https://www.flickr.com/photos/etersigni/6787786882
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Tenía problemas para conciliar el sueño, se oída el perro del vecino ladrar desde hacía horas, estaba ya muy entrada la noche y la lluvia ambientaba una escena perfecta para caer rendido ante la fatiga de un día cotidiano. Las gotas de agua caían con un ritmo arrullador como una canción de cuna, las sábanas y las cobijas transmitían una agradable calidez que únicamente sería superada por la compañía de una mujer con la que últimamente fantaseaba. Toda la atmósfera invitaba a caer en un sueño profundo y probablemente a sumergirse en alguna que otra ensoñación. Tal vez esta fuera la noche donde la riqueza y los placeres inundaran la vida onírica de todo aquel que tuviera la suficiente energía para crear ese mundo que solo existe durante el dormir.

Abría y cerraba lo ojos, veía el reloj marcando la hora en esos números verdes incandescentes y me revolvía una y otra vez en la cama tratando de encontrar la mejor posición. Me mantuve quieto unos instantes viendo la hora, en un parpadeo habían pasado 30 minutos durante los que estuve lejos de descansar. Algo andaba mal, lo presentía, el ladrido del perro seguro significaba algo ¿pero qué? Sentí las manos sucias, me levanté de la cama y lavé mis manos, luego volví a la cama y comencé a escuchar la lluvia, esta vez algo sonaba distinto.

“Dejé la llave del agua goteando, la puedo escuchar” dije para mis adentros, pasé de encontrarme cómodo y recostado a incorporarme nuevamente y fui al baño para cerrar la llave. La llave no estaba abierta, “tal vez sea el grifo de la tarja la que está goteando” y la revisé. Tampoco estaba abierta únicamente eran ideas mías, pasé al baño nuevamente y lavé mis manos.

Cuando me acosté nuevamente seguí cavilando sobre lo que sucedía y entonces caí en una duda. “Probablemente dejé la ventana abierta y por eso no puedo dormir”, tomé la iniciativa y chequé la ventana “cerrada”, revisé el grifo de la tarja “cerrado”, vi la llave del agua en el baño “cerrada” y lavé mis manos.

La próxima vez que estuve sobre la cama solamente alcancé a sentarme cuando un pensamiento atravesó mi cabeza “dejé la camioneta sin seguro”. Eso debía de ser, no había otra explicación, supuse. Revolví los cajones en busca de las llaves de la camioneta y presioné el botón de la alarma para escuchar la camioneta hacer ruido característico que indica haber puesto los seguros pero nada, no se escuchaba. Tomé de entre mi ropa algo abrigador que encontré, era mi sudadera negra adidas, hacía un par de días una chica me dijo con agrado que le gustaba esa prenda y sonreí para mis adentros recordándolo. Estaba lloviendo así que me encapuché y salí a verificar que la camioneta estuviera bien. La camioneta estaba intacta pero decidí abrir y cerrar cada una de las puertas para estar seguro que ninguna se abriría a menos que quitara la alarma. De vuelta en mi casa revisé que la ventana estuviera cerrada, el grifo de la tarja no tirara agua, la llave del baño no se estuviera derramando y lavé mis manos.

Al encontrarme incapaz de dormir tomé me serví un vaso de agua y entonces me di cuenta del problema: el orden en el que estaban los libros era el incorrecto, tomé cada uno de ellos y probé varias configuraciones: por tamaño, por nombre del libro, en posición vertical, horizontales y por autor. Ninguno me convenció, decidí darles una rápida limpiada y saqué un trapo para quitarles el polvo, salí a revisar la camioneta, me cercioré que la ventana estuviera cerrada,  aseguré el grifo, la llave del baño y lavé mis manos.

Cuando estaba de regreso en mi cama el perro había dejado de ladrar, haciendo cálculos, yo llevaba una semana sin ver al vecino. “¿Qué tal si el perro no ha comido en todo ese tiempo?” Me molesté, “¡Qué irresponsabilidad del dueño! dejar a un perro sin comer es una crueldad”, seguía meditando. Salí de casa y me con el perro del vecino que me observó con detenimiento con sus ojos negros y profundos, giré la cabeza y vi su plato de comida vacío confirmando mi hipótesis. La puerta de la casa del vecino estaba cerrada, pero la barda del patio no era muy alta y tampoco tenía ningún tipo de seguridad, saltarla fue molesto pero poco complicado, el perro no ladró jamás, seguramente podía entender mis intensiones de alimentarlo. “Los perros huelen eso” confié.

Ya en el patio del vecino me dirigí a tomar el plato del alimento del perro pero cierta repugnancia se apoderó de mis actos, el plato se veía tan sucio y mis manos tan pulcras, seguramente tendría gérmenes y más si llevaba una semana sin ningún tipo de cuidado. Dejé el plato y me dirigí a la entrada principal, intenté abrir pero fue sencillo. “Si esto fuera una película seguramente abría una llave bajo una planta junto a la puerta”, pero no había nada, tuve que comenzar a rodear y dar con una ventana.

–Bingo…– farfullé, di con una ventana entreabierta, lo suficientemente grande para deslizarme por ella. A empujones me metí, pero fui muy silencioso. Estaba dentro de la casa y era el cuarto de un niño pequeño, había posters de películas infantiles que yo no conocía. “Hace unos años no hubiera tenido problema en reconocer a estos personajes” cavilé, pero cuando uno es un hombre maduro y soltero ya no tiene tiempo para ir a ver películas de animación. Estaba en una situación bastante comprometedora, me imaginé siendo descubierto en ese momento y sería imposible de explicar mi situación, por suerte, la habitación estaba vacía. Fui directo a la cocina a buscar el costal de comida para el perro y no fue difícil dar con el costal de alimento, eran 10 kilos y lo cargué completo junto con unas bolsas de plástico para no ensuciarme cuando sacara las croquetas y servírselas. Mientras me dirigía a la puerta vi una llave de agua y me entraron unas ganas irrefrenables de limpiarme… y lavé mis manos.

Salí por la puerta principal que daba al patio cargando el costal de alimento, el perro seguía observándome, estaba recostado en sus cuatro patas delgadas y peludas y se levantó al ver el costal. Cuando uno está con un animal tiene que suponer mucho de su comportamiento, asume que son como personas y se comportan como uno lo haría. Tomé la bolsa de plástico para cubrirme la mano y agarré un puño de croquetas para depositarlas en su traste, me miró como diciéndome “gracias” y yo contesté en voz baja, le hubiera tomado la cabeza si no pareciera verse tan sucio. Antes de salir de la casa se escucharon muchos otros perros ladrando, era como si alrededor de mi todos se hubieran dado cuenta de mis acciones heroicas por alimentar a su compañero y quisieran beneficiarse de lo mismo. –Lo haré amigos, les llevaré alimento a todos ustedes– y comencé a caminar por la colonia dejando puños de croquetas en cada casa que tuviera un perro.

A la mañana siguiente tocaron a mi puerta un par de policías, me explicaron que alguien había entrado a robar la casa de enfrente e hizo muchos destrozos, sustrajo un saco de comida para perro y lo regó en todo el patio, además dejó un rastro de un par de metros desde el patio del vecino hasta la puerta de mi casa. El evento que describió el policía no tenía ninguna relación con lo que había hecho yo la noche anterior pero aun así me pidió hacerme unas preguntas.

–Seguro, todas las que quiera, solo permítame, creo que dejé la llave del agua corriendo y la ventana abierta, igual creo que tengo que revisar que mi camioneta esté con la alarma.– Pasé el baño antes de ir con el policía y lavé mis manos.

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