Curioso esto de ser humano. Complicado. Pero al final de cuentas mágico. Vivimos al borde de tres dimensiones; el tiempo, el espacio y la materia. Aún así seguimos haciéndonos preguntas obvias y empeñándonos en cerrar los ojos del corazón sin importar cuantas veces hayamos leído El Principito. Seguimos insistiendo en no escuchar esa dimensión que es nuestra propia voz interna, por más que esta en ocasiones esté al borde de quedar afónica de tanto gritarnos al oído. He estado caminando una calle cuesta arriba sin más compañía que mi propia existencia. Cambiando de un lado a otro de la acera, tocando todas y cada una de las puertas que aparecen frente a mí esperando que alguien abriera. A veces uno se para frente al pórtico y toca un botón que resuena por dentro de la casa en cuestión, a veces es una campana sonora la que da el aviso, otras uno no tiene otro remedio que usar monedas o los nudillos desnudos como último recurso con tal de hacernos oír. Finalmente nadie abre y por más que pases días y noches esperando el sonido del picaporte éste nunca llega. No queda otra opción más que seguir caminando cuesta arriba en zigzag tocando una puerta y otra también, como predicador, en búsqueda de algún alma que atienda el llamado. Y no mentiré. Las encontré. Puertas se abrieron al primer, al segundo llamado, tentadoras, invitándome a pasar, ofreciendo hospitalidad de hogar o al menos un par de tragos y algo más. Cuando hubo que descansar entré en algunas de esas casas pero siempre hubo algo en mí que me decía que no estaba destinado a volverme un inquilino, que era sólo un invitado descansando para seguir el camino, sin saber exactamente cuando sería quizás, pero consciente, a final de cuentas, de que eventualmente pasaría. Algunos fueron lo suficientemente amables como para ofrecerme un contrato compartido, pero era una deuda que no hubiera podido pagar en tiempo ni en forma. A veces pareciera que algunas personas dejan una estela de puertas abiertas, trastes tirados y sábanas sucias a su camino pero ahora soy capaz de ver que muchas veces, si bien sucede, no significa dolo hacia alguien más…simplemente una partida necesaria para que alguien más encuentre refugio y quizás se instale. De puerta en puerta el camino puede ser cansado y la calle parecer interminable, lo pero que pudiera suceder regresar a la esquina con las manos vacías y los pies cansados. Suena desalentador pero de cualquier manera no hay ningún caminante que no haya sentido ese cansancio y todos sabemos que a veces la vida es una carrera de resistencia y no de velocidad, y la resistencia es una cuestión más mental que física. Yo me atrevería a decir que la resistencia tiene más que ver con el corazón que con la mente, pero ese soy yo. Y es justo en esas raras ocasiones en que el coraje nos hace llegar a la última puerta antes de desfallecer cuando podemos toparnos con sorpresas. Puertas que estaban a la vuelta de la esquina pero que nunca vimos venir porque teníamos la mirada demasiado ocupada viendo hacia el suelo, puertas que estaban a un retorno, a dos avenidas o a un salto en puente de distancia pero nosotros insistíamos en viajar al otro lado del mundo, puertas que no se ostentaban pero demasiado bellas como para ignorarlas. Hay puertas que tocas sin estar siquiera seguro de que abrirán pero apelas a la capacidad humana básica, que no es la razón, sino la fe. Hay puertas que se abren si tienes el coraje de intentarlo, puertas tan magnéticas que te atrapan como un agujero negro a la luz, puertas que no sabes exactamente qué contienen pero que no puedes esperar por averiguarlo, puertas que te hacen sentir miedo de no tener miedo, puertas que te hacen acelerar sin miedo a estrellarte. ¿Por qué? Por que simplemente algo muy dentro de ti te dice que no tiene por qué ser así. Entonces aprendes a escucharte a ti mismo. Y tal vez, sólo tal vez, te lleves una sorpresa. Hay veces en esta vida en que correr es la mejor forma de aprender a caminar, hay veces en esta vida en que sentir temor es la mejor forma de descubrir valor, hay veces en esta vida en que simplemente quieres dejar de pensar y comenzar a sentir. Entonces comprendes que nunca estuviste muerto en vida, solamente debías llamar a la puerta indicada.

I’ll lay down my glasses
I’ll lay down in houses
If things come alive
I’ll subtract pain by ounces
I will start painting houses
If things come alive…

Door5

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