Nunca creí en los fantasmas, hasta estos últimos días. Nunca creí en nada fuera de mi mismo…quizás estaba equivocado. Lo digo porque estos últimos días han sido días raros, aún no estoy seguro pero quizás estoy escribiendo una carta que sea más de despedida que de amor en menos de quinientas palabras. Ahora que lo pienso faltan un par de semana para concluir otro círculo, un círculo queretano más dirían algunos, un circulo más que pasará desapercibido para todos (excepto los involucrados) en una ciudad-espejismo que encierra tantas historias como mentiras en sus entrañas, que se esfuerce por parecer algo que no es, justo como sus ciudadanos y que, sin embargo, me ha acogido, quizás hay más de eso en mi de lo que pensé en un principio. ¿Qué pasará después de eso?, ¿cuál será el siguiente paso para nosotros?, ¿cómo se sentirá eso?, probablemente ya lo sé pero no quiero recordarlo, quizás los círculos son inevitables pero suficientemente pequeños ara asfixiarte, quizás simplemente tengo miedo de saber de antemano las respuestas, de saber que lo único que significa dejar de tener algo en común es dejar de vernos y dejar de vernos significa que cada uno seguirá su vida como le es común, dejando como única alternativa para el encuentro que alguno busque al otro…y ahí reside mi miedo, en el miedo de no poder evitar llamarte o escribirte un día. Tal vez siempre supe que esto sería una carta de despedida, pero mi motivo para escribirla no era concluir algo ni cerrar nada, sino alejarme lo suficiente como para no regresar. Hoy puedo decir que los fantasmas definitivamente existen. Están en la ropa interior que dejaste en casa, en el perfume que todavía pareciera que puedo oler entre mis dedos y en la almohada, en las fotos que repaso de cuando en cuando por la noche o la mañana, mirando tus ojos tras el velo color turquesa que vestías y que, para ser sincero, a veces me gustaría retirar para besarte, en las canciones que me enseñaste y en los días en que aún te muestras, aún cuando a veces no puedo evitar pensar que nunca será lo mismo, que tú eres una velocista y yo corredor de fondo, que yo temía cambiar y luego cambié, tú cambiaste y luego temiste, cosas de la vida mi amor. Esto no es acerca de ti, es acerca de mi pero supongo que eso no importa, no más. Los fantasmas existen y están aquí a todas horas, en las dos camas en que solíamos fornicar, en la conversación que sigo borrando cada vez que sigue apareciendo. Cuando todo esto acabe y tengamos nuestro nombre en un diploma mediocre ya veremos qué vida sigue su curso y cual es la primera en colisionar, sí es que eso sucede algún día. Las despedidas salpican tu cara de sangre, esta vida es sólo para los que tienen el valor de perderse sin saber si se encontrarán, para los que tocan fondo sin saber siquiera flotar. Los fantasmas existen, están ahí, rondando la casa, subiendo las escaleras, tocándome los hombros, rozando mi piel con seda, besándome el cuello por detrás mientras sujeto la corva de sus rodillas, ahí en el olor a sexo que impregna la memoria, en los labios rosas que me hacen pensar pendejadas un sábado sí y otro no. Los fantasmas están ahí, pero siempre los podemos negar, los escépticos prefiramos mentir que aceptar que estamos equivocados, los escépticos nos despedimos para no volver. Los fantasmas están ahí, cuando escribes esto la noche anterior a publicar, cuando tus ganas de hablar de alguna otra mierda terminan cayendo en el mismo tópico, en mujeres de fuego. Los fantasmas existen, yo los maté, pero la pornografía no es amor mi vida y yo jamás voy a regresar, sigue vagando, aunque me pese tu andar.

I’m the fury in your head

I’m the fury in your bed, 

I’m the ghost in the back of your head…

2dwi98w

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