Hoy justamente hace un año di un paso que cambiaría muchas cosas, pero no esa que me obligó a darlo. En el camino he aprendido mucho más de lo que creí y cosas muy diferentes a las que imaginé. Tardé más de lo que planeaba y me costó más de lo que quería gastar. No vine en busca de dinero, ni de éxito, ni porque me embriagara la idea de pasar largas horas bajo el sol bronceando una piel que cada vez me reclama más cuidados. Vine porque estaba aburrida y me voy a largar por la misma razón. Pero nada ha sido en vano. No me arrepiento ni por un momento de ninguna de las acciones que me han traído hasta este punto; todo lo que he hecho en este año me ha llevado un paso adelante, me ha descubierto alguna verdad o me ha develado alguna mentira. Todo me ha dejado una lección, todas las personas con las que me crucé me enseñaron algo: supongo que a eso vine, a fin de cuentas: a aprender. En ningún sentido pretendo alardear de que ya terminé de aprender, al contrario, me voy porque lo aprendido aquí tiene que seguir creciendo, y aunque sea esta una de las mejores localidades para hacerlo, mi alma y mi corazón están siempre en otra parte. Estoy constantemente añorando y mi sentido de pertenencia definitivamente no vino conmigo. Dejé de ser la mujer de la que él se enamoró, esa mujer alegre que de pronto sintió pasión por una profesión hasta entonces desconocida se fue pudriendo en el hastío de una oficina y la presión de tener más estímulos de los que puede atender. Esa satisfacción se convirtió en presión, en sentido de insuficiencia y en hartazgo. Me quemé. Estoy infinitamente agradecida con la vida por las lecciones que han sido duras pero contundentes: la mujer que compre otra vez un boleto de avión de una sola vía no será la misma que lo compró hace un año, no será la misma que huyó de un amor imposible, de un hastío que la aletargaba y de una incertidumbre desesperante. La mujer que compre ese boleto en los próximos días será una con más idea de lo que quiere, con menos miedo de intentarlo y con la certeza de que puede lograrlo. Es verdad, esa mujer estará otra vez desempleada, pero sabe hacer algo más que escuchar problemas ajenos sin darles solución; está casi igual de deprimida, peor de enamorada y probablemente aún más confundida de lo que se fue, pero ahora sabe que puede estar sola, y que si alguien quiere estar en su vida, ese alguien hará lo que sea necesario por hacerla sentir amada. La mujer que regrese será una mejor persona, y ya no estará dispuesta a perder el tiempo.

Advertisements