de tomar las riendas de mi propio camino, pensando que era un personaje secundario de la vida de otro.

Eso es todo, tal vez mi consejo hacia mi mismo sería: Crea y deja vivir.

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