AYER • TE VI •

No recuerdo exactamente cuándo terminé de leer Una pesadilla con aire acondicionado. Seguro fue hace un par de semanas. Lo que sí recuerdo muy bien fue cuando escuché sobre el libro: fue cuando iba caminando a mi antiguo trabajo, uno de esos días en los que quería empezar la rutina de ejercicio y descargué un podcast con una vocecilla española y excitante que me invitaba a revisar el inédito de Henry Miller.

Conocer a esta persona tal vez hubiera sido de las mejores cosas que me podrían haber pasado; pero el murió en 1980, nueve años antes de que yo naciera. Sin embargo, cuando lo leo siento que lo conozco y al revisar párrafos como el siguiente sé que una velada con él habría sido hilarante:

“Cada vez que veo leones y tigres en el zoo siento que también deberíamos tener una jaula para seres humanos, cada una de un estilo y en su lugar apropiado: el cura con su altar; el abogado con sus gruesos y estúpidos libros de leyes; el médico con sus instrumentos de tortura; el político con su bolsa llena de dinero y sus insensatas promesas; el maestro con sus orejas de burro; el policía con su porra y su revólver; el juez con su toga de mujer y su maza, y así todos (…) ¡Qué ridículos pareceríamos siendo exhibidos de ese modo (…) el hazmerreír de la creación”.

Al leer esto, creo que cualquier persona debería de (cuando menos) sonreírse. Ojalá un día conozca a alguien que deteste tanto a la sociedad y sea tan soez e impúdico como para contarme cosas similares mientras reímos con una cerveza.

Para trata de superar que terminé el libro, compré otro del mismo autor: Trópico de capricornio que nadamás empezar comienza a echar pestes de los Estados Unidos.

“Pienso en todas las calles de América combinadas, formando como una enorme letrina, una letrina del espíritu en que todo se ve aspirado hacia abajo, drenado y convertido en mierda eterna”.

Estaré eternamente agradecido con Oram Odeja por haberme recomendado estas lecturas que me capturaron de una forma que La montaña mágica y el extranjero nunca podrían.

¡Pero no todo es tan pútrido! También estoy leyendo la última novela de Murakami, Hombres sin mujeres; generalmente suelo comprar estos libros si recatos pero el título de este me llamó la atención hasta que acabé de leer la primera de las 7 historias que narra. ¡Comprando un libro con ese título me sentí como una chica leyendo Por qué lo hombres aman a las cabronas! Así que cuando viajo en el metro trato de esconder mi lectura, lo que por cierto no me pasaría si en su lugar lo hubiera descargado en mi kindle. Lo haría, pero es que se descompuso y Daliena Noremo seguro se va a enojar si se entera.

¿Alguien anda libre y quiere compartir una botella de vino conmigo?

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