4920688920_a4d74bd7e4_b
Fotografía: https://www.flickr.com/photos/icedsoul/4920688920

 

Exactamente no sé porque las personas escribimos las cosas que escribimos, yo por ejemplo, muchas veces hablo de más y mi discurso es un poco confuso, cuando escribo no sé qué me está pasando por la cabeza pero las palabras vienen y hay que ponerlas en algún lado. Esta vez escribo algo distinto, espero sus comentarios.

Nota: este post no son ni 800 palabras, les recomiendo que escuchen esta canción mientras lo leen:

***

Entraron de prisa en la habitación, desde la entrada del edificio no podían dejar ya nada a la fantasía, la realidad era mucho más excitante, hubo solo un poco de alcohol de por medio, apenas el suficiente para ocasionar cierta desinhibición perversa. En la recamara él la tomó por la cadera y la giró para que diera de cara a la pared mientras sus manos hábiles y seguras se deslizaban bajo su blusa y ella se estremecía, sentía su barba detrás de su cuello y la forma en que su ropa le fue arrancada poco a poco no dejaba en su cuerpo espacio para otra sensación que no fuera el placer.

No había un hoy, ni un mañana, tampoco existían los ellos mismos de hacía unas horas coqueteando mientras tomaban un trago, lo único real era esa habitación que se convertiría primero en testigo y luego en cómplice.

Cuando la arrojó sobre la cama apenas y le quedaba algo de ropa, misma de la que se despojaría segundos después, la única luz que iluminaba era aquella que se filtraba entre las cortinas. Ella sintió el frío de la noche que se contrastaba con los brazos inmaculados, ardientes y deseosos de no soltarla hasta haber saciado todos sus impulsos. Él no podía pensar en nada, reaccionaba intuitivamente a cada reflejo de ella, cada movimiento que hacía lo podía percibir y cada centímetro de la piel de esa mujer se transformó en un sitio para explorar con los labios y con caricias.

–Toda esa palabrería y pensamientos solo nos distraen de lo que de verdad queremos– le había dicho ella cuando compartía una copa, –y tu sabes muy claramente lo que quieres ¿no?– se burlaba él con toda la supuesta autoconfianza que pudo aparentar, –alguna vez lo supe, pero con tantas cosas en la cabeza lo terminé procrastinando hasta que lo olvidé–, –¡guau!–, exclamó –¿y ya te sientes mucho porque usas palabras rimbombantes?–

Cuando él besó su sexo, ella no pudo hacer otra cosa que soltar un gemido de gozo, hubiera querido cubrirse la boca con la almohada para atenuar su voz en medio de la noche, pero hacía ya tiempo que había perdido la noción de dónde había arrojado la ropa, las sábanas y la inhibición, aunque lo hubiera intentado con más intensidad su atención no se habría podido dirigir a algún otro punto más que a la sensación que le producían aquellas manos ágiles y esos besos profundos.

La habitación era parte de un modesto departamento en un edificio austero lleno de un montón de gente irrelevante para el mundo, personas con oficio pero cuyo beneficio era más bien dudoso, en el departamento de junto se escuchaba la canción de Zenet, Soñar Contigo, a un volumen un tanto elevado pues de haberlo deseado, cualquiera de los dos amantes podría haberla escuchado, tanto la canción como lo que estaba ocurriendo afuera.

Después de haber estado sobre ella y haberla montado hasta que el vaivén de la cabecera de la cama golpeara con tal estrépito la pared que tuvo que detenerse, ella posó sus brazos en aquellos hombros fuertes que la habían sometido y con un gesto lo invitó que se recostara mientras, sentándose lentamente sobre él, se sintió completamente llena, cual si fueran uno solo.

De golpe, se abre la puerta del departamento y las risas sonoras dejan claro que quien entró no es ningún desconocido, tras ello, se escucha el sonido inconfundible de unos tacones siendo arrojados sin miramientos y una bolsa caer al piso.

Él se levantó y tomó su pantalón, lo abrochó y salió para ver llegar a su novia con alguien más, las encontró mientras se besaban con aquella lujuria que no cesa aún ante la mirada acusadora. Si duda era su novia y llegaba con alguien más, con otra chica. Él, semidesnudo, no supo cual iba a ser su reacción.

–Descuida–, le dice su novia, –tu amiga fue quien nos llamó, juraba que ibas a ser más difícil de encamar pero ya estamos aquí las tres solas para ti– le dirigió una mirada pícara –espero que nos hayas guardado algo– lo dijo mientras le agarraba fuertemente la entrepierna.

Lo próximo que sucedió fue que él tomó su chaqueta y los zapatos, aunque no había terminado con la primer chica ya no tenía más deseo. Salió por la puerta con dirección al bar, tal vez no fuera tan tarde para embriagarse, al salir del edificio lo escuchó, llevaba sonando toda la noche Soñar Contigo.

Advertisements