¿Qué sucedió primero? Salí del paso respondiendo “todo pasó al mismo tiempo”, porque aún ahora no me es fácil discernir el orden y la importancia de los acontecimientos del último año. Me fue imposible tomar la misma salida rápida para preguntas tales como “¿por qué regresaste?”. La realidad es que un sólo factor importante nunca es lo suficientemente poderoso como un puñado de factorcillos nimios pero montoneros que son por naturaleza inexplicables. Cuando hablo de ellos parecen todos insignificantes, al menos para mí, que soy la que más se complica con el asunto este de dar explicaciones. Las cosas sucedieron como sucedieron porque así tenía que ser. Pero yo me niego a aceptarlo. Me niego a aceptar que esta habitación es la mía, y que la ropa que atiborra ese clóset es la mía. En esas fotografías no aparezco yo, sino una persona cuyo rostro no es el mío y que se hace acompañar de personas que no conozco. Esos zapatos de tacón no los usé nunca, así que tampoco me pertenecen, al igual que ese montón de papeles en los que se reconocen los esfuerzos académicos de alguien que nunca fui yo. Esos libros no los leí yo, esas rosas no las recibí yo, esa alcancía no la llené yo y no la rompí yo. No sé donde están las cosas en esta casa y peor aún, no entiendo las conversaciones de las personas que la habitan. Estoy desorientada, me siento incómoda y sufro lo que inequívocamente mis colegas categorizarían de despersonalización. Y no sé cuánto vaya a durar. Quiero escribir más y no puedo. Así es también lo que siento, quiero estar más contenta, y no puedo. Quiero conversar más, y no puedo. Quiero expresarme con mayor seguridad cuando me digo a mí misma que tomé la decisión que debía tomar, en el momento adecuado, que todo pasa porque tiene que pasar, que es una inversión, que todo va a estar bien… y no puedo. Hace ya demasiado tiempo que vivo con esa sensación de no estar en el lugar correcto, se ha vuelto permanente la idea de que algo tiene que cambiar, de que aún no encuentro lo que estoy buscando, de que hay algo más a la vuelta de la esquina y yo no consigo verlo. Empiezo a creer que es esa inquietud la que me mantiene viva, que es esa inconformidad con mi estado actual -sin importar que mis estados actuales ya hayan cambiado varias veces- la que me sigue haciendo moverme. Estoy paralizada e inquieta al mismo tiempo y eso es algo muy incómodo. Quiero encontrar mi lugar y aún no sé donde está, y me estoy cansando de buscarlo, y temo conformarme con… con lo que sea. Quiero encontrar mi lugar, de verdad, y ya no sé dónde buscarlo.

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