https://www.flickr.com/photos/myimage/9642248405/in/photostream/
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Abrí la regadera para dejar correr el agua mientras comenzaba a salir a una temperatura decente y me desvestía para tomar un baño. Hacía apenas unos poco minutos todavía estaba dormido y al verme al espejo mi cabello parecía una especie de nido de pájaros, la barba me había crecido mientras dormía y las ojeras delataban mis insuficientes horas de sueño. Para evitar la soledad de la ciudad he elegido escuchar música mientras me baño, así que mientras el agua tibia caía en mi cara y mi cuerpo reconocía la sensación de vigila sonaba L.I.F.E.G.O.E.S.O.N. de Noah and the Whale.

Debía prepararme para salir en pocos minutos así que apenas me vestí y ya estaba comiendo algo ligero para no estar con el estómago vacío durante el día, mismo que prometía ser bastante largo. Para vestirme tomé un pantalón blanco con una camisa del mismo color pero con ligeras rayas verticales color rosa pálido, zapatos de agujetas y un cinturón tan blancos como los pude encontrar y mi ya clásico reloj metálico citizen. Mi única prenda de vestir que no era blanca fueron mis calcetines, los elegí color gris y finalmente tomé una corbata color verde con algunos pequeños detalles más oscuros, la amarré a mi cuello con un nudo sencillo que siempre me queda chueco y tomé la bata junto con la mochila para salir a la calle.

Ya estaba en la parada del camión cuando eran las 5 de la mañana y tenía la sensación de que era iba excesivamente temprano para mi cita, parece que no importa a qué hora se despierte uno siempre amanece a la misma hora. Hay una especie de refrán que dice esto mismo pero uno ya no se creé todo lo que le cuentan.

Estando en el camión iluminado por su tenue luz artificial blanquecina elegí mi asiento, había muchos espacios vacíos pero elegí sentarme en los asientos del fondo. Había otras tres personas únicamente, dos de ellos parecían estar terminando una larga jornada de trabajo y dirigirse a casa, lucían verdaderamente desaliñados y exhaustos. La otra persona era una chica caucásica de cabello corto y rubio con un fleco que le cubría casi toda la frente. Cuando pasé junto a ella para tomar mi lugar me dirigió una mirada de complicidad y sus ojos conspicuos eran del color más oscuro que yo hubiera visto antes, por eso mismo me fue imposible apartar la mirada hasta que hubiera tenido que torcer el cuello para seguirla viendo, ella mantuvo su vista igual de fija que la mía.

Como estaba sentado detrás de ella podía seguirla viendo y eso hizo que me diera cuenta que en tres o cuatro ocasiones giró la cabeza para ver que yo siguiera en mi lugar y no me hubiera bajado. Por un momento sentí que me estaba vigilando, aunque bien podía haberse interpretado de modo inverso pero el hecho de que yo estaba concentrado en un libro que traía en las manos me hacía saber que no era yo el interesado. Cuando llegamos a la estación del metro ya había formulado varias hipótesis al respecto, probablemente quería preguntarme sobre mi modo de vestir, tal vez tuviera alguna enfermedad en sus ojos y quisiera una consulta; pensar eso me puso un poco triste, yo no hubiera podido ayudarla porque solo estudié psicología y la razón de andar de blanco es un requisito para mis prácticas de neuropsicología en un hospital.

Los cuatro que íbamos en el camión bajamos a la estación del metro. Yo fui el primero y detrás de mí venía esta chica, ya fuera del camión pude ver que iba vestida de forma singular, utilizaba una falta muy corta con mallas negras y ligeros tacones con los que seguiría midiendo no más de 1.60, traía una blusa negra con lo que parecían ser encajes color rojo y algunas transparencias en sus costados. De un momento a otro me sentí extrañamente atraído hacia ella, tanto que ni siquiera me di cuenta de lo desolada que parecía la estación. Apenas unas 40 personas estábamos caminando hacia el metro de modo que era sencillo distinguir a la chica entre la poca gente.

Nadie excepto yo parecía importarle y a mí me sucedió algo parecido, sin embargo, la sensación de que me seguía era absurda, después de todo solo hay un camino para tomar el transporte y decidí dejar de pensar en eso. Chequé la hora en mi celular y aparté mi mente de la chica mientras esperaba el vagón del metro.

Al ser la primera estación uno tiene la ventaja de que puede irse sentado y entonces elegí un lugar en el fondo que me permitiera seguir visualizando todo el espacio, la chica se subió en el mismo vagón pero en el extremo contrario, aunque viendo hacia mi con sus ojos de obsidiana.

El metro cerró sus puertas y comenzó a moverse. Rápidamente alcanzó su velocidad máxima, pero algo sucedió entonces. Mientras atravesamos un largo túnel la chica se puso en pie e hizo un intento por abrir la puerta del vagón. Esta tarea que parecería ser imposible por cuestiones de seguridad se le hizo en extremo sencilla, apenas pareció tocar la puerta cuando esta ya estaba abierta de par en par o al menos así me pareció desde donde yo estaba sentado. Me levanté de mi asiento cuando la chica saltó del metro en movimiento tras tomarse unos instantes para cerciorarse de que el vagón del lado contrario se había acercado lo suficiente como para impactarse contra ella. Solo fue una fracción de segundo pero después de que su cuerpo se impactó contra el vagón que corría en sentido contrario pude ver como seguía viéndome y cuando tuve el temple y control de mí mismo como para exclamar un grito de ayuda me di cuenta de que nadie más había visto lo que sucedió, para todos los demás la puerta seguía cerrada y para los otros dos sujetos que habían compartido el camión conmigo nunca hubo una chica ahí. Solo me veía a mí porque solo yo la veía.

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