2014-10-25 14.49.06

Kele-kele-kele, sonaba el ruido de los huesos al moverse de un lado a otro. Kele-kele-kele, de izquierda a derecha buscando y rebuscando de entre todas las botellas vacías algo de beber.

–No Martha, si te digo que cada año está más raquítica la situación aquí en México, ahora una tiene que andar exprimiéndole a las botellas hasta la última gota para darles de beber a estos muchachos–, se quejaba Lucía.

–¡Y que lo digas! Creo que cada nuevo día que paso aquí me da más gusto estar muerta. A veces creo que lo mejor que le puede pasar a un mexicano es morirse, cuando uno pasa mucho tiempo vivo en nuestro país se acostumbra a mucha miseria… miseria que se puede ahorrar muriéndose. Debieran de aprender del retrato de la Catrina que se la pasa burlándose de los pobrecitos vivos– completó Martha.

–¡Míseros y marros! ¡Mira que en nuestro día no poder dejarnos ni para un buen trago de pulque! ¡Estos si se pasan de avaricientos, han de creer que cuando se mueran todos los pesos que se ahorraron en honrarnos como se debe se los ha de devolver algún pelafustán en la mismísima puerta del inframundo!– seguía reprochando Lucía cada vez en un tono más alto que terminó llamando la atención de todos en la improvisada pulquería.

–¡Bueno chingao!– exclamó don Eustacio y le reclamó alzando el tono –¡¿Pos por qué ha de estar uno escuchando tus berridos inche vieja?! Ya uno tiene suficiente con haberse muerto como para pasar la eternidad oyendo babosadas, mejor mira lo bueno, sí nos trajeron un buen pan y suficiente mezcal para cargarnos a un par de jodidos vivos.–

–Si serás tan malhablado– le espetó Martha, –solamente estábamos charlando entre nosotras, pero no, tu machismo no te da paciencia para escuchar a dos buenas mujeres hablando de sus cosas cuando ya tienes que meter tu narizota donde no te llaman.–

–¡Eyeyey! ¡Tranquilas señoras!– se acercó Bartolo para apaciguar los ánimos– aquí todos tenemos nuestras opiniones pero no hay razón para tanta agresividad. A ver amigo, discúlpese aquí con las damas a las que ha ofendido –decía mientras don Eustacio agachaba la cabeza y hacía un ademán de disculpa– ¡y uste también doña! ¡no se haga! Si todos vimos llenas esas botellas de pulque hace días, nomás que ya se las chupó todas y ahora quiere hacer quedar mal a nuestros anfitriones que tan amablemente montaron todo esto pa’que uno se de una vuelta pa’ visitar a sus familiares que tiene los huesos cubiertos con carne–.

–Siempre tan galante Bartolo– le coqueteaba Martha, –si mis fías y esqueléticas mejillas tuvieran todavía piel encima seguro se ruborizarían cada vez que hablas de esa manera– le confesaba mientras dejaba que sus huesudos dedos toquetearan la mano de Bartolo.

–¡Miren quien viene por aquí!– Lucía llamó la atención de todos–¡pero si son nada mas y nada menos que el doctor Tómas Pacheco y su achichincle Aquiles Val Bueno! No se dejaban ver por aquí desde que se dieron cuenta que los dos murieron electrocutados en aquel experimento que hacían bajo la lluvia en medio de una tormenta eléctrica. Ahora si como dicen “lo doctor no quita lo pendejo” ¿Ya se les pasó la depresión? –les dirigió una mirada traviesa y retadora– ¿o quieren volver a ahogar su muerte en el alcohol?

Aquiles se disponía a contestar a esa insinuación con alguna majadería cuando el doctor lo interrumpió y dijo –Gracias por la bienvenida querida Luci, siempre tan ingeniosa, pero no, venimos a traerles noticias del centro del inframundo. Resulta que por alguna razón los vivos andan muy alborotados y están llegando nuevos muertos como enjambres de mariposas monarcas a Michoacán.

2014-10-25 14.49.21

–Con tantos nuevos muertos creo que cada vez se les hará más difícil elegir a quién hacerle su calaverita en nuestro día ¿verdad?– respondió Lucía.

–¡No!– la interrumpió Aquiles– es más complicado que eso, la gente está toda vuelta loca, con tantos muertos prácticamente ya no cabemos en el inframundo. Puede ser que incluso nos desalojen y nos vayan a querer mandar al infierno de los católicos y pues… ya saben como es eso…–

Kele-kele-kele, se escucharon los huesos temblorosos de los ahí reunidos al escuchar esas noticias.

–Ejem, ejem– carraspeó Bartolo para interrumpir el tiritar de los esqueletos– bueno, pues entonces tendremos que intervenir. Habrá mucho que podemos hacer, tal vez enviar un comité de muertos a los Pinos, llevo muerto hace mucho tiempo, me cargó la flaca poquito después de lo que llamaron “el milagro mexicano” seguro que seguimos en ese rumbo ¿no? Estoy seguro que nuestro pueblo ha progresado y su presidente entenderá de razones cuando vayamos con él.–

–¡Oye ese pendejo!– Don Eustacio no pudo contener la carcajada y se escuchaban sus huesos tiritar mientras chocaban los unos contra los otros. Kele-kele-kele y risotadas, era lo que se oía. Tras unos minutos pudo reincorporarse y se quedó viendo al doctor y a su achichincle. –No, ya en serio, ¿cuál es el plan?

Aquiles no pudo hacer otra cosa que asentir desconcertado cuando se escucharon pasos subiendo las escaleras que daban a su pulquería.

“Ya no esperamos a nadie ¿quién podría ser?” se preguntaron todos para sus adentros mientras observaron subir a un muchacho de lentes con una chamarra negra “Adidas”, jeans y unos tenis converse.

–¡Eso es!– les dijo el doctor a sus delgados amigos –¡si podemos transmitirle nuestras inquietudes a un vivo seguramente él podrá hacérselas saber a los suyos y entonces asunto arreglado!– los demás los observaron entusiasmados pues comprendían que era su mejor chance.

El muchacho se acercó y el doctor hizo gesto para dirigir las primeras palabras que un muerto dedicaba a un vivo en toda la historia del inframundo cuando fue interrumpido de estrépito. –No me digas, ¿quieres tu calaverita? ¡Carajo! ¡Ya nadie festeja el día de muertos! ¡Puro Halloween! Toma tu milkyway y me largo, no vuelvo a ir a las ofrendas.–

Kele-kele-kele, se escuchaba.

 

Este post va con dedicatoria y todo:

Para Dani R. y Belén V. que me cambian los planes

Advertisements