“Tu visión devendrá mas clara solamente cuando mires dentro de tu corazón… Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta.”

-Carl Gustav Jung

Han sido días muy cansados. Me tiendo sobre la cama, boca arriba, y cierro los ojos. Mis miembros se encuentran extendidos, reclamando terreno a lo largo y ancho del colchón, siento cómo mi esternón sube y baja al ritmo de mi respiración y poco a poco los pensamientos se difuminan, señal de que estoy entrando en terrenos oníricos. Sobre mi cabeza está el embarcadero. Camino con paso tranquilo, sin prisa, sin zapatos, por ese muelle de madera roída. El agua está calmada, azul, cristalina, con ese vaivén hipnótico característico que hace difícil dejar de mirarla. Llego al final del estrecho camino sostenido por pilotes y me detengo, por un minuto todo lo que hago es mirar la línea del horizonte; las colinas verdes, el banco de agua que continua hasta que mis ojos la pierden de vista, los grumos de niebla que parecen levitar el azul, adoptan formas caprichosas e indefinidas, el cielo está cubierto de nubarrones pero no llueve, no hace frío. Yo solo porto unos pantalones cortos y una camisa blanca arremangada, me siento cómodo. Inhalo y exhalo, cierro los ojos y vuelvo a abrirlos, extiendo los brazos, trago mi propia saliva y sin desesperación ni temor me arrojo al agua. Fue una zambullida sensacional, limpia, entré perfectamente, abriéndome paso con mis brazos y dejando que mi cuerpo se deslice por el líquido, como un torpedo imparable. Doy un par de brazadas y estiro mis piernas como un rana al saltar, abro los ojos que sólo ven burbujas de aire y me doy cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, tengo plena consciencia de mi cuerpo, de cada músculo, cada hueso, cada articulación, cada movimiento, cada milímetro, es como descubrir un universo completo en mi mismo. Mi mente está centrada y enfocada, concentrada en formas que pocos hombres llegarán a conocer, se mantiene conectada a un único pensamiento, el pensamiento de no estar pensando, sólo la sensación de sentir, me siento recostado en un gran lienzo blanco empapado de burbujas en tonos de azul al estilo del más hermoso cuadro de Sam Francis. Continuo la inmersión, mis brazos y piernas se sincronizan y mi corazón late cada vez más lento para suministrar menos oxígeno y resistir. Llego al lecho acuático y ahí encuentro una puerta, una puerta rectangular y de madera con un solo picaporte sin llave. Está ahí, clavado en la arena, resulta imposible decir cual es la entrada y cual la salida. Poso mi mano y de un giro la abro. De repente estoy en la playa, empapado, jadeando para recuperar presuroso el aliento, encorvado y con mis manos en las rodillas, viendo al frente. Los caballos posan sus herraduras en la arena, las olas se rompen tranquilas en la paleta de colores naranjas que dibuja el sol en su espalda, se arrastran por la orilla y besan con ternura las patas de los equinos que, diligentes y perseverantes, transportan en su lomo a sus amazonas, que los dirigen con rienda firme y torso desnudo. Un botón nos separa de un número once y una luna, un claro de luna sin teclas que, aún cuando sólo soy capaz de escuchar una vez, me paraliza y me remonta, me remonta al interior. Levanto la cara y ahí, como estoy, me dejo caer, fulminante y sin reparos, mis rodillas hacen dos cráteres en la arena, me cubro la cara con ambas manos y deslizo mis palmas entre el cabello, que recorre mis entre dedos en silencio y contoneándose. Ha llegado ese momento de la noche otra vez. ¿Qué es lo que quieres?. ¿Quién eres?, ¿cómo llegaste aquí?, ¿qué se supone que debo hacer contigo, alimentarte y darte rienda suelta o dejar que mueras de inanición y reprimirte?. ¿Estás dispuesto a salir de tu guarida y hablar conmigo?, esto no puede seguir así. Eres las composiciones y el estudio de grabación, los demos y las notas que jamás fueron tocadas. Eres un viaje trasatlántico y una motocicleta sin jinete, eres el que come poco y viste con lujo, eres el que busca someter, humillar, imponer, eres el que cree que no necesita a nadie, que todo lo puede y que, al mismo tiempo, tiene tanto miedo de estar solo. Eres cada una de las mujeres que te han amado y que no has sabido amar. Eres cada mujer conquistada y abandonada, eres el que llegó a pensar que las amantes son desechables. Eres el que abre las puertas sólo para echar a todos fuera. Ya ni siquiera yo sé a bien decir quien eres tú. Sólo sé que no me gustas y, o aprendemos a convivir bajo mis reglas, o esto se va a ir al carajo. Puedo perderlo todo pero no a ellos, puedo soportarlo todo pero no a solas, lo puedo todo suena mucho más a ti que a mi. Odio aceptarlo pero no vine por respuestas, vine a encontrar las preguntas adecuadas. Será necesario llegar hasta el azul profundo para dar solución a esto, será necesario encontrar a un niño y enderezas a un adulto. Ambos lo sabemos, no me caracterizo por no haberla cagado nunca, pero eso sí, sé como dar una buena pelea pedazo de cabrón. De vuelta a la casilla de inicio, no lo he perdido todo, me ha sido dada la oportunidad de reimaginar, resignificar, resoñar, reamar, rearmar, redecidir, y eso, eso no será siempre. Bienaventurado yo que los tengo a ellos, la maquinaria está en marcha, es un nuevo comienzo. Desde aquí a la eternidad, hasta la victoria siempre. Sólo para que veas que esto es en serio diré tu nombre, el nombre de mi enemigo/amigo, eres tú; mi propio EGO. Ya encontraré luz haciendo conscientes mis propias sombras. Hasta entonces. En ese momento abrí los ojos y mi cuerpo se había invertido, mi cabeza podía ver una gran bola de luz blanca asomarse entre el agua como una brújula indicando el norte. Nadé poco a poco para evitar despresurizarme. Uní mis brazos a mi torso y junté mis piernas, dejé que la densidad hiciera lo suyo, poco a poco subí. Cerré los ojos de nueva cuenta y bastó una brazada más para salir a la superficie, limpié el agua de mis ojos y me dirigí a la orilla. Las olas acariciaron mis hombros como el pulgar a la cuerda en stacatto. Me puse de pie en la arena y seguí caminando, dejando un camino de huellas tras de mi, la tarde se estaba extinguiendo en esos acantilados llenos de arboles verdes, vids y casas griegas de barro blanco hasta perderme a mi mismo. Entonces desperté.

Soñar-con-Muelle

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