Sí, es verdad, a todos nos duele México. A todos nos duele ver cómo las cifras de muertos y desaparecidos suben y cómo un presidente que nadie eligió y al que nadie quiere huye de una realidad que nos está afectando a todos en mayor o menor medida, mientras que los que se quedan a dar la cara cometen el error de admitir que están cansados. Todos estamos cansados, y por eso escribimos sobre hacer cosas diferentes o sobre ya no dejarnos o sobre cuánto deseamos que las cosas cambien, pero hasta ahora ninguna de esas palabras ha tenido efectos mágicos e inmediatos, ni los tendrán estas. Los efectos inmediatos son más bien producidos por las opiniones efervescentes y superfluas de cuanta diva cuente con un teléfono más inteligente que ella; pero tampoco eso hace ninguna diferencia. Las noticias “informan” por igual del aún insatisfactorio resultado de pruebas de ADN que del acuerdo que un par de minorías de delincuentes logran que del dineral que se gasta una actriz en su papel de primera dama que de los viajes de su marido, que es peor actor que ella, que del montón de títeres que fueron a “incendiar” la puerta de un palacio -que por cierto está intacta- que de los resultados del fútbol, y todos seguimos mirándolas estupefactos, indiferentes, indignados, dolientes o como sea. No quiero ser pesimista ni fatalista, pero tampoco creo que exigir una o cuantas renuncias creamos convenientes sea la solución. Y no es que esté a favor de tener como representante a un sujeto que no ha leído tres libros en su vida, muy por el contrario, ese es un lastre del que casi cualquier mexicano que conozco, y yo incluida, nos queremos deshacer. Pero tampoco va a ser esa la mágica solución para que aparezcan no cuarenta y tres, sino veintitantos mil mexicanos que un día simplemente no volvieron a sus casas. ¿Cómo hace un país para llegar a donde está México? Un país tan increíblemente rico y maravilloso y tan auto destructivo. ¿Qué hacemos para dejar de escuchar tantas noticias negras, para dejar de producirlas? Somos como la rana que metieron al agua cuando estaba fría y que empezaron a calentar hasta que hirvió y la rana se cocinó viva sin darse cuenta. ¿Cómo va a salir esa pobre rana del caldero?

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