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Me gustaría comenzar disculpándome conmigo mismo. La quincena pasada trasgredí una especie de código implícito que había pactado conmigo mismo y mis amigos Oram Odeja y Daliena Noremo: escribir en Grosso Modo. Este post no es una justificación, solo quiero hacerte parte de los giros dentro de mi cabeza.

La última vez que estuve tan distraído y triste que llegué al extremo de olvidar (literalmente olvidar) que tenía que ir a trabajar fue cuando una de las residentes en la casa de retiro donde laboraba abandonó su estancia. Recuerdo muy bien, eran más o menos las 11 de la mañana cuando recibí una llamada y una voz un tanto sorprendida me interrogó: “¡Christian! ¿no vas a venir a trabajar?” Mi impresión fue tal que salí de inmediato pero quedó muy grabado dentro de mi lo mucho que me afectan emocionalmente algunos eventos. Curiosamente me cuesta trabajar hablar de ello.

No puedo ni imaginarme lo que debe estar pasando un amigo muy querido que acaba de perder a su padre. Mientras escribo esto rezaré una oración porque haya encontrado la paz y envío mi más sincero pésame a toda su familia.

Después de escribir el párrafo anterior ya cualquier otro pesar luce insulso ¿verdad?

* * *

Últimamente me siento verdaderamente exigido y siento que mis capacidades no me dan para satisfacer todas las tareas en las que me involucro. He estado postergando cosas importantes, deteniendo asuntos urgentes, priorizando lo postergable y también, debo admitirlo, gastando (invirtiendo) en lo prescindible.

Para todo tengo una racionalización excepto para el sentido común que acompaña mis cavilaciones. ¡Estoy exhausto!

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